domingo, 9 de noviembre de 2008

Entre héroes y mitos

Leonardo Bastida Aguilar

Odiseo cruzó el mundo antiguo para regresar a Itaca mientras su mujer tejía y destejía suéteres. Enfrentó a cíclopes, sirenas, visitó el mundo de los muertos y pudo por fin regresar.
La guerra de Troya surge tras el rapto de Helena e incitó al mundo antiguo a llevar a cabo una de las más grandes batallas de aquella época. El Mio Cid y Pelayo han sido inmortalizados en España por su fiereza dentro de las batallas. Asterix es uno de los grandes héroes de Francia. Un sin fin de caballeros medievales conquistaron reinos y se casaron con las princesas más hermosas.
Un día llegó un barbado hombre rubio a las costas yucatecas y logró derrumbar a uno de los más grandes imperios de América construido sobre el islote donde se paró sobre un nopal un águila devorando una serpiente.
Todas estas anécdotas, todos estos hechos nadie los puede negar, se ha escrito un sin fin de libros, se han realizado análisis, e incluso muchos de ellos han sido retomados en las “historias nacionales” de algunos países.
El mito y el héroe mítico son una de las primeras formas en que el ser humano comenzó a explicar su entorno. ¿Cómo explicar que llueve? ¿Cómo surgió el fuego? ¿Por qué pelear por la princesa más bella del mundo antiguo?
La única explicación posible es a través de los mitos, de hechos alegóricos que dentro de un sinnúmero de alegorías encierran las más grandes verdades. La mano de ese dios que movía las nubes era el viento. Prometeo tomó el fuego de algún árbol incendiado por un rayo, sólo que nadie se atrevió antes a hacerlo.
Los mitos han sido tan trascendentes para la humanidad que se han preservado, muchos de ellos nos han llegado por medio de escritos o fueron retomados para seguir dando sentido a nuestro mundo. ¿Acaso alguien se ha preguntado como fue realmente la conquista de México? ¿Realmente confundieron a Cortés con Quetzalcoatl?
Tanto el texto de Campbell como el de muchos otros estudiosos de los mitos muestra esa continuidad de mitos, esa naturaleza del ser humano de tener que relatar lo que le ha sucedido o ha visto en su experiencia por el mundo.
Muchas veces se ha considerado al mito como algo arcaico o alejado a nuestros “tiempos posmodernos” que parecen ser un mito más, y dejamos de asombrarnos de lo que pasa en el mundo, ¿Quién se detiene a mirar el cielo?
Los mitos, como lo expone Campbell y otros autores como Mircea Eliade o Levi Strauss, están implícitos en la sociedad, antigua o contemporánea, son un rasgo humano que da pie a muchas otras derivaciones del conocimiento y del desarrollo artístico por lo que no debemos olvidar que somos seres humanos y estamos entre mitos y héroes. (Si no ¿Para qué escribir).

sábado, 8 de noviembre de 2008

UNA SOMBRA EN EL JARDÍN

UNA SOMBRA EN EL JARDÍN
11 de julio de 1984 Tengo miedo de dormir, no se que esta pasando en mi cama… o en mis sabanas. Hace cuatro noches, seis noches después de mis quince años se han suscitado situaciones extrañas. Todo comenzó cuando baje a la cocina por un vaso con leche, acostumbro…acostumbraba dormir a las diez; esa misma noche al bajar lentamente por las escaleras de la sala, escuchando el susurro de mis pies tocando la madera; ese ruido me hacia pensar enuna escena de película de terror; y, pensar en eso provocaba un frío desagradable en mi piel. Para llegar a la cocina, tenía que pasar por un ventanal que da vista al jardín; sin duda era el lugar preferido de mamá, allí tenía un manzano que cuidaba con exageración era hermoso ese árbol, pero esa noche provoco un súbito susto, al pasar por allí creí ver un hombre de pie, fortuitamente mire, pero al ver que no había nada pensé que era producto de micansancio y mi nerviosismo por estar pensando en esas películas desagradables; al llegar ala cocina tomé la leche lo más rápido que pude, deseando llegar a mi habitación lo antes posible, cuando pase nuevamente por ese sitio y no ver nada solo reí. Llegue a mi recamara, lo único que quería era dormir; pues ya era un poco mas de las diez. Estaba dormitando, cuando sentí que alguien se sentaba en la orilla de mi cama; rápidamente me incline para ver quien era. Una extraña fuerza se apoderó de mis caderas, subió inmediatamente por la cintura, sentía como mis senos eran presionados y poco a poco fue abriendo las piernas hasta sentir que metía su pene. No podía gritar; aprisionaba mi garganta. Mi cuerpo sudaba, percibí cada gota que caía sobre mi rostro. Un frío helado. Mi corazón latía cada vez mas fuerte al ver como se bajaban y volvían a levantarse las sabanasy yo sin poder mover un solo dedo, deseaba que alguien entrara a mi recamara, pero no, no entraba nadie. Solo estábamos el y yo. 15 de julio de 1984. Ya no soporto más esta situación. Anoche mi madre escuchó que gritaba; inmediatamente entró a mi recamara y al entrar todo desapareció. Le expliqué lo que ocurrió noté que se angustio pero solo me dijo “trata de dormir has estado viendo demasiadas películas”. 17 de julio de 1984 Ayer no ocurrió nada; espero que hoy tampoco. ¡Que lindo es dormir! 23 de julio de 1984 Al bajar las escaleras escuché una conversación de mis padres acerca de lo que estaba sucediendo. Mi padre dijo algo que me sorprendió y que a su vez me asusto; comento que cuando él era niño y se mudaron a esta casa vivía un señor que era viudo y tenía una hija de mi edad llamada Estela, dijo que el señor tomaba lo suficiente para llegar ebrio todas las noches y que en una noche de esas tantas abuso sexualmente de Estela, después dijo que la mato y que el tipo por tanta culpa se ahorcó en el viejo manzano que ahora mi madre cuida con mucho amor. Sentí escalofríos al escuchar esa historia que contó mi padre; yo no quiero que la “sombra del jardín” aquel tipo infame me mate, como mato a su hija.26 de julio de 1984. Por favor ya no mas; que me mate de una vez. El médico dice que solo es nerviosismo y estrés; que se vaya al diablo con su nerviosismo y que se meta por el culo el estrés. 17 de julio de 1989. Encontré mi diario, hace 5 años que no lo abro y al leer todo esto me hace recordar como empezó mi infierno, y tal vez nunca termine. Todas las noches sigue tomándome, posesionándose de mi cuerpo, no entiendo porque no me ha matado. Eso sería lo mejor. Ya no soporto esta rutina; solo logran tranquilizarme con pastillas, pero aun sedada siento como mete su asqueroso pene en mí. Este lugar me da miedo hay mucha gente pero me siento sola ya no puedo vivir así… Sí hay un manzano en el jardín trasero de este hospital.

ANA MARIA RANGEL LOYO.

INTRUSA (Cuento)

