jueves, 25 de septiembre de 2008

El héroe de las mil caras: el quinto Beatle.



Cuando comencé con Campbell, fue algo impactante. Justo me pasó algo parecido con la metafísica de la poesía en clase de Patiño,  con Bachelard (y cuando hilé a Jung en “ El heroe de las mil caras” y “La poética del espacio”, me entraron unas gansa de leerlo…) : Sentí que estaba en una escuela de autodescubrimiento y de casi casi Chaman-School, mas que en escuela de escritores.

Y es que hay tantas virtudes psicológicas que compartimos en medio de las letras de Campbell… Todos somos ese heroe  (y ahí me cayó encima, como una pluma cosquilleante, el titulo) que pasa pruebas, que se encuentra con fantasmas, que pasa por periodos, que se va, que regresa, con la fe como estandarte, con el amor como reino para defender. Y solo quiere compartir, ser héroe de si mismo y conquistar su libertad, regresar de sus profundidades, que desembocan en sus cielos, y compartirse con los hombres. Por que de nada vale su lucha si no la comparte, si no comparte su conocimiento.

-Aquí suspiro-, es todo un viaje (literal), el que nos ofrece Campbell para que se ofrezca el héroe. Se me hace una tesis enorme. Un libro obligado para cualquier escritor y para cualquier persona que se sienta un guerrero luchando por su sueño

y quiera conocerse más.

 

Si es cierto que el héroe de las mil caras ha sido la obra que ha marcado las pautas de las historias más conocidas de las últimas décadas, y además ha sido un certero analisis de los trayectos de madurez propios del ser humano, proyeccionales en las historias  que se inventa, se recuerda y se cuenta,  exorto a mis compañeros lectores y escritores, ampliemos la tesis para poder moldear de formas responsables estas teorías de psicoanálisis para dar mejores sentidos a la catarsis de nuestros lectores, así mismo, que tengamos claro que podemos tranfromar mediante este conocimiento el rumbo de la nueva litertura, y que, con las armas que aprendimos con Italo Calvino, y ahora con Campbell, y el ímpetu de justicia que estoy segura en común perseguimos, podemos crear una nueva conciencia en quienes nos lean para hacer grandes cambios pequeños en nuestros lectores, y convertirnos en esos héroes de quienes leemos.

Todo comienza con un aleteo de mariposa, y lo facinante es poder hacer algo bueno haciendo lo que amamos, por que es justamente eso lo que estamos desencadenando, una avalancha de amor, que tal vez sea tal imparable como lo que alguna vez hizo que en vez de ríos fluyeran tantas”higways”.

 

Sé que este escrito es de lo más John Lenon, pero también creo que eso es justo lo que me inspiró el trabajo de Campbell, y eso es justo lo que quiero inspirar con el mío. Es importante que sepamos que justamente personas como John Lenon inspiran que hasta hoy recurramos a ellas para hacer alusión a soñadores,  a pregonadores de paz, que se atrevieron a hacer vibrar su voz tan alto que lo demás tambien se atrevieron a hacer lo mismo.

Y esque es necesario sólo que uno la levante para encorajar a los demás, para que todos los demás se paren y sean el héroe juntos, y el heroe de las mil caras tenga una.

Es necesario que utilizemos los recursos que estamos aprendiendo de una vez para que comencemos a crear héroes no sólo ficticios si no reales, que realmente tengan nuestra voz, y ayuden a los demás a levantar a suya propia.

Urge tomar conciencia de que es posible. De que no podemos seguir teniendo miedo de medusas falsas, ni amarrados a diosas edípicas, ni aferrados a los cielos de nuestro ego sin bajar, no. Al final se habla de un “heroe de hoy”, pero el futuro es hoy. Es preciso, cierto, comprender a fondo, lo más posible, como es que ha avanzado hasta aquí, pero también esta en nuestras manos crear lo nuevo, y despegar lo que no sirve de los conceptos viejos.

¡Confiemos en nuestra intuición! Es seguro que debemos ser humildes, si. Mucho, y siempre estar abiertos al error, pero, es cierto también que debemos de ser firmes en nuestro deseo de aprender y crecer, pues ni Cortazar, ni Marquez, ni Goethe, ni Kafka, ni Whitman, ni Valery, ni el mas extraterrestre de los literatos comenzaron sabiendo, y el solo el deseo quien los llevo a donde estuvieron y donde ahora están: en nuestras páginas. 

martes, 23 de septiembre de 2008

CONVOCATORIA PARA CONCURSO DE CUENTO




B A S E S
Para celebrar la nueva edición de la novela Amaneceres del Husar de Eduardo Casar, la editorial Punto de Lectura y la revista Chilango invitan a los interesados a participar en su concurso de cuento ultracorto.

