lunes, 17 de noviembre de 2008

¿Para ser novelista?

Para ser novelista de John Gardner muestra algunas de las características esenciales que debe poseer el escritor, aquél que ha decidido ser un novelista serio, un artista sin compromiso y enteramente dedicado a su arte y no simplemente alguien que puede publicar una historia de vez en cuando. Sin embargo, este estudio que nos plantea cómo se debe emplear adecuadamente el lenguaje, desarrollar un tema de manera interesante, no forzar a los personajes, entre otras particularidades para la creación de una novela, no es precisamente algo revelador.

Me parece que este libro es más bien un repertorio para parecerse a un escritor o para animarse a serlo. Apuesto más por el talento que en cierta clase de inteligencia especial y ciertas características que no determinan la profesión de escritor. Para serlo, hay que nutrirse de todo, más allá de la influencia de buenos libros de grandes escritores, no hay que marginar conocimiento o experiencia alguna.

Es importante no tomar este libro como la verdad absoluta para convertirse por arte de Gardner en un escritor, ni desanimarse si no se posee más de una característica o si aún no hay respuesta a la interrogante de cómo puedo saber si soy escritor o no, pues ya se sabe que los grandes escritores nunca tuvieron este manual entre sus manos, al contrario, nadie les dijo cómo, simplemente fueron alimentando de palabras páginas y páginas de buenos libros.

Quizás la virtud más importante de Para ser novelista es la de consultar qué cualidades se tienen y, si se tienen algunas, cómo desarrollarlas, incluida la paciencia.

El Augurio

Desde lo más alto de las colinas del Tollan, apenas se veía la silueta definida de Atlacatl, un caballero coyote, recorriendo a toda velocidad la verde alfombra que rodeaba la ciudad Tolteca. Con la contracción de sus pulmones por el agitado va y ven del oxígeno, y con el sudor recorriendo su piel canela tostada por el dios Sol, el joven guerrero se presentó ante Ceyaotl, el líder militar más importante de los Toltecas, con un mensaje en la lengua.

-Oh, gran guerrero, he regresado del largo viaje que se me encomendó hacia tierras del sur y he de informarle que no será nada fácil conquistar nuevos territorios -aún agitado señaló Atlacatl.

-¿Por qué caballero coyote? -preguntó con firmeza Ceyaotl.

-Me he infiltrado entre esas sociedades y me han descubierto, pero en cambio me han devuelto la libertad porque quieren que nuestros imperios se unan.

-¡Cómo! -sorprendido cuestionó el líder militar.

-Sí, gran guerrero. Quieren que todos los imperios nos unamos porque en un futuro, hacia no muchas lunas, vendrán otros guerreros por el mar e invadirán nuestras tierras y se llevaran nuestras riquezas.

-¡Pero qué dices Atlacatl! Esos son inventos de la gente del sur. Seguro te han seguido y ellos nos atacarán primero, intentarán hacerse de nuestro imperio, ese era el augurio, ¿no entiendes? ¡Una trampa! -exaltado, expuso Ceyaotl.

-No gran guerrero, nadie me ha seguido y, con su perdón, creo en el augurio que me han hecho saber y que he traído hasta usted.

-¿Cómo?

-Sí, ellos llevan años estudiando profundamente el futuro, han recurrido a los dioses a los filósofos a…

-¡Calla! -interrumpió con un grito el gran guerrero-. Pensé que eras mi más fiel guerrero y que eras leal a nuestra cultura, a nuestras tierras, a nuestro imperio.

- Y lo soy Ceyaotl -repuso el joven guerrero coyote.

-No pienso escucharte más. ¡Citlalmina! -gritó Ceyaotl, llamando a otro guerrero- Ordena que inicien los preparativos para un sacrificio. Ofrendaremos a un guerrero coyote a los dioses para que nos protejan en nuestra próxima conquista hacia tierras del sur.

-Como usted ordene -dijo Citlalmina y se retiró.

-Lo que he dicho es verdad, pero si mi sangre, mi corazón y mi cuerpo sirven para proteger a los guerreros y nuestro imperio, orgulloso estoy de ser ofrendado a los dioses.

Esa misma noche ofrendaron a Atlacatl y partieron hacia tierras del sur en busca de nuevos territorios.


(cuento animal)

domingo, 16 de noviembre de 2008

NOTA EXTRA:

Debo hacer una plana con la palabra extranjeros mil veces.