INTRUSA
1995 Llegué cansado del viaje, solo pensaba en dormir; creí que era producto de mi cansancio el ver lo que estaba viendo, así que me despreocupe,- Además aquí en Acapulco hay muchos- pensé-. Mi abuela como siempre atenta me llevó la cena a mi habitación, aproveché la oportunidad para contarle lo que había visto, y entonces le dije:-Oye abuela, hay que cerrar las ventanas durante la noche- por supuesto ella preguntó cual era la razón- para esto yo respondí – Es que no me gusta que se metan los gatos, ya sabes que abundan y nada mas vienen a robar comida; hace un rato vi entrar a un animal de esos muy tranquilo y con mucha naturalidad- noté su cara de angustia; pero no quería precipitarme a suponer; mi abuela con tanta naturalidad y frescura contestó- Luisito, no es un gato, es una gata, es niña y su nombre es “monina”- con esta afirmación tan espontánea, solo me quedaba responder apresuradamente y con un poco de ternura fingida- Abuela, abuelita, sí sabes que no me gustan los gatitos ¿verdad?- sonrío y solo dijo- es un amor, vas a ver que te vas a llevar bien con ella, además me sirve de compañía cuando tú no estas- ¡carajo! Que podía decir a esto; el mugroso costal de pulgas ya había ganado, solo me quedaba aguantarla un mes. Mi abuela me dijo buenas noches y se marchó. A la mañana siguiente, tuve una sensación de algo áspero que acariciaba mi frente con un poco de humedad; me encontraba no dormido pero tampoco no despierto, y esa sensación acabo con mi no dormido; cuando mi no despierto despertó y sintió una bola de pelos sarnosos arriba de mi cabeza lamiéndome la frente, ¡Dios! Pegué tremendo brinco y grité como niña desde lo más alto de una rueda de la fortuna, la pobre monina corrió a la ventana y saltó, pareció como si del susto se hubiera suicidado.Rato después entré a la sala, y vi a monina echada en sofá, me pregunté si había pasadizos secretos en la casa, o ¿Cómo es que la monina había llegado hasta ahí y tan rápido? Si salió por mi ventana,- la monina me miró con ternura, con hambre de caricias, sentí que me hipnotizaba con sus ojos verdes para que le rascara la panza, pero no podía flaquear, al menos no con una gata hostigosa. Mi abuela salió de la cocina con el desayuno, eso era excelente porque tenía apetito, eran los primeros alimentos de día, pero eso alimentos no eran míos, sino para la monina; definitivamente la casa era muy chica para esa gata y para mi. Descubrí que la monina era una hipócrita, me seguía a todas partes como un perro que cuida a su amo, pero yo no me iba a dejar engañar, esa pulgosa lo hacía para quedar bien con mi abuela.Uno de esos días en que la monina estaba en su labor de hipócrita siguiéndome; fui a la tienda, como de costumbre se quedaba sentada a esperarme a lado del portón. Ya cuando venía de regreso, vi que la puerta del vecino Pedro se abrió y salía su perra, una hermosa cocker llamada ”nala” , después ya no me pareció tan “hermosa”, se acercaba a mi con ladridos y frunciendo la nariz enseñándome los dientes; estaba apunto de soltar la mordida a mi pierna, cuando la monina como una especie de superhéroe llegando en el momento preciso se lanzó sobre su lomo rasguñándola, inmediatamente nala se sacudió tratando de alcanzarla, pero monina le estaba dando la rasguñiza de su perra vida; el vecino salió y entre los dos tratamos de separarlas; nala quedó lastimada y mi monina con el orgullo de haberle partido la madre a un perro, sí, dije mi monina, mi gatita.

ANA RANGEL LOYO

viernes, 7 de noviembre de 2008

EL MITO QUE ME TOCÓ "PROMETEO"

Cuenta número 1987. Hernández García Fernando de Jesús.
México, DF., octubre 22 de 2008.
El mito que me tocó, “Prometeo”.

Cuando llegué él ya estaba aquí. Al principio no entendí como nos comunicábamos. Me sorprendió oír que alguien me llamara. Mucho tiempo sólo estuvimos nosotros dos.
Un día me preguntó ¿Te acuerdas lo que decía tu mamá cuando estabas en esa bolsa de agua? Acuérdate, recuérdalo, es agradable. Te voy a decir por qué: Me gustaba que mi mamá se recostara, así podía moverme a gusto en mi bolsa de agua, sentía que se ponía contenta cuando me impulsaba con mis pies para pasar a través del cordón, una vez lo quise hacer cuando ella caminaba y ese cordón se me atoró en el cuello.
Cuando ella se sentaba me decía muchas cosas, se preguntaba que estaría haciendo yo, allá adentro, decía: hoy te noto muy inquieto. Ponía entonces las manos en su barriguita y no sé a quién llamaba, mira está moviendo sus piecitos, y seguía platicando conmigo, travieso estás dando pataditas, pero no eran pataditas, yo quería tocar su mano con mi mano.
¿Ya recordaste? Me preguntaba muy seguido, y yo no sabía que decir, ni siquiera supe que estuve en una bolsa con agua.
Un día le pregunté ¿Cómo es que podemos platicar nosotros? Sentí que se puso triste y tardó para responderme, luego me contestó: No se como decirte, mi mamá no hacia ruido con la boca, así tal vez no le hubiera entendido, creo que platicábamos con el pensamiento, y ya no puedo platicar así con mi mamá, antes de que llegara aquí, estuvo muy rara se movía mucho, iba muy seguido al baño y antes de llegar aquí mi bolsa empezó a vaciarse, luego escuché unos ruidos raros como cuando nos golpean la espalda y esos ruidos salen por la boca, después lloré, luego estuve un rato con ella y no pude entender lo que decía.
Le pregunté como nos reconocía y contestó: por el olor. Como estuvo mucho tiempo solo cuando pujaba, luego, luego lo cargaban. Pronto supimos que llorando nos llevaban con nuestras mamás. Entonces nos dijo: para estar más tiempo con nuestras mamás yo voy a pujar dos veces y luego todos nos ponemos a llorar. Tuvimos suerte.
Un día nos quedamos esperando el segundo pujido, oímos el primero y el siguiente nunca llegó, alguien dijo que lo habían sacado de su cuna y lo metieron en la incubadora.

EL HÉROE DE LAS MIL CARAS

Cuenta número 1987. Hernández García Fernando de Jesús.
México, DF., octubre 22 de 2008.
El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. Joseph Campbell.

¿Por qué es importante leer este libro, hará más ágil mi escritura?
¿Qué significa para mi, mito? Rápido, sin pensar contesto, una mentira, y, después de oír otras proposiciones; transijo, escucho, el mito es un relato que sirvió para explicarse un fenómeno natural, la formación de la tierra o el origen del universo.
¿Y héroe? Pues un personaje, alguien capaz de ejecutar hazañas que al común de los humanos nos es imposible o muy difícil llevar a cabo. Antes, individuos que mataban animales fantásticos o realizaban actos fabulosos; ahora, puede ser un atleta, futbolista, torero, algún conductor de moto o automóvil de carreras, un terrorista, un narco, un astronauta, un científico.
¿Y psicoanálisis? Aquí no quiero referirme al estudio de las enfermedades mentales. Referirme tan sólo a la psique como pneuma , aliento, u onomatopeyas de la respiración; alma que según las primeras sociedades pertenecía tanto al hombre como al animal, al morir, exhalar el último aliento.
En este presente, ahora, sabemos que el homo sapiens sapiens tuvo un origen común, y este libro nos muestra como culturas diferentes en diversas partes de la tierra tienen historias semejantes, “…sus patrones están controlados conscientemente. Y su función aceptada es servir como un poderoso lenguaje pictórico para la comunicación de la sabiduría tradicional…las metáforas por las que viven y a través de las cuales operan, han sido cobijadas, buscadas y discutidas por siglos, aun por milenios; han servido a sociedades enteras…los patrones culturales han tomado de ellos su forma. La juventud recibe educación y la vejez sabiduría a través del estudio, la experiencia y el entendimiento de sus formas iniciadoras efectivas”.
Leer para tener otros puntos de vista. Si no leemos podemos creer que lo que escribimos es tan original que a nadie antes se le había ocurrido. Ocuparse en escribir. Escribir atreviéndose porque lo que creo que me a mí me sucede como persona, puede pasarle a un africano, un chino, un mongol, somos y formamos parte de la misma humanidad. El humano no es un ser aislado, es un animal político, “La agonía de romper las limitaciones personales es la agonía del crecimiento espiritual. El arte, la literatura, el mito y el culto, la filosofía y las disciplinas ascéticas son instrumentos que ayudan al individuo a pasar de sus horizontes limitados a esferas de realización siempre creciente”. Somos nosotros mismos, aprendiendo e influidos por los demás.
La idea del progreso de la humanidad; cuando una persona la recrea, la renueva y, esa idea se perfecciona. Vivimos el mismo mundo, millares de personas; tenemos entonces, varios millares de interpretaciones de ese mismo mundo. El autor, como artista creador, debe reinterpretar la historia, su percepción del inconsciente colectivo para enriquecerlo.¿Qué me deja esta lectura? Bueno, pone a descubierto mi bagaje personal, una riqueza que no recordaba me pertenecía, me indica como reconocerme como individuo y al mismo tiempo que formo parte de una colectividad, que no soy un sujeto aislado, que tengo historia, costumbres y forma o maneras de transmitirlas

El mito de Dionisio

¿Dónde estás, Dionisio?

