sábado, 8 de noviembre de 2008

INTRUSA (Cuento)

INTRUSA
1995 Llegué cansado del viaje, solo pensaba en dormir; creí que era producto de mi cansancio el ver lo que estaba viendo, así que me despreocupe,- Además aquí en Acapulco hay muchos- pensé-. Mi abuela como siempre atenta me llevó la cena a mi habitación, aproveché la oportunidad para contarle lo que había visto, y entonces le dije:-Oye abuela, hay que cerrar las ventanas durante la noche- por supuesto ella preguntó cual era la razón- para esto yo respondí – Es que no me gusta que se metan los gatos, ya sabes que abundan y nada mas vienen a robar comida; hace un rato vi entrar a un animal de esos muy tranquilo y con mucha naturalidad- noté su cara de angustia; pero no quería precipitarme a suponer; mi abuela con tanta naturalidad y frescura contestó- Luisito, no es un gato, es una gata, es niña y su nombre es “monina”- con esta afirmación tan espontánea, solo me quedaba responder apresuradamente y con un poco de ternura fingida- Abuela, abuelita, sí sabes que no me gustan los gatitos ¿verdad?- sonrío y solo dijo- es un amor, vas a ver que te vas a llevar bien con ella, además me sirve de compañía cuando tú no estas- ¡carajo! Que podía decir a esto; el mugroso costal de pulgas ya había ganado, solo me quedaba aguantarla un mes. Mi abuela me dijo buenas noches y se marchó. A la mañana siguiente, tuve una sensación de algo áspero que acariciaba mi frente con un poco de humedad; me encontraba no dormido pero tampoco no despierto, y esa sensación acabo con mi no dormido; cuando mi no despierto despertó y sintió una bola de pelos sarnosos arriba de mi cabeza lamiéndome la frente, ¡Dios! Pegué tremendo brinco y grité como niña desde lo más alto de una rueda de la fortuna, la pobre monina corrió a la ventana y saltó, pareció como si del susto se hubiera suicidado.Rato después entré a la sala, y vi a monina echada en sofá, me pregunté si había pasadizos secretos en la casa, o ¿Cómo es que la monina había llegado hasta ahí y tan rápido? Si salió por mi ventana,- la monina me miró con ternura, con hambre de caricias, sentí que me hipnotizaba con sus ojos verdes para que le rascara la panza, pero no podía flaquear, al menos no con una gata hostigosa. Mi abuela salió de la cocina con el desayuno, eso era excelente porque tenía apetito, eran los primeros alimentos de día, pero eso alimentos no eran míos, sino para la monina; definitivamente la casa era muy chica para esa gata y para mi. Descubrí que la monina era una hipócrita, me seguía a todas partes como un perro que cuida a su amo, pero yo no me iba a dejar engañar, esa pulgosa lo hacía para quedar bien con mi abuela.Uno de esos días en que la monina estaba en su labor de hipócrita siguiéndome; fui a la tienda, como de costumbre se quedaba sentada a esperarme a lado del portón. Ya cuando venía de regreso, vi que la puerta del vecino Pedro se abrió y salía su perra, una hermosa cocker llamada ”nala” , después ya no me pareció tan “hermosa”, se acercaba a mi con ladridos y frunciendo la nariz enseñándome los dientes; estaba apunto de soltar la mordida a mi pierna, cuando la monina como una especie de superhéroe llegando en el momento preciso se lanzó sobre su lomo rasguñándola, inmediatamente nala se sacudió tratando de alcanzarla, pero monina le estaba dando la rasguñiza de su perra vida; el vecino salió y entre los dos tratamos de separarlas; nala quedó lastimada y mi monina con el orgullo de haberle partido la madre a un perro, sí, dije mi monina, mi gatita.

ANA RANGEL LOYO

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