Cuenta número 1987. Hernández García Fernando de Jesús.
México, DF., octubre 22 de 2008.
El mito que me tocó, “Prometeo”.
Cuando llegué él ya estaba aquí. Al principio no entendí como nos comunicábamos. Me sorprendió oír que alguien me llamara. Mucho tiempo sólo estuvimos nosotros dos.
Un día me preguntó ¿Te acuerdas lo que decía tu mamá cuando estabas en esa bolsa de agua? Acuérdate, recuérdalo, es agradable. Te voy a decir por qué: Me gustaba que mi mamá se recostara, así podía moverme a gusto en mi bolsa de agua, sentía que se ponía contenta cuando me impulsaba con mis pies para pasar a través del cordón, una vez lo quise hacer cuando ella caminaba y ese cordón se me atoró en el cuello.
Cuando ella se sentaba me decía muchas cosas, se preguntaba que estaría haciendo yo, allá adentro, decía: hoy te noto muy inquieto. Ponía entonces las manos en su barriguita y no sé a quién llamaba, mira está moviendo sus piecitos, y seguía platicando conmigo, travieso estás dando pataditas, pero no eran pataditas, yo quería tocar su mano con mi mano.
¿Ya recordaste? Me preguntaba muy seguido, y yo no sabía que decir, ni siquiera supe que estuve en una bolsa con agua.
Un día le pregunté ¿Cómo es que podemos platicar nosotros? Sentí que se puso triste y tardó para responderme, luego me contestó: No se como decirte, mi mamá no hacia ruido con la boca, así tal vez no le hubiera entendido, creo que platicábamos con el pensamiento, y ya no puedo platicar así con mi mamá, antes de que llegara aquí, estuvo muy rara se movía mucho, iba muy seguido al baño y antes de llegar aquí mi bolsa empezó a vaciarse, luego escuché unos ruidos raros como cuando nos golpean la espalda y esos ruidos salen por la boca, después lloré, luego estuve un rato con ella y no pude entender lo que decía.
Le pregunté como nos reconocía y contestó: por el olor. Como estuvo mucho tiempo solo cuando pujaba, luego, luego lo cargaban. Pronto supimos que llorando nos llevaban con nuestras mamás. Entonces nos dijo: para estar más tiempo con nuestras mamás yo voy a pujar dos veces y luego todos nos ponemos a llorar. Tuvimos suerte.
Un día nos quedamos esperando el segundo pujido, oímos el primero y el siguiente nunca llegó, alguien dijo que lo habían sacado de su cuna y lo metieron en la incubadora.
viernes, 7 de noviembre de 2008
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