Estaré frente a la computadora, batallando con una idea que no querrá salir de mi cabeza, escuchando “Fear the sea” de The Gathering o “Why so lonely” de The 3rd & the Mortal y Dionisio seguirá sin aparecerse. Iré a la cocina y descorcharé un “Casillero del Diablo” para ver si hace el milagro, pero empezaré a ver borroso antes de saber algo de Baco. Sémele, Perséfone, Hera: todas las mujeres son iguales pensaré, mientras baje por el ascensor.

Tú, Changoleón. Qué chingaos haces ahí, tirado. Ven, ven, levántate. Mírate nomás, apestas a meados y a chivo muerto. Uff, pesas toneladas, pinche wey. ¡Ya, levántate, chingada madre! Oye, escucha lo que te voy a preguntar. ¡Suéltame, no seas pendejo! No te voy a dar nada hasta que me respondas. Dime, dime: ¿dónde está Dionisio? Dionisio, Dionisio… ¿no sabes? ¿No lo conoces? ¿Cómo no lo vas a conocer, hijito de la chingada? Vete a la verga, puto. ¡Fuera! ¡Fuera, te digo!

Caminaba a buen paso, esquivando los postes de luz en la noche oscura no sin algo de dificultad. Había estado bebiendo toda la noche, haciendo preguntas absurdas a todo el que se encontrara y dando gritos de coraje al oír las respuestas que recibía. Entró a una cantina y en seguida increpó a los parroquianos. Preguntaba por alguien a quien nadie conocía, o al menos, no de nombre. Unos meseros se acercaron para sacarlo fuera. ¿Dionisio? Nunca habían escuchado nombre más extraño.


Federico Gastón Spratt (#1985)

Kinich Kakmó


"Que sea Kinich Kakmó quién lleve mi ofrenda hasta tí, gran Dios Itzmaná"


-¿Y cómo fué que llegaste hasta aquí?

-Fué culpa de Itzamná

-Itza.. ¿qué?

-Bueno es un Dios Maya, mejor dicho, "El Dios Maya".

-¿Y eso que tiene que ver con que despues de diez años hayas regresado a la ciudad?

-Ahh es una historia muy larga, y no tengo tiempo de contartela, tengo que subir todo lo que me falta al blog antes de que termine el Viernes.

-Uhh... ¿ahora ya no tienes tiempo ni para tu pasatiempo favorito?

-Bueno bueno, dame unos minutos y te lo cuento, ¿va?

-Vamos no puede ser tan largo, ademas me lo puedes contar mientras escribes...

-Ashh, está bien te contaré pero no me salgas con que te vas a ver la tele mientras estoy jugando malabares entre las teclas y lo que te cuento.

-Si, prometo que me quedo aquí, poniendo atención.

-Ok, todo empezó un día en que me cansé de vivir en esa casita de la playa, era Domingo, había salido con las amigas una noche antes y como hacía tanto calor pues me tomaba una cervecita para evitar la cruda. Me sentía un poco sola y decidí salir a dar un paseo con la esperanza de que alguna de las amigas ya se hubiera despertado. Pasee por horas en el coche, fui a tocando de casa en casa, les llame y no encontré a nadie. Entonces regresé a casa y me encontré completamente sola en ese pueblo.

-Pero... ¿siempre estabas acompañada?

-No, en realidad siempre había tenido tanto trabajo y cosas que hacer que no había tenido tiempo de pensarlo, hasta entonces. Ya sabes diez años de hotel en hotel, escalando puestos, cambiando de casa, de ciudad en ciudad, viendo a los pueblos convertirse en ciudad, cambiando de estado: soltera, comprometida, dejada, casada, divorciada, soltera y hasta viuda...

Si, estaba sola con una vida que habia ido "medio escogiendo" entre galan y galan siempre siguiendo "el amor". Y no me puedo quejar de todo esto, pues he vivido mucho, sin embargo algo me hacía falta, no era una soledad que se quitaba con personas sino una soledad que se tiene cuando uno mismo se ha abandonado.

Ese día me di cuenta que me había abandonado, me sentía muerta.

-¿Bueno, y por que regresaste aca?

-Pues así como soy de loca, ese mismo día decidía salir de ese pueblo y buscar donde poder sentirme viva. Vine primero a México, solo como plataforma, para regresar a Playa del Carmen, que por alguna razon me llamaba. Ya en territorio Maya, comenzaron a suceder cosas.

-¿Cosas?

-Si, llegué con una amiga de hace tiempo, para mi sorpresa ella ahora vive donde yo vivía la ultima vez antes de salir de Playa. Despues, un huracán que fue muy leve, azotó el puerto, hizo que me lastimara el pie con lo cual conocí a otra amiga, que terminó llevandome a Izamal donde conocí a Itzamná.

-¿Izamal? ¿conociste a Itzamná?

-Pues para llegar a Izamal, tuvimos que madrugar, a las 4 de la mañana nos subimos a una van, vieja y apestosa, con un calor terrible donde ademas había 10 personas y sus veinte bultos. Yo no había dormido, pense que lo podría hacer en el camino, cosa que obviamente no logré. Fueron 5 horas de trayecto, con mi pie hinchado, sentada en un asiento que se movía y que además tenía un fierro encajandose en mi espalda, pegada completamente a un extraño que ya cuando llegamos sentía tan cercano como a mis mejores amigos.

En fin, llegamos y entre la bruma de mi desvelo, me recibe este pueblo empedrado con sus construcciones completamente amarillas, gente vestida al estilo Yucateco, mujeres con hipiles y calezas que daban la vuelta al parque, árboles frondosos llenos de pájaros y cuatro pirámides.

-¿Cuatro?

-Si, las cuatro están dedicadas a Itzamná, cuentan que el mismo mando construir los templos, en la más grande esta su cabeza, en las otras sus brazos y en la otra se supone que llevaban a sus enfermos y muertos para que sanaran.

Itzamna es el Dios de los Mayas, era el Señor de los Cielos, de la Noche y del Día. Se dice que fue el primer sacerdote, el inventor de la escritura y de los libros, que dio a los lugares de Yucatán el nombre con que se conocen y que dividió las tierras en esa región.

Despues de una siesta en la típica hamaca, salí junto con mi nueva amiga a recorrer el pueblo y a visitar las pirámides. Mi pie estaba bastante lastimado, sin saberlo habia estado caminando con unos huesillos rotos, sin ponerle mucha atencion, comence a subir la Kinich Kakmó que es una de las pirámides donde se supone se hacían ofrendas de corazones humanos a Itzamná.

Al estar escalando, supe lo que debía hacer, volver al sueño, volver a la escritura y justo cuando estaba pensandolo, escuche mi tobillo quebrarse. Fue como si Itzamná me dijera al oido lo que tenía que hacer. No pude subir más pero en mi mente se quedó muy claro lo que quería. Me tuve que quedar varios días en reposo que me sirvieron para encontrar la página de SOGEM. La decisión estaba tomada, y en pocos días, regresaría a la Cuidad de México para hacer el exámen de admisión.

-¿Y así llegaste?

-Así es,

-¿Y la Guacamaya de Fuego?

-Ahh esa es Kinich Kakmo, la que se come los corazones que se ofrendan a Itzamná,

es una guacamaya que muere en la noche y renace con el día.

-¿Como el sol?

-Si, como el sol, ya terminé, dejame subirlo antes de que sea mas tarde, ¿quieres ir al cine?