1000 Héroes Extrangeros

Nunca he entendido porque nuestras pobres mentes están totalmente controladas por la industria. Sé que no tiene mucho que ver con el tema, pero mientras comenzaba mi ensayo (después de haber medio leído lo de Campbell), me puse a ver los comentarios de mis compañeritos de clase, y note algo curioso. Todos, o casi todos, encontraron similitudes con súper héroes o personajes de ciencia ficción muy reconocidos, pero casi todos extranjeros. Entonces vino a mí cabeza como un rayo; ¿Por qué no mencionar al Mil Tamales? Así es, efectivamente, ese luchador tranza, ratero y poco inteligente que estafa al pueblo en el cual es gobernador. Aparece en la revista Chamuco, algunas veces viene otras veces no. Casi nadie lo conoce, y por más que me esforcé, no hallé imagen alguna en la red. Supongo que en el fondo me hace feliz conocer cosas que, aunque no suene como mal, vale bastante la pena.

Y bien, volviendo al tema de los héroes, primero tendríamos que ver cuál es el concepto de héroe;

Héroe: Persona admirada por sus hazañas y virtudes.

Viendo esa definición, notaremos que en ningún caso aparece que debe tener ciertas características. No estipula que debe de volar, no tener súper poderes. Tampoco que debe tener un alter ego exitoso, ni que sea millonario. A lo que voy, es que desgraciadamente, estamos tan acostumbrados a relacionar la palabra héroe con tantas cualidades, convierte las cosas importantes en nulas. Por decir un ejemplo, un padre de familia que tiene dos trabajos, o dobla turnos, no es más que un padre de familia que dobla turnos, y no un héroe.

También en nuestro pensamiento admite que deben provenir de una deidad o de otro planeta, cuando eso es totalmente falso. No es que me ponga sentimental, pero si analizamos a los mexicanos, al final todos vamos a terminar siendo héroes no reconocidos. Es como leí en una revista de Día Siete; “fuimos hechos para brillar, pero nadie se deslumbra”. Para mí la palabra héroe debe de tener obligaciones, entrega, compromisos. No necesariamente debe de ser una persona intachable, o sin errores. Todo lo contrario. Debe de ser altamente humana primero que todo, porque solo los humanos podemos llenarnos de sueños, se ilusiones, de esperanza.

Ahora enfoquémonos un poco en el mito. Las diferencia entre lo que pasó, y lo que dicen que pasó. Yo tomo como ejemplo esa película de Frank Miller llamada “300”. Me interesó bastante el tema, y decidí hacer una breve investigación acerca del tema. En primer lugar encontré que no era trescientos soldados, porque cada espartano tenía a su servicio dos guardas. Y los Arcadios no salieron huyendo, de hecho se retiraron por orden de Leónidas. A lo que quiero llegar es a la pregunta obligada; ¿Dónde empieza el mito y donde acaba la realidad? ¿Son realmente las personas héroes o la gente los vuelve héroes? ¿Hacen extraordinarias o hacen cosas comunes extraordinariamente bien? Esa y otras interrogantes que no puedo responderme, me llevan a la conclusión de que héroes es solamente una breve palabra, no es con concepto total. Ese concepto abarca demasiado. Tanto que no me siento capaz de definirlo como tal.


Nota: Esta nota no tiene nada que ver con los ensayos, es solo para dejar en claro que nucna puse mi nombre en los demás trabajos. Soy Enrique Gómez, 1986.

Gracias por las clases profesor Guillermo. Espero haya disfrutado su cerveza.

¿Solo para ser novelista?

Básicamente, Gardner nos dice que el mejor prospecto para escritor podría ser un trotamundos. Y lo digo porque tiene la mayoría de las características que pide; deseos de compartir experiencias con los demás, llevar al máximo las cosas, fe, locura.

Pero fuera de mi especulación poco graciosa, creo que a diferencia de Calvino, Gardner se acerca más a la realidad en cuanto a que solo una persona con grandes capacidades, y no necesariamente intelectuales desde mi punto de vista, tiene el don de poder llevar a cabo una historia que valga la pena. Porque es como decía Oscar Wilde; “cualquier hombre puede hacer historia, pero solo un gran hombre puede escribir una”. Creo que es bastante conciso, y bien me puede parecer que concuerdo con Gardner casi totalmente. No es lo mismo que una persona que vive encerrada en su casa, jugando videojuegos, viendo programas de Televisa y Televisión Azteca, comiendo frituras, y cosas así por el estilo, que una persona que se la pase viajando por pueblitos de México, que lea a Nervo y Benedetti, que coma lo que pueda y que camine sin prisa. Obviamente la segunda persona va a tener un mejor resultado que la primera. Y no es que yo este marcando extremos, porque tampoco se trata de eso. Simplemente pienso que para que sea posible crear, debemos experimentar tanto cosas buenas como cosas malas, tener vivencias de anécdotas increíbles y tener un acervo anticultura con un repertorio completo de la programación televisiva de los sábados. Y es que se necesitan los dos aspectos. Porque no todo es negro o blanco, todo debe tener sus matices, y sobre todo muy marcados dentro del arte, y la escritura en este caso.

