martes, 28 de octubre de 2008

el mito de Moises

-       Una gran luz estalló en la oscuridad y las llamas envolvieron, sin consumir, aquella zarza. Y al entrar descalzo sobre la tierra sagrada se convirtó en el único mortal en tener contacto directo, carnal, con la divina gloria de nuestro señor.

-       ¿Y lo pudo ver con sus propios ojos?

-       Jamás, la luz siempre fue muy intensa. Pero adquirió los poderes que el señor quiso que obtuviera.

-       Dicen que no era bueno con las palabras. Que tuvo que valerse de su hermano para anunciar la voluntad del que es.

-       Y así lo hicieron con el faraón, todas las plagas fueron anunciadas por Aarón, y cumplidas por él. Tan sólo era un pastor, no lo olvides.

-       ¿Es cierto que el señor hacía que el faraón se pusiera terco y no accediera a sus propios deseos?

-       Es cierto. De esta forma les mostró todos los prodigios que es capaz de hacer. Si el faraón hubiese aceptado sin demora jamás el pueblo de Egipto hubiera contemplado el poder de nuestro señor.

-       Pero esto fue provocado por él mismo. Debo decir que él mismo incitó al faraón a desobedecerle para después castigarlo por rebelde.

-       Esa, fue su voluntad.

-       Alabada sea su voluntad.

-       Alabada. Y vino el desierto, la interminable marcha, los milagros, las luces en el monte Sinaí, las primeras tablas, el becerro de oro.

-       La furia. Las leyes, el nuevo pacto. Su interminable servidumbre. Su inabatible lucha por imponer la voluntad del que es.

-       Y por llegar a la tierra prometida, que nunca pisó.

-       Pero él no desobedeció. Golpeó la roca sin dudar, y el agua brotó.

-       Es la voluntad del que es. Y nadie más justo hay.

-       ¿Por qué no permitirle entrar?

-       Un hombre que ha cumplido su tarea nada más tiene que hacer. Un hombre sin propósito habla de más, éste sabía más que cualquier otro.

-       Estuvo en contacto directo, logró verlo, la luz no era tal.

-       No cuestionarás al que es. Toma los restos. Eternamente perdido estará. Dicho está

-       Alabado sea. 

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