El Arte de Comenzar y Acabar a 8 del Milenio




Hubo una vez un iluminado que contaba los segundos para impartir sus conferencias, preparó páginas llenas de claves y palabras que juntas crearían seis propuestas para escritores, seis conferencias, para ser impartidas en la Universidad de Harvard. Una semana antes de que esto sucediera, Italo Calvino, autor y expositor murió. Murió en la víspera de cumplir un sueño, de impartir sus conferencias en Harvard. Era 1985 y él ya pensaba en un milenio que no alcanzo a ver en la realidad pero si en la fantasía real de sus propuestas. Quizás el tiempo o el destino dispusieron de sus ideas para ofrecérselas a todos, pues alcanzó a dejar en perfecto orden los manuscritos de sus “Seis Propuestas para el Nuevo Milenio”.
En la primera, nos prepara para el cambio, iniciándonos en la idea de Levedad, de ser ligeros de pensamiento para poder adoptar y conocer cosas nuevas. La levedad del lenguaje ejemplificada con versos de Cavalcanti quien dibuja imágenes precisas con pocas palabras que son fáciles de entender y por ende ligeras.
La siguiente, quizá la más evidente a estos ocho años de iniciado el milenio, la dedica a la Rapidez, con esto se refiere a la forma de narrar. Calvino estaba muy consciente de que la vida se acelera conforme pasan los años y llegan las innovaciones tecnológicas, así como de que en estos tiempos se habrían de tener ya otros medios que compitieran con la literatura. Por lo cual, sugiere una narración rápida, ejemplificada con el cuento del anillo de Carlomagno que se vuelve un objeto mágico capaz de conducir al lector a través del tiempo que se quiere manejar. También aquí nos habla del encadenamiento de historias que se implementaría como un elemento de la narrativa literaria actual usado en cine y televisión.
Exactitud es la tercera de las conferencias, donde define el diseño de la obra, la evocación de imágenes nítidas y el lenguaje preciso. Refiriéndose aquí a una peste que azota ya a la humanidad y es la pérdida del lenguaje preciso. Para ejemplificarlo nos recuerda a Valery con su definición de la poesía como una tensión hacia la exactitud. “Un uso de lenguaje que permita acercarse a las cosas con discreción, atención y cautela, con el respeto que las cosas comunican sin palabras”
Con Visibilidad, nombra a la cuarta y nos da a conocer la llave para la “alta fantasía”, el penthouse de la imaginación, donde se distinguen “dos tipos de procesos imaginativos; el que parte de la palabra y llega a la imagen visual, y el que parte de la imagen visual y llega a la expresión verbal”. Con el bombardeo de imágenes visuales que se tienen hoy en día, ya es difícil distinguir entre las imágenes que se han adquirido por experiencia propia y lo que se ha visto en la televisión. Por lo cual define el relato “como la unificación de una lógica espontánea de las imágenes y de un proyecto guiado por una intención racional”. Concluye diciendo que ya sea “realidad” o “fantasía”, solamente pueden tomar forma al momento de escribirse y volverse parte de la materia verbal.
Multiplicidad, aquí nos da la esperanza que tiene en que se transmitan los valores de la literatura con un cierto orden mental y exactitud, inteligente como la poesía en el tiempo de la ciencia y tecnología. Ejemplifica con los textos de Borges, que contienen el modelo del universo: infinito, eterno, cíclico usando pocas palabras. También menciona a Perec quien a base de sus reglas, crea una poética que aun pareciendo artificiosa y mecánica obtiene la libertad y riqueza de invención inagotable. Aquí nos habla de conocer las reglas para entonces poder jugar y traspasarlas.
Hasta aquí las cinco conferencias escritas y listas para ser expuestas, ¿y después?, ¿habría algo más que nuestro profesor vidente pudiera ofrecer antes de dejarnos a la deriva en esta carrera hacia el milenio? ¿Sería parte del arte de acabar?, ¿Sería otra broma del destino que Italo, no pudiera terminar su obra? O quizá solo “un final que se proyecta retrospectivamente sobre todo, su acumulación de días llenos de sentimientos, sucesos, esperas, esperanzas, vacilaciones, dramas y todo que finalmente se convierte en una montaña de cenizas”.
¿Consistencia? Nos toca a nosotros, a ocho del milenio que Calvino se imaginó, crearla.

Ensayo de Campbell


Gasty Sprotter y la mágica escuela de escritores

(tomado del libro de sueños del autor, guardado junto a un preservativo musical, una moneda de chocolate y un libro de J. Campbell)



Tomé el metro en el andén 5 2/3 y emprendí un viaje larguísimo, desde Cuatro Caminos hasta General Anaya. Iba vestido con una túnica y llevaba mis lentes y mi cabello alborotado. Durante el viaje, comí unas ranas de chocolate que pidieron clemencia mientras las masticaba, que le compré, junto con otras cosas, a una enana barbuda.

Llegué a la entrada del castillo de la Tsogwæmh, donde estaba la famosa escuela de escritores, y el viejo portero muggle me abrió la puerta de mala gana. Una vez dentro, me dirigí hacia las escaleras que conducían a la oficina del director. Me crucé a Andrea Granger y a Lunática Rangel, pero ninguna de las dos me hizo caso: cuchicheaban algo acerca del maestro Víctor Lockhart. Las escaleras eran en forma de caracol, y tanto subían como bajaban. Las que bajaban conducían a las mazmorras de Severus Pettersson (la maestra de pociones), las que subían al despacho del director. Así fue que emprendí el ascenso, tratando de no pensar en lo que me podría suceder allá arriba.

Cuando entré a la oficina de Teodorus Dumbledore, estaba afilándose el bigote con la punta de los dedos. Al reparar en mi presencia, me ofreció tomar asiento y no tardó en empezar a hablar.


-Gasty -me dijo con voz suave-. Tu eres el chousen guan.
-¿El qué?
-Chou-sen-guan -repitió, como para sí mismo.
Me quedé inmóvil, perplejo, no sabiendo a lo que se refería, y él pareció no asombrarse ante mi reacción. Sacó una pipa, se la puso en la boca, apagada, y empezó a juguetear con ella.
-Gasty. La escuela está en peligro. Tenemos que hacer algo para salvarla. Y sólo tú puedes hacerlo.
-¿Sho?
-¿Yo dije eso? ¿Por qué la gente no escucha?
-Pero usted dijo…
-…interpreta lo que uno dice, pero no escucha…
Teodorus calló y se hizo un silencio incómodo. Justo cuando me disponía a levantar, dijo:
-¿Todavía lees cómics?
-Sí pero… sha menos.
-Me enteré que lees la TV y Notas.
-Lo que pasa es que…
-Y que te gusta mi bigote.
-¡No! -Respondí, y luego me tapé la boca con una mano, arrepentido-. Bueno, un p…
-¿Por qué la gente no escucha? Interpreta.
-¿Qué es lo que quiere de mí? ¿Qué es lo que quiere que haga?
-¡MATAR!
-¿Qué?
-¡MATAR!
-¿A quién?
-Hay un traidor entre nosotros. Quiero que te deshagas de él.
-¿De quién?
-Del-que-no-debe-ser-nombrado.
-¿Quién no debe ser nombrado?
-Tú-sabes-quién-con-una-chingada.
-¿Quién?
- No-te-hagas-pendejo-tú-sabes.
-No, no sé de quién me habla. Así que si me disculpa, sha me voy.
-¡GERATRIX! ¡GERATRIX DE LA VOLDEMORT! ¡A ése quiero que mates! ¡Pero que lo mates bien muerto!
-¿Y por qué sho?
-Tú tienes la marca.
-¿Sho?
-Ahí vamos otra vez.
-¿Qué marca?
-Una cicatriz. Una cicatriz en el bajo vientre.
-Es que me sacaron el apéndice.
-¡Me vale madres!
-Ok, ok. Supongamos que soy el chousen guan. Si hago lo que me pide, ¿me va a dar mi calificación del semestre anterior?
-Tú, haz lo que te digo. Ya después hablaremos.


Salí de la oficina y me dirigí hacia la salida del castillo. No iba a hacer lo que me pidió. ¿Cómo? Geratrix era demasiado para mí. Debía pedir ayuda. ¿Pero a quién? ¿Qué maestro sería tan buena onda como para ponerme un diez por este trabajo y ayudarme a matar a Geratrix a la vez? La respuesta en seguida acudió a mi cabeza: Vega, el maestro Vega. Corrí hacia la cabaña done vivía, en los lindes del bosque Maldecido, y llamé a la puerta.


