viernes, 7 de noviembre de 2008

El Arte de Comenzar y Acabar a 8 del Milenio




Hubo una vez un iluminado que contaba los segundos para impartir sus conferencias, preparó páginas llenas de claves y palabras que juntas crearían seis propuestas para escritores, seis conferencias, para ser impartidas en la Universidad de Harvard. Una semana antes de que esto sucediera, Italo Calvino, autor y expositor murió. Murió en la víspera de cumplir un sueño, de impartir sus conferencias en Harvard. Era 1985 y él ya pensaba en un milenio que no alcanzo a ver en la realidad pero si en la fantasía real de sus propuestas. Quizás el tiempo o el destino dispusieron de sus ideas para ofrecérselas a todos, pues alcanzó a dejar en perfecto orden los manuscritos de sus “Seis Propuestas para el Nuevo Milenio”.
En la primera, nos prepara para el cambio, iniciándonos en la idea de Levedad, de ser ligeros de pensamiento para poder adoptar y conocer cosas nuevas. La levedad del lenguaje ejemplificada con versos de Cavalcanti quien dibuja imágenes precisas con pocas palabras que son fáciles de entender y por ende ligeras.
La siguiente, quizá la más evidente a estos ocho años de iniciado el milenio, la dedica a la Rapidez, con esto se refiere a la forma de narrar. Calvino estaba muy consciente de que la vida se acelera conforme pasan los años y llegan las innovaciones tecnológicas, así como de que en estos tiempos se habrían de tener ya otros medios que compitieran con la literatura. Por lo cual, sugiere una narración rápida, ejemplificada con el cuento del anillo de Carlomagno que se vuelve un objeto mágico capaz de conducir al lector a través del tiempo que se quiere manejar. También aquí nos habla del encadenamiento de historias que se implementaría como un elemento de la narrativa literaria actual usado en cine y televisión.
Exactitud es la tercera de las conferencias, donde define el diseño de la obra, la evocación de imágenes nítidas y el lenguaje preciso. Refiriéndose aquí a una peste que azota ya a la humanidad y es la pérdida del lenguaje preciso. Para ejemplificarlo nos recuerda a Valery con su definición de la poesía como una tensión hacia la exactitud. “Un uso de lenguaje que permita acercarse a las cosas con discreción, atención y cautela, con el respeto que las cosas comunican sin palabras”
Con Visibilidad, nombra a la cuarta y nos da a conocer la llave para la “alta fantasía”, el penthouse de la imaginación, donde se distinguen “dos tipos de procesos imaginativos; el que parte de la palabra y llega a la imagen visual, y el que parte de la imagen visual y llega a la expresión verbal”. Con el bombardeo de imágenes visuales que se tienen hoy en día, ya es difícil distinguir entre las imágenes que se han adquirido por experiencia propia y lo que se ha visto en la televisión. Por lo cual define el relato “como la unificación de una lógica espontánea de las imágenes y de un proyecto guiado por una intención racional”. Concluye diciendo que ya sea “realidad” o “fantasía”, solamente pueden tomar forma al momento de escribirse y volverse parte de la materia verbal.
Multiplicidad, aquí nos da la esperanza que tiene en que se transmitan los valores de la literatura con un cierto orden mental y exactitud, inteligente como la poesía en el tiempo de la ciencia y tecnología. Ejemplifica con los textos de Borges, que contienen el modelo del universo: infinito, eterno, cíclico usando pocas palabras. También menciona a Perec quien a base de sus reglas, crea una poética que aun pareciendo artificiosa y mecánica obtiene la libertad y riqueza de invención inagotable. Aquí nos habla de conocer las reglas para entonces poder jugar y traspasarlas.
Hasta aquí las cinco conferencias escritas y listas para ser expuestas, ¿y después?, ¿habría algo más que nuestro profesor vidente pudiera ofrecer antes de dejarnos a la deriva en esta carrera hacia el milenio? ¿Sería parte del arte de acabar?, ¿Sería otra broma del destino que Italo, no pudiera terminar su obra? O quizá solo “un final que se proyecta retrospectivamente sobre todo, su acumulación de días llenos de sentimientos, sucesos, esperas, esperanzas, vacilaciones, dramas y todo que finalmente se convierte en una montaña de cenizas”.
¿Consistencia? Nos toca a nosotros, a ocho del milenio que Calvino se imaginó, crearla.

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