También me pareció interesante el hecho de que se mencione en el texto el hecho de que debemos compartir vivencias. Supongo que eso es una gran palanca y una buena influencia, que termina siendo recíproca entre quien la cuenta y quien la escucha, ya que si yo, por poner un ejemplo, decidí ir a conocer la ruta Maya, cuando regrese de mi viaje se lo contaré a alguien más, y este a su vez va a contarme de las grutas de Cacahuamilpa, y a los dos nos darán más ganas de ir en busca de lo desconocido, todo lo contrario a que si las dos personas ven lo mismo, hacen lo mismo, comen lo mismo y escuchan la misma música. Creo en verdad que eso es un error, porque así será definitivamente difícil, obtener una variante. Y recordemos que las anormalidades (no dañinas), en el comportamiento de las personas, son las que hacen surgir nuevas ideas, destazando así lo establecido con una navaja innovadora, cortando cuellos antiguos y descontinuados.

Para finalizar diré que apoyo bastante la idea de Gardner no solo para ser novelista, sino para poder realizar cualquier tipo de escritura que valga la pena leerse, y contarse. Al final, las cosas van a tener su importancia no por lo que digan, sino por su excentricidad y rareza, porque es eso lo que verdaderamente embruja al lector, las cosas no comunes.

BESOS DE PIEDRA

(Basádo en el mito de Medusa y en la obra de Emilio Carballido)
Cada noche, desde hacía muchas, se acurrucaba en un rincón de su hogar y, en solitario, lloraba desconsoladamente. Sus motivos bien podrían llenar una vasija grande, pero el mayor de todos los procurantes de su llanto lo podía tomar con una sola mano, la cual acercaba al corazón y se lamentaba. No conocía el amor.

Lo había rozado, percibido, pero cuando alguien se acercaba a ella, evocaba en su mente y las emociones se desvanecían sin tan sólo llegar a sentir un profundo beso que apaciguara su alma. Salvo algún pequeño detalle, ella no podía considerarse una mujer de rasgos poco atractivos, su belleza trascendía lo mortal, no obstante, esa capacidad de morir que los humanos le habían legado, era el origen mismo del mal que le acontecía. Era esa esencia la que le auguraba un final, aún sin contar los años para ella, y, esa misma cualidad, era la que había creado el cúmulo de sentimientos enfrentados y confusos en su interior, un ápice de humanidad al que ahora se aferraba con fuerza, intentando no se le escurriera entre sus manos bronceadas.

Sus hermanas, Esteno y Euríale, no tenían esos problemas. Ellas disfrutaban con su compañía mutua y se jactaban de su inmortalidad. Además, se mofaban de su tercera hermana al no sentir esos irrefrenables deseos no cumplidos de amar sin mesura. Ellas eran mucho más crueles, aunque la historia hiciera de Medusa la más conocida. Una fama que bien podría haber desestimado, que no le interesaba lo más mínimo, pero que al tiempo, le supuso la atracción del hombre que conseguiría rozar su piel y hacerle sentir el escalofrío más penetrante de toda su vida. Aquel momento llenó un segundo de la intensidad más vibrante que pudiera haber sentido Medusa, en una sola fracción del tiempo que le regaló, toda su vida se sintió compensada, su humillación frente a sus hermanas subsanada, todos sus males evaporados en un santiamén. Aquel hombre se llamaba Perseo, el portador de un amor que no correspondió jamás pero que fue suficiente para hacer de él un héroe.

Medusa había pasado mucho tiempo deseando el tacto de cada uno de los musculosos hombres que se acercaban a su guarida, aún con la intención de matarla. Pero su mirada hacía de ellos firmes estatuas de piedra, quedaban literalmente petrificados. Se trataba de una mujer de envidiable belleza y, sólo las serpientes que brotaban de su testa, hacían de ella un monstruo a tener en cuenta. Sin embargo, poseía unas magníficas alas de oro que adornaban su desnuda y esbelta espalda, unos ojos penetrantes, cuello escamoso y manos de bronce. Su mirada era la perdición de todos aquellos que la contemplaban, el deseo de cada uno de ellos se tornaba horror cuando, tras observar sus senos, advertían los sibilantes reptiles y luego miraban sus ojos, ahí se perdían y quedaban petrificados en la más fatal de las posturas, reflejando el temor, el asco incluso, en sus poses de muerte improvisada. Cuánto lamentaba Medusa el triste final que a todos los hombres les esperaba al entrar en su territorio. Esteno y Euríale, por contrario, no caían rendidas a la seducción y, en más de una ocasión, Medusa pensó que sus apetencias sexuales bien podrían verse complacidas entre ellas, que gozaban de una complicidad y coqueteo fuera de lugar. Además, su carácter casi divino, que les privaba de la muerte, hacía de ellas unos seres invulnerables y, todos los guerreros que osaban atacarlas, sabían de antemano a la muerte irremisible a la que se encomendaban. Muchos de ellos eran ancianos que se enfrentaban a sus últimos días y querían ser recordados como seres gloriosos que fueron en sus tiempos bélicos, muertos en la batalla con la espada en alza. Así, olvidados, sin una estatua erigida en su nombre que les conmemorase, optaban por un suicidio que no parecía tal. Se enfrentaban a las gorgonas y quedaban esculpidos en una pose de furia y determinación, monumentos a sí mismos que solamente contemplarían aquellos que buscaran su misma suerte. Pero Medusa, ella era diferente...