-¡Gasty! -Exclamó-. Hace mucho que no venías por aquí. ¿Quieres un té?
-No, maestro. Estoy apurado. Necesito que me ashudes a matar a Geratrix de la Voldemort.
-¿Por qué sigues hablando como si fueras argentino, eh? Mira, puedo ayudarte con eso.
-No, maestro. Necesito algo efectivo para… como le explico… ¡para chingármelo al Geratrix!
-Diálogos brillantes. Narración ágil. Estructura espacio/temporal fragmentada. Capítulos cortos. Y sobre todo, un final trepidante. Pero eso ya deberías saberlo.
-¡NO! Maestro… Necesito LIQUIDARLO, hacerlo cachitos, mandarlo al más ashá.
-Mmm... -se rascó la cabeza y reflexionó por un instante-. Creo que ya sé cómo puedo ayudarte.
Entró en su habitación y a los pocos segundos volvió cargando un baúl. Lo abrió, empezó a revolver en él, y luego fue entregándome algunos objetos que iba sacando.
-Toma. Esto debería servir -me entregó una espada de plata, con mango de oro, un rubí engarzado y numerosas runas grabadas.
-¿Y cómo funciona?
-Fácil. La levantas por la empuñadura y le cortas la cabeza.
-Ok.
-Y toma esto -me extendió un escudo. Supongo que sabes cómo usarlo.
-Sí, sí. Me imagino.
-Muy bien. Y también puede servirte esto -me alcanzó un sombrero-. Es el famoso sombrero mágico de Filadelfus.
-¿Y para qué sirve? Y no me vengas con una obviedad.
-Para proteger la cabeza del sol.
-...
-Bueno, eso es todo. ¡Ah! Podría serte de utilidad también este libro.
-Gracias.


Recibí el tomo de cuero roído, lo guardé, y me dirigí a la puerta, lamentándome por dentro debido a aquella pérdida de tiempo. Mientras me alejaba de la cabaña, oí que el maestro gritaba:


-¡La escuela te necesita, muchacho! ¡Esa es una de las cuestiones! ¡Me está gustando mucho tu cuento, pero yo pedí un ensayo! ¿Falta mucho para que termine?


Derribé la puerta del despacho de Geratrix de una patada. Yo traía el sombrero de Filadelfus puesto y cargaba, en una mano, el escudo, en la otra, mi "saeta de fuego" (una Bic a la que así había bautizado), y apuntándole con la pluma, le grité:




-¡Puedo escribir los versos más tristes esta noche!
-¡JA! -exclamó. ¡Ya te habías tardado, pelele de Teodorus!
-Le juro que sho no quería, maestro.
-Pero, sin embargo, aquí estás. ¡Hipócrita!
-¡Entréguese, y prometo darle una muerte rápida y sin dolor!
-¡Bellaco, tendrás que pasar sobre mi cadáver!


Y dicho esto, empezó a arrojarme libros y libros a la cabeza. Yo me cubrí con el escudo y así pude sortearlos, pero la lluvia de volúmenes no dejó moverme de donde estaba.


-¡Ahí te van mis dieciséis novelas! ¡Y ahora, mis ocho libros de cuento! ¡Toma! ¡Y toma otro!
-¡Las piedras sí pueden tener sentimientos!
-¡Claro que no, no seas marica!


El sombrero ya se me había caído, y el escudo no aguantaría mucho más. Tenía que pensar en algo rápido, si no quería terminar sepultado bajo las obras reunidas de Geratrix. Él gritaba algo acerca de Arriola y Monsiváis y del sesenta y ocho cuando, de repente, se me prendió la lamparita. ¡El libro que me dio el maestro Vega! Mientras que con una mano sostenía el ya maltrecho escudo, con la otra busqué entre los pliegues de mi túnica aquel dichoso libro, justo cuando él empezó a arrojarme sus numerosos guiones de cine.


-¡Ríndete, perro! Has demostrado que no puedes conmigo. Tu redacción es pésima, tus temas, banales. ¡Y nos tienes hasta la madre con tus cuentitos de futbol!
-¡LA DOBLE HISTORIA! -grité, alzando el libro sobre mi cabeza. ¡La doble historia de Piglia! ¡Acá está! ¡Sí existe!
-Nooooo, no otra vez con eso, no. Basta, por favor. ¡Basta! ¡Quítamelo! ¡Quítamelo!
-¡Vade retro, Geratrix! Date por vencido y dejo que te vashas.
-¡Me voy, me voy! ¡Pero algún día volveré! ¡Volveré!
Casháte y no me hagas enojar!
-¡Me voy, me voy!

Y se fue. Quedaron todos sus libros desperdigados por el piso, pedazos de pared, hojas sueltas, tinta y sangre. Recogí mis cosas de entre los escombros y fui a darle la noticia a Teodorus, quien me agradeció pero no me dio la calificación del semestre pasado.


Fui recibido como un héroe al principio por mis compañeros. Pero poco después, todo se olvidó y volvimos a la normalidad. No entendí, por mucho tiempo, como fue que pude vencer a Geratrix con lo de la doble historia. Yo tampoco creía que existiese. Entonces decidí echarle un vistazo al libro que me había dado el maestro Vega. Lo abrí y leí el título. Decía: “Cómo fornicar con los ángeles”.



Fin






Federico Gastón Spratt (#1985)

Es Tonantzin

– Es la Madre Tierra, es flor y canto.

– ¿De quién hablas? –preguntó el obispo.

– Es Tonantzin.

Zumárraga se quedó callado. Fray Alonso esperaba una indicación para echar al indio. No era la primera vez que Juan llegaba pidiendo ser recibido. Aquella mañana tuvo la fortuna de encontrarse con el obispo cuando éste salía rumbo al palacio virreinal.

– Regresa cuando tengas alguna prueba de lo que has dicho.

Juan salió con la cabeza inclinada. Fray Alonso se acercó a Zumárraga.

– ¿Pero cabe alguna duda que sea cierto lo que dijo ese indio, su Eminencia?

– Claro que no. Sin embargo… –un brillo peculiar apareció en los ojos del religioso–. Los preparativos están muy adelantados. Este indio puede ayudarnos más de lo que pensamos. Ayer recibí noticias del jardinero florentino, los rosales están listos. Pero hay un detalle que no me convence del todo… la hermana que hará el papel de la virgen es como nosotros.

– Como es la madre de Nuestro Señor Jesucristo, su Eminencia.

– Claro está, pero los indios nunca la aceptarán como no lo han hecho con todos los españoles. La idea de una virgen de piel oscura, vista por uno de ellos, sería más conveniente.

Los días pasaron sin que Juan se presentara nuevamente con el obispo. Esto despertaba cierta inquietud en Zumárraga, que mandaba una y otra vez buscaran al indio. Todo sin resultado. Hasta cierta mañana cuando le llevaron la noticia: Juan había sido asesinado en el monte.

No importa –contestó Zumárraga–, todos los indios se parecen.

Carlos Rodríguez

cuenta 1996

miércoles, 29 de octubre de 2008

Un día cualquiera....




En aquellos tiempos yo era muy joven, no tenía arrugas, mi piel era tersa y suave como una flor y mi cabello era negro como el chapopote, no blanco como ahora lo ven.
Vivíamos en un pueblo ahí en el barrio de Tepantitla cerca del cerro a las faldas y eso nos permitía tener el campo para nosotros solos, para que los chivos y los borregos pastaran sin problema, el pasto era verde de ese verde fresco que ya no se ve ni en los pueblos, los arboles gigantescos te permitían cubrirte del sol en esos días cálidos y el aroma del era bueno, no como ahora que huele a basura y a descuido.

Cada domingo mi familia, los vecinos y los amigos se iban a la iglesia a escuchar la palabra de Dios; pero yo no iba, prefería visitar el pueblo, a esa hora siempre estaba vacío y los matorrales se veían tan bonitos ahí solitos, sin toda la gente que aplastaba su belleza, bajo el sol, con las nubes blancas y grandotas; esos días eran como volar, podías correr, correr y dejarte caer y mirar el cielo, y volverlo a hacer; la energía de los dioses te llenaban más que irte a sentar a esas bancas de madera en la iglesia.

Pero hubo una temporada que fue distinto, el ir a misa ya no ayudaba a la siembra y todos nosotros los que vivíamos en el campo sabíamos por todos nuestros ancestros, por lo que nos contaban nuestros abuelos y los papas de los abuelos a ellos, que el de la cruz de madera no nos iba a ayudar, que eso era “puritita” mentira, nada mas era la sacadera de dinero; pero había muchas personas que como yo, se acordaban de nuestros protectores de piedra; pero todos se quedaban callados nadie decía nada y en los rincones de los mercados la gente se juntaba y platicaba; pero nadie decía nada.