1. Podrá participar cualquier ciudadano mexicano que resida en el país y que tenga de 18 a 35 años al momento de la convocatoria.

2. Deberán enviar un cuento donde se narre una anécdota del barrio donde se vive (de la Ciudad de México). La anécdota podrá ser de cualquier índole, pero se tomarán en cuenta los trabajos que tengan un tono festivo y que jueguen con el lenguaje. Deberán narrarlo en un máximo de una cuartilla (2500 caracteres con espacios incluidos). No se tomarán en cuenta los trabajos que excedan este límite. Se aceptará sólo un trabajo por participante.

3. La convocatoria estará abierta del 5 de septiembre al 5 de octubre de este año.

4. El primer lugar ganará un viaje a la FIL de Guadalajara (durante todo un día) en avión, tres mil pesos en libros del catálogo de Punto de Lectura, una suscripción a la revista Chilango y la publicación de su trabajo en www.chilango.com

5. El segundo lugar ganará obtendrá dos mil pesos y el tercero mil pesos, ambos en libros del mismo catálogo.

6. Los trabajos deberán ser enviados a mbaca@santillana.com.mx

7. Los resultados aparecerán el 10 de octubre en chilango.com y puntodelectura.com.mx

8. Los trabajos ganadores serán elegidos por un jurado cuyo fallo será inapelable.





Agradecemos nos informe si no desea recibir correspondencia de PUNTO DE LECTURA
favor de escribir a novedadesypromociones@santillana.com.mx

Las viejas historias, los mitos, las cosas que nunca existieron, Matrix, Campbell y el héroe.



¿En donde se esconde la verdad?, si no es detrás de las piernas de las mentiras, ¿De donde nace una historia? si no es la arrogancia que el mito a adquirido a través del tiempo.

"La mitología ha sido interpretada por el intelecto moderno como un torpe esfuerzo primitivo para explicar el mundo de la naturaleza (Frazer); como una producción de fantasía poética de los tiempos prehistóricos, mal entendida por las edades posteriores (Müller); como un sustitutivo de la instrucción alegórica para amoldar el individuo a su grupo (Durkheim); como un sueño colectivo, sintomático de las urgencias arquetípicas dentro de las profundidades de la psique humana (Jung); como el vehículo tradicional de las intuiciones metafísicas más profundas del hombre (Coomaraswamy); y como la Revelación de Dios a Sus hijos (la Iglesia). La mitología es todo esto. Los diferentes juicios están determinados por los diferentes puntos de vistas de los jueces. Pues cuando se la investiga en términos no de lo que es, sino de cómo funciona, de cómo ha servido a la especie humana en el pasado y de cómo puede servirle ahora, la mitología se muestra tan accesible como la vida misma a las obsesiones y necesidades del individuo, la raza y la época."

Hay quienes se burlan de los sueños y los consideran una pérdida de tiempo, hay quienes se burlan de las historias que son las que nos permiten llegar hasta ese nivel de ensoñación, hay quienes se tiran al piso de risa cuando cuentas algo, sobre aquel maravilloso mundo que se encuentra a la vuelta de la esquina, ahí donde puedes escaparte hasta él a voluntad o no, para llegar hasta ahí no necesitas contraseña secreta, varita mágica, palabras raras ni lámpara de Aladino.

Sin embargo todo es posible dentro de cada una de las realidades paralelas de las cuales seamos capaces de formar, percibir y poder vivir, ver a través de dimensiones desconocidas para nuestros cinco sentidos, como si se fueran descorriendo una serie de cortinas, para revelar un apasionante mundo de colores, hazañas, grandes empresas y poderes.

Todo un universo lleno de preguntas, que no siempre son contestadas, ya sea por la falta de certidumbre o la falta de conocimiento; todos los pueblos, todas las épocas han conocido la importancia que es soñar, que es crear nuevas formas de hacerlo y de buscar las opciones de llegar más lejos en cada sueño.

Entre lo que es realidad y lo que es mito existe una línea muy delgada y solo una leve frontera entre ellas, tanto como los latidos del corazón que viven en nuestro pecho.

Un científico puede deplorar la idea de que exista una conexión entre la ciencia, la fantasía, el mito y las historias; pero la mentira llega primero, es el fruto de la imaginación y sin imaginación no existiría ciencia.

La teoría mas extendida afirma que los primeros hombres creadores de mitos, los inventaron para explicar todas las maravillas del universo que no entendían; pero que sin embargo eran grandiosas.

El cosmos dentro de nosotros contiene a todos los dioses y demonios inventados por la humanidad, con toda su creatividad mágica concentrada en místicas semillas, en nuestros corazones y nuestras mentes. Y podemos utilizar sus poderes para obtener alegría y libertad o para difundir la devastación física y espiritual; eso mismo hace los mitos cuando buscamos en ellos una pizca de verdad y olvidamos porque son mitos.