Cuando vio al primero de los hombres acercarse en posición de ataque, ella no quiso paralizarle como lo hizo, pero su naturaleza se ocupó de ello. Entonces, se acercó con sigilo, con el siseo sobre su cabeza y los ojos enturbiados por unas diminutas lágrimas. Con una mano acarició la cara del pétreo humano y se quedó mirándole a los ojos. A continuación, la otra mano se acercó a su torso desnudo y lo tocó con suavidad, admirando la firmeza de sus pectorales. Sus manos bailaron sobre la estatua en un sinfín de ocasiones, sus labios incluso tuvieron la tentación de besarle y lo hicieron, pero solamente sintió la frialdad de la piedra en su carne. Así, uno tras otro fueron apareciendo en busca de su cabeza y, todos y cada uno de ellos, acabaron pereciendo de igual forma que el primero. La sala que precedía a la entrada de su hogar, ahora era un museo de esculturas humanas en las más variadas posturas. De esta manera, descubrió la perfecta armonía en la que se disponían los músculos, admiró con atención y respeto la anatomía humana, deseó que aquellos cuerpos no fueran únicamente roca muerta. Necesitaba sentir la carne, la dureza esponjosa de aquellos brazos, la caricia sensual de los besos que ella imaginaba le daban.

Perseo se adentró en el territorio de las gorgonas sin ser visto. Los regalos que le ofrecieron aquellos que mantenían un odio exacerbado hacia las hermanas, habían supuesto una gran ventaja a la hora de introducirse en las estancias de Esteno, Euríale y Medusa. Las dos primeras fueron franqueadas sin problema alguno, Perseo llevaba puesto el casco de Hades que le procuraba invisibilidad. Las ninfas también obsequiaron al joven con unas sandalias voladoras, con lo cual jamás se oyeron sus pisadas hasta que no fue demasiado tarde para aquella que recibiría la muerte de sus manos. Con el escudo mágico que Atenea le había prestado, Perseo recorrió la gruta mirando el reflejo en su curvatura, de esta manera la mirada, aún casual, de las gorgonas, no le dejaría en el estado en el que tantos anteriores a él habían fallecido. Por último, cuando Medusa ya sólo se encontraba a unos pasos, Perseo desenvainó la afilada hoz de Hermes y se dirigió con paso firme y silencioso hacia su objetivo, la única mortal de las tres hermanas. Medusa le oyó, y con el sonido de sus pasos pudo deducir el peso y estructura del hombre, la firmeza de su carácter y el destino que le esperaba. Al principio se sorprendió de su valentía y, más aún, de sentirlo tan cerca, más que cualquier otro que hubiese pisado aquella zona. Dejó que se acercara, aún a sabiendas que aquello podría costarle la vida. Procuró parecer despistada y no mirar hacia el lugar donde apenas sonaban sus pies caminando en dirección a ella. Sintió el chillido apagado de la hoja rozando su vaina. Cuando estuvo realmente cerca, Medusa se volvió con los ojos cerrados y besó a Perseo mientras le abrazaba con fuerza. Entonces, el muchacho hizo lo esperado, la apartó con un empujón y separó su cabeza del resto del cuerpo. Allí acabó todo.

Cuando Perseo recogió la cabeza, su sorpresa fue mayúscula al percatarse de la expresión de sus facciones: los ojos cerrados y una amplia sonrisa que evocaba deseo. El héroe escupió sobre el suelo y marchó. Al llegar a los pies de Polidectes, el pretendiente de su madre Dánae que obligó al muchacho a realizar tal prueba, todos los presentes se preguntaron el motivo de la cara sonriente que se dibujaba en la cabeza sin vida de Medusa. Perseo, intentando desviar la atención sobre tal detalle, comenzó a narrar los pormenores de su hazaña. La historia nunca supo que Medusa murió por el amor que nunca tuvo, por el deseo de sentir el contacto ajeno, imbuida por el lado humano que le otorgaba su mortalidad. Perseo calló aquel beso y lo escondió donde nadie pudiese encontrarlo.