La falta de agua comenzó a carcomerse la tierra, se abría, se le hacían grietas, la siembra se cocía abajo del sol y se convertía en polvo, era incomible, los animales se morían, el agua hacia harta falta y los ríos, las cascadas y lagos se comenzaban a secar u otras estaban más bien lejos, retirado allá después de los montes; en ese tiempo no había tanto transporte como ahora, si no que fácil habría sido.

La gente comenzaba a distanciarse, hacían grupos, se metían en la iglesia y le rezaban por horas al Cristo, el padre bendecía la poco agua que quedaba entre nosotros; en casa papá decía que esa tierra ya estaba maldita, que le había caído la maldición de los dioses por abandonarlos y tirar sus templos; pero todos decían que estaba loco, yo le creía la mitad de lo que decía.

Una tarde después de la misa, le dije al padre que sería bueno rezarle al cerro, ofrecerle una ofrenda como lo hacían los nuestros ¿Qué podíamos perder? el me miro y me regaño, me agarro a palos y me acuso de hereje, solito se entendió por qué lo había hecho yo ni sabía que era eso, me castigo y me hizo rezar mucho rosarios, me dijo que no anduviera de mitotera molestando al pueblo. Esa tarde llegue a casa con las pompis moradas, mi padre estaba serio y molesto el padre le dijo lo que yo había dicho y ahí me toco otra paliza, esa noche me fui a la cama sin comer; pero en la madrugada sacrifique a una cabrita, ya estaba medio enferma, le saque el corazón y vertí su sangre en la tierra, molí unos granos y un tarro con agua y yo me le quedaba viendo al cerro, y le pedía que nos ayudara, que no dejará que nuestros animalitos se siguieran muriendo y que la tierra yo sabía que era de él; pero que pues aquí nos había tocado vivir y que nos dejara trabajarla para poder ofrecerle más granitos y que la falda del cerro se viera bien bonita. Entre pensamiento y pensamiento me quede dormida, no mas salió el sol y me metí rapidito a la casa, como si yo hubiera estado ahí siempre.

Ese día paso sin novedades, ni lluvia ni nada, ni las mendigas nubes se ponían grises como una señal de que me hubiese escuchado. En la madrugada volví a salir, me acuerdo que mi bisabuelo, decía que a la tierra hay que cantarle para que el viento le llevara las notas al cerro y el nos escuchara y me enseño una canción, así que esa noche poquito antes de que amaneciera, prendí una pequeña fogata, a lado el corazón medio mosqueado de la cabrita y los granos la adornaban y yo cante y cante la canción; escuche muchas voces; pero en la oscuridad no veía nada, después un aire bien fuerte que apago mi lumbre, eso si me hizo enojar pues me costó tanto trabajo prenderla y entonces me quede en silencio, el sol comenzaba a salir y yo cante y cante, me acuerdo que hasta afónica me quede, el sol salió; desde que era niña no veía como el sol iba iluminando poquito a poquito la tierra hasta quedarse quieto allá arriba en el cielo.

Me pase noche enteras cantando hasta que mi garganta ya no me lo permitió, la ultima madrugada, recuerdo haber visto las estrellas grandes y llenas de luz, en ese fondo oscuro resaltaban como dos ojos claros en la piel morena; pero esa noche algo chistoso paso, era como una ave que volaba cerquita de las nubes, cerquita de las estrellas, iluminando todo pero bien rápido, eso debió asustarme y entonces sin sueño, entre a casa y papá se encontraba sentado en la mesita de la cocina, me pregunto qué de donde venia, fui a caminar le dije, el movió la cabeza y me abrazo, me susurro al oído que corriera lo más rápido que pudiera, que el padre y una muchedumbre de chismosos me iban a venir a buscar, comenzó a llorar y me saco de su casa, corrí hacia el cerro, el padre le tenía miedo ahí no iba a ir.

Mientras caminaba arriba, vi a muchas personitas llegar a casa de papá y jalonearlo, unos lo golpeaban y otros lo detenían para que no se defendiera, baje lo más rápido que pude, él grito no vengas corre, corre, a mi no me importaba y de pronto la gente se volvió hacia mí y comenzó a seguirme, una rama en el piso debió hacerme caer y retroceder mucho rodando hacia abajo, a penas y me podía parar y ellos ya me estaban sujetando, el padrecito llego y me dijo que me arrepintiera que Dios perdonaría mis pecados, ¿Pero qué pecados padrecito?, Si yo no he hecho nada malo, me agarraron a un árbol con una cuerda, el padrecito disque rezaba, unos me pegaban en la cara, otros con un pedazo de plástico o de cuero me azotaba la espalda, el padrecito seguía diciendo cosas que yo no entendía, como en otro idioma, como en otra lengua; de pronto algo paso un silencio sacudió al barrio completito, un trueno gigantesco se escucho, el padre se hinco, los hombres se quitaron los sombreros y yo caí al suelo, rendida de dolor, bañada en sangre, de pronto como si una ráfaga de fuego hubiese caído el cielo partió el árbol en donde yo estaba atada, la cuerda quedo desabrochada, la gante se disperso y padre se alejo gritándome ¡Pecadora, Pecadora!, las nubes eran grises y el campo de pronto se oscureció.

Me levante del piso, camine no sé cuantos metros más y caí de nuevo, es lo último que recuerdo; cuando abrí los ojos todo estaba de cabeza, pero se seguía moviendo, como volando, me asuste y comencé a gritar, me encontraba sujetada sobre la espalda desnuda de alguien, como una cabra sobre los hombros; le pegue con todas mis fuerzas y solo escuchaba a lo lejos una voz, que decía todo va a estar bien tranquila ya casi llegamos, esa voz debió tranquilizarme y me volví a dormir.

Dicen que pasaron días y que yo no desperté, para cuando abrí los ojos, estaba recostada en una cama de hierbas, un olor como a la marihuana quemada me entraba con brusquedad por la nariz, me levante y abrí la puerta como de un jacal y ahí estaba yo, despertando entre las nubes, una voz ronca que venía de lejos me decía que un paso a la vez, que me podría marear y caer, unas risas ajenas se dejaban escuchar a lo lejos, ¿Quién anda ahí? ¿Quiénes son ustedes? ¿Acaso ya me morí?, se acerco un joven de cuerpo moreno, semidesnudo, tapando con una manta blanca sus genitales, como de mi tamaño no más alto, fuerte, de cabello negro y largo que le llegaba como hasta la cintura, con una barba cubriendo su mentón y un bigote sus labios, unos ojos profundos, negros como la oscuridad; tranquila nosotros no te haremos daño, te rescatamos, Tlaloc nos mando a buscarte, el escucho tus cantos y recibió tus ofrendas.

Esta es mi aldea se llama Tlalocan y ellos son mis hermanos Tlaloques, siéntate, descansa ya estás en casa.

El era totalmente hermoso y aquel Tlalocan como imaginable, situado en lo más alto del monte, en la cima del barrio Tepantitla, arriba de las nubes, con una cascada azul como el cielo, el pasto verde, casitas de piedra alrededor de una construcción enorme y su gente la más amable, amistosa que jamás había conocido.

La construcción del centro era el tempo, el corazón de Tláloc, ellos habían pasado generación a generación, cuidando de él, Tláloc les daba la orden de hacer llover y ellos como eran los ayudantes y fieles sirvientes de este hacían lo que él les pedía.

Cada noche una fiesta en honor a Tláloc acompañaba la cena, bailes, cantos, música, sangre, alimentos, granos y un poco de poesía que los Tlaloques recitaban al Dios. Vivian en una aldea lejana del mundo, pero sabían que pronto debían dejarla, los otros como les llamaban a los de abajo, a los que habían olvidado sus raíces, pronto los encontrarían y harían lo que hicieron con muchos de sus familiares, matarlos, esclavizarlos, tirar sus tempos, obligarlos a servir a un Dios inmóvil, muerto, clavado a una cruz.

Cuatro hermosos jarrones de jade, rodeaban la cascada, cuando Tláloc pedía lluvia ellos tomaban estos jarrones y los llenaban para después arrojarla a las nubes, no sin antes armando un gran escándalo quebrando vasijas, provocando rayos y truenos, el viento sirviente también de Tlaloc llevaba el agua hasta donde era necesario.

Pase tantos meses en la aldea, que aprendí lo suficiente para que me pudieran considerar parte de ellos, era encargada de limpiar el templo, una condición me habían puesto nunca entrar a la sala de Tláloc o me expulsarían teniendo que arrancarme el corazón, para ofrendarlo.

Había una leyenda en la que los Tlaloques creían, Tláloc se había enamorado de Xochiquetzalli la diosa de las flores, pero al sentirse despreciado, fue a encerrarse a su palacio, entonces fue cuando empezó la más grande sequia de todos los tiempos, los antepasados Tlaloques se preocupaban por la amargura de su dios, Xochiquezalli siguió sin hacerle caso entonces Tláloc se enojo y mando a romper todos los jarrones lo que causo lluvia de noche y lluvia de día, las nubes de oscurecieron, el cielo y el agua amenazaban con cubrirlo todo, Quetzalcóatl reunido con los otros dioses decidieron que la diosa Coatlicue fuera a buscarlo para casarse con él, a lo que Tláloc se negó y pacto el regresar las aguas a su cauce si lo dejaban estar en paz; y la razón por la que una mujer no podía entrar era porque Tláloc se podía enamorar de ella.

Tlonich el joven apuesto de barba y bigote, moreno como el lodo y de ojos negros profundos que me habían hechizado, me tomo en matrimonio y yo encantada dije que si, estaba enamorada de él, perdidamente, como una loca que hasta hubiese dado mi vida por él, pasamos noche y día planeando nuestro futuro con la firme idea de ver a nuestros hijos convertidos en unos Tlaloques, servimos a Tláloc muchas veces, hacer llover era lo más majestuoso que pude ver en esta vida.

Una noche, mientas todos dormíamos, ruidos a lo lejos comenzaron a escucharse, ladridos de perros, disparos y gritos, Tlonich, me saco de la aldea y me pidió que me fuera, que atravesara todo el monte por la parte de atrás, y que ya estando en tierra firme, ahí a las faldas caminara hacia el poniente, que escuchara lo que escuchará no mirara de tras de mí, que siguiera que él me encontraría después.

Y así fue camine, a mis espaldas seguía escuchando disparos y unos helicópteros comenzaban a cercarse, no mire a atrás con las lagrimas rodando por mis mejillas seguía y seguía, camine por muchas horas, muchos días hasta llegar aquí a la ciudad, aquí encontré a unos parientes de mama, que me dieron asilo, después de unos meses nació mi hija, la única; yo conseguí un trabajo en el centro en una casa rica, mis tías la cuidaban.

De mi familia nunca supe nada mas solo que se mudaron a otro estado, lejos muy lejos de la Ciudad.

Una tarde cuando ya estábamos en casa, en las noticias se decía que hoy llegaba Tláloc a la Ciudad, esa tarde no paro de llover, de hecho al día de hoy todos recuerdan que el 17 de abril de 1964, cuando Tláloc llegaba a la Ciudad de México, una tormenta cayo, el gobierno dijo que una tubería se había averiado, hoy nosotros sabemos que Tláloc estaba molesto porque lo sacaron de su templo, en el paraíso de Tláloc, Tlalocan.



ANME 1966

¿No queremos jugar a ser dioses? ¿No queremos jugar a ser héroes?

El héroe de las mil caras Joseph Cambell

¿No queremos jugar a ser dioses? ¿No queremos jugar a ser héroes?
1956

Desde la trinchera del salón de clases me he cuestionado cuántas veces los maestros de educación primaria jugamos a ser héroes. Joseph Campbell en su libro de El héroe de las mil caras, hace referencia a “El héroe es el hombre de la sumisión alcanzada por sí mismo”. La primera semana de Octubre asistía a una asesoria respecto al Programa Nacional de Lectura. El objetivo de este proyecto es motivar a los alumnos de educación primaria para que lean y escriban por placer. A través de la Secretaria de Educación Pública llegaron a las escuelas primarias acervos de libros, llamadas bibliotecas de aula, de las cual se tiene que hacer un inventario y cuidarlo como si fuera oro, pero no por el conocimiento que te brinda un libro sino porque si se llega a extraviar, además de la sanción que recibe el profesor por escrito tiene que reponer el ejemplar. Lo cual ha traído como consecuencia que algunos profesores los guarden bajo llave y no se realicen los préstamos de esos libros. Más tarde en la conferencia el expositor mencionó las actividades que se deben realizar mensualmente con maestros, alumnos y padres de familia. Para que posteriormente entregar informes y una memoria de las producciones efectuadas durante el ciclo escolar. En sus conclusiones hizo referencia a la conformación de una biblioteca escolar, con préstamos de libros internos y a domicilio. Y que los profesores encargados del Programa Nacional de Lectura serán los maestros bibliotecarios. Después de escuchar esto, los intestinos se me hicieron nudos pero lo peor viene después. Cuando mis compañeros aceptan a través de su opinión realizarlo porque objetan que es nuestro deber como formadores de la educación y que no es más trabajo si no parte de la cotidianidad escolar. Por qué aceptan que somos sabelotodo y multifuncionales. Que no les parece demasiado con preparar el material y la clase de español, matemáticas, ciencias naturales, historia, geografía, educación cívica, educación artística, educación física. La carga administrativa es innumerable desde boletas, listados, hojas de evaluación, fichas biopsicosociales, expedientes de los alumnos, hojas de inscripción, etc, etc, que requisitamos ¡hoy! porque supuestamente eran para antier. ¡Ah! Y con la alianza por la educación se me olvidaban las clases de inglés ¿guat? Además de la infinidad de actividades que suelen ser parte de los usos y costumbres de la organización institucional. Al finalizar los comentarios acerca de nuestra vocación, apostolado y no se que madres más, pedí la palabra y le comente al expositor que para mi ese proyecto era un compromiso y que si se trata de simular no era más trabajo, pero que si se realizaba a conciencia si sería más trabajo.
Que le solicitaba que el compromiso fuera mutuo porque los materiales citados en el proyecto como posters, audiolibros, entre otros no llegan a tiempo, ni a todas las escuelas. Y por último que si quería que la biblioteca escolar funcionara que anexaran en nómina a un bibliotecario porque yo no iba a ser también de bibliotecaria. “La educación para la vida práctica no forma más que personas de principios, incapaces de pensar y actuar salvo en función de máximas, pero no forma hombres principales. Tan sólo forma espíritus legales, pero no libres” Max Stirner
Por eso nos tratan como nos tratan. Además de abonero para las cooperaciones del aula o institucionales, edecán para los eventos escolares, bailarín para las festividades de diez de mayo, día de la primavera, enfermero para auxiliar a los alumnos, guardia de seguridad en la puerta, vigilante durante los recreos, chofer en caso de emergencia, cocinero durante las actividades de salud o convivíos, conserje en el salón de clases, decorador del salón o de la institución para algún evento programado, supervisor del aseo en el recreo y dentro del salón, organizador de kermeses, promotor de campañas de vacunación, remodelación de edificios y mobiliario escolar, de la cruz roja, de ecología, promoción del voto, recaudador de donaciones, psicólogo con padres de familia y alumnos, experto en elaboración de libros de texto, materiales didácticos y periódicos murales, marionetista, maquillista, peinador, líder social, deportista, diseñador, cantante, pintor, declamador, matemático, lingüista, biólogo, geógrafo, fotógrafo, administrador educativo, jurado de eventos, gerente de compras, investigador, defensor de las causas nobles, traductor, evaluador, sin vicios, ni antecedentes penales, ni preferencias sexuales atípicas, sano, responsable, ingenioso, creativo, alegre, entusiasta, por citar algunas.
¡Ayyy! que melcocha tan apestosa. Pero aunque uno se queda perplejo y en horario laboral andamos como en un manicomio esto se vive cotidianamente en las instituciones educativas. Y todavía se preguntan por qué no hay calidad en la educación. “Entre las múltiples consecuencias de la intensificación laboral del docente podemos resaltar la carencia de tiempo, de tranquilidad para concentrarse en la tarea de atención a los estudiantes dentro y fuera del aula, de reflexionar sobre el sentido de su quehacer y formarse en los aspectos científicos/culturales que componen el sustrato de su pensamiento y sensibilidad” De acuerdo a lo que escribe Ángel Pérez en su texto La cultura escolar en la sociedad neoliberal las funciones anteriores provocan que los docentes trabajen en condiciones de estrés y en su salud severamente se refleja en los procesos de interacción con los alumnos. Durante mi etapa como estudiante normalista leí el trabajo de Deolidia Martínez una investigadora argentina, quien realizó un estudio de la salud y el trabajo docente donde explicaba las enfermedades más frecuentes de los profesores de educación primaria entre las cuales hacia alusión a disfagia, varices, reumatismo, ardor de ojos y lagrimeo, disfonía, cefalea/migraña, gastritis/úlcera, edema de extremidades inferiores, astigmatismo, asternia/adinamia, psicodermatosis, hipoacisia, colitis, miopía, hipermetropía. Es necesario alejarse del ser divinizado, sabio pero a la vez sometido. Resignificar la labor docente y delimitar nuestra profesión. No juguemos a ser héroes.

martes, 28 de octubre de 2008

el héroe de las mil caras.

El héroe de las mil caras.

 

El libro es un poco complicado por la cantidad de informació que contiene. Claro que esto, al mismo tiempo es una virtud, ya que es posible, no sólo identificarse con cualquiera de los cientos de ejemplos que hay a lo largo del libro, sino que además te brinda la oportunidad de conocer muchas historias que de otra manera, tal vez, nunca huberas encontrado. Por otra parte, considero muy valioso este libro en el sentido de que te ayuda a contruir un personaje de una forma muy completa y al mismo tiempo a contruir su historia, pues nó solo habla sobre el héroe, sino de todo lo que ocurre a lo largo de su viaje para que se transforme en tal. También es una investigación con mucha información de naturaleza psicológica y científica que nos arroja datos tanto de la mente humana (es decir, de lo que ha pasado por nuestras mentes como especie, a lo largo de la historia), como de nuestro comportamiento y los motivos que nos mueven a seguir algo. Otro aspecto que me sirvió mucho fue la cuestión de explicar algunos de los símbolos que cargamos con nosotros toda la vida, como la figura de los padres, el sol, la luna, los dioses en todo su amplio aspecto e incluso, cómo nos vemos a nosotros mismo. Debo decir que en general no pude ver a ninguno de mis personajes reflejados en este libro, principalmente porque mis personajes no tienden a ser héroes. Pero gracias a lo que aprendí leyendo a Campbell ahora me siento capaz, o al menos con los conocimientos, de desarrollar a un héroe verdaderamente humano, hecho de carne y hueso, en el pensamiento.

 

Este libro más que tratarse sobre el héroe, se trata sobre el hombre, sobre quién somos todos nosotros, y que no debería ser el último que leemos, debemos leer más, conocernos aún más, buscarnos, a través de la investigación, de la ciencia. Ese es nuestro deber como escritores. Debemos conocernos mejor a nosotros mismo y a nuestro género para arrojar luz sobre aquellos puntos del alma humana que permanecen en la oscuridad. 

el mito de Moises

-       Una gran luz estalló en la oscuridad y las llamas envolvieron, sin consumir, aquella zarza. Y al entrar descalzo sobre la tierra sagrada se convirtó en el único mortal en tener contacto directo, carnal, con la divina gloria de nuestro señor.

-       ¿Y lo pudo ver con sus propios ojos?

-       Jamás, la luz siempre fue muy intensa. Pero adquirió los poderes que el señor quiso que obtuviera.

-       Dicen que no era bueno con las palabras. Que tuvo que valerse de su hermano para anunciar la voluntad del que es.

-       Y así lo hicieron con el faraón, todas las plagas fueron anunciadas por Aarón, y cumplidas por él. Tan sólo era un pastor, no lo olvides.

-       ¿Es cierto que el señor hacía que el faraón se pusiera terco y no accediera a sus propios deseos?

-       Es cierto. De esta forma les mostró todos los prodigios que es capaz de hacer. Si el faraón hubiese aceptado sin demora jamás el pueblo de Egipto hubiera contemplado el poder de nuestro señor.

-       Pero esto fue provocado por él mismo. Debo decir que él mismo incitó al faraón a desobedecerle para después castigarlo por rebelde.

-       Esa, fue su voluntad.

-       Alabada sea su voluntad.

-       Alabada. Y vino el desierto, la interminable marcha, los milagros, las luces en el monte Sinaí, las primeras tablas, el becerro de oro.

-       La furia. Las leyes, el nuevo pacto. Su interminable servidumbre. Su inabatible lucha por imponer la voluntad del que es.

-       Y por llegar a la tierra prometida, que nunca pisó.

-       Pero él no desobedeció. Golpeó la roca sin dudar, y el agua brotó.

-       Es la voluntad del que es. Y nadie más justo hay.

-       ¿Por qué no permitirle entrar?

-       Un hombre que ha cumplido su tarea nada más tiene que hacer. Un hombre sin propósito habla de más, éste sabía más que cualquier otro.

-       Estuvo en contacto directo, logró verlo, la luz no era tal.

-       No cuestionarás al que es. Toma los restos. Eternamente perdido estará. Dicho está

-       Alabado sea. 

sábado, 25 de octubre de 2008

El mito de Abraham

1999. Cynthia N. Sánchez

De todas las criaturas de la creación, las únicas que me enervan son los humanos. Aveces me pregunto si se me olvidó ponerles voluntad en el cuerpo, pero luego me acuerdo de Adán… o bueno, de Eva, al fin fue ella la que decidió comer del árbol de la sabiduría, y él, por supuesto, viéndola… Después de todo, son animales, el cuerpo es el cuerpo y… o comía con ella o se quedaba solo para siempre. ¿No fue eso lo que estuvo lamentando mucho tiempo? ¿Por qué cada quien con su cada cual y él solo, con su alma y sus nombres para todo?

Por eso tomé a Abraham para probar. Le dije “sal de tu tierra” y ahí va el viejo, con su mujer, su hermano y sus tiliches, pero ahí van todos. ¿Qué necesidad tenían de salir, si todo lo tenían en Egipto? No eran escalvos, tenían su pequeño negocio de lavandería, no tenían que preocuparse por ningún tipo de descendencia, y allá van…

Lo mismo le había dicho su mujer, “¿para qué nos vamos?”, pero no hizo caso. Al menos con eso probé que el hombre no siempre obedece al impulso del cuerpo, aunque también puede deberse a que ya era un viejo decrépito. En todo caso, ¿puede decirse que tiene voluntad propia si me obedece a mí?

Luego le dije “deja a Lot y a su mujer aquí, en Sodoma. Es bonito pueblo, y pronto les nacerán hijas. Ella ya no estará para andar.” Y allá va Abraham a convencer a Lot y a su esposa. ¡Si hubiera sabido que planeaba arrasar con toda la ciudad y mandarlos a todos al infierno! ¡Que sirva de algo Luzbel! Nunca es divertido eso de ganar todo el tiempo.

Y cuando al fin llega Abraham a un lugarcito bonito, donde pueda sentarse a escuchar mis discursos y tratar de descifrar mis nombres… ¡zas! ¡le mando un chamaco! ¡Bueno estaba, a los setenta y tantos años (¿o son días? a menudo me confundo) y cuidando de un bebé!

Por supuesto, nunca me di cuenta cuando el escuincle creció y se convirtió en hombre, porque aún tenía mi duda: ¿es libre albedrío si lo único que hace es seguirme a mí? Así que le di una nueva orden: “ve al monte y sacrifícame a tu hijo”. Y ahí va a Abraham, con su muchacho ya bastante crecido. Treinta y tres años tenía el hombre, cargando la leña para el sacrificio, y todo el tiempo preguntando por el chivo expiatorio. Y su padre callado, callado, subiendo piedra, tras piedra.

Y ya en el monte… ¡ni siquiera hubo pelea! El hijo no hizo el menor intento por rebelarse contra su padre, al contrario, se acostó él solo sobre la madera y casi se ata solo. ¡Inaudito! ¡Hombres matando a sus hijos! ¡Como si fuera a permitirlo! Le mandé un ángel que le detuviera la mano.

Como recompensa a sus trabajos, le di una promesa, algo que a los humanos parece gustarles mucho: que sería padre del pueblo elegido y todas esas cosas. Por ahora, mi duda persiste: ¿tienen voluntad o sólo siguen lo que yo les ordeno? ¿No será que le di eso a Luzbel para que los engañara todos los días (¿o son segundos? ¡a menudo me confundo!)?