¿No es verdad que es de la electricidad de la imaginación de donde brota todo el conocimiento?

“El inconsciente manda a la mente toda clase de brumas, seres extraños, terrores e imágenes engañosas, ya sea en sueños, a la luz del día o de la locura, porque el reino de los humanos oculta, bajo el suelo del pequeño compartimiento relativamente claro que llamamos conciencia, insospecha-das cuevas de Aladino. No hay en ellas solamente joyas, sino peligrosos genios: fuerzas psicológicas inconvenien¬tes o reprimidas que no hemos pensado o que no nos hemos atrevido a integrar a nuestras vidas, y que pueden perma¬necer imperceptibles.”

¿Verdad o mito? o simplemente la base de todo lo que conocemos y todo lo que no vemos. Quizá gran nuestros hemisferios han tenido una pelea constante por tener el control, que en un descuido, las realidades paralelas se vislumbran venir.

La caza del zodiaco, los signos (todos tenemos uno), el tarot (hay quienes lo leen y hay quien paga por que se lo lean), Arturo rey de Inglaterra, los caballeros andantes, El mago Merlín (Harry Potter por nombrar uno es la mala adaptación), los chamanes (¿No te has hecho una limpia?), La edad de oro (no es lo mismo que el siglo de oro), Eros o Cupido (nos hemos enamorado tantas veces pero ¿Cómo surge? ),Gigantes (aquellos hombres y mujeres gigantescos que morían amarrados y clavados al piso) uno de los más conocidos GOGMAGOG que murió degollado o bien Goliat que murió en manos de David, Haiowatha, Los jueces de los muertos, Morfeo (todos hemos caído en sus brazos), Las musas (a veces hacen tanta falta),Adán el primer hombre, Eva (nació de una costilla) ¿Qué hubiese pasados hubiera pasado si Adán hubiese sido devorado por algún león), El Olimpo (reino celestial de los dioses), Poseidón (hemos visto unas olas tan altas), Quetzalcóatl (El señor de la vida), Tlaloc y demás dioses, Ra (el gran Dios de Egipto), Thor (el gigante vikingo), Zeus ( El deseo carnal como una de sus cualidades).

Según otra teoría los mitos se inventaron solo para explicar fenómenos naturales, sin embrago lo absurdo de esta creencia se ve demostrado por la enorme cantidad de información que nosotros mismos nos encargamos de recopilar. El hecho es que nuestros antepasados cuyas mentes estaban menos confusas y dañadas que la nuestras, eran capaces de ver, oír y describir todos los misterios de un mundo invisible para los ojos modernos.

Dante en sus sueños pudo mirar la puerta del infierno (la divina comedia)
“Tal vez algunos de nosotros tienen que atravesar caminos oscuros y desviados antes de poder encontrar el río de la paz o el camino alto al destino del alma.”
Por mí se va a la ciudad del llanto;
Por mí se va al eterno dolor;
Por mí se va hacia la raza condenada.


Héroe, superhombre, decisión u opción
“Una multitud de hombres y mujeres escogen el camino menos aventurado de las rutinas cívicas y tribales relati¬vamente inconscientes”

Primero el héroe descendía de una deidad y un mortal o viceversa, era una especie de Semidiós; después se convirtió en un personaje eminente que encarna la quinta esencia de las cualidades valoradas en su cultura de origen, así mismo en pleno siglo XXI un héroe es aquel ser que posee habilidades sobrehumanas, poderes, rasgos de personalidad que la misma sociedad ha idealizado.

“Piedad es el sentimiento que paraliza el ánimo en pre¬sencia de todo lo que hay de grave y constante en los su¬frimientos humanos y lo une con el ser paciente. Terror es el sentimiento que paraliza el ánimo en presencia de todo lo que hay de grave y constante en los sufrimientos huma¬nos y lo une con la causa secreta.”

Tenemos tantas historias sobre los héroes que nos han abierto la puerta la imaginación, que seria grosero de mi parte no nombrar a algunos, por ejemplo:

Jesús, David, Leónidas, Aquiles, Ulises, Batman, el capitán América, los estadunidenses y los rusos en el holocausto, los incomparables X-men, los 4 fantásticos, la hormiga atómica, Hércules, Narciso, Perseo, los caballeros del zodiaco, Popeye, bala bla bla…

La tra¬vesía del héroe mitológico puede ser, incidentalmente, con¬creta, pero fundamentalmente es interior, en profundidades donde se vencen oscuras resistencias, donde reviven fuerzas olvidadas y perdidas por largo tiempo que se preparan para la transfiguración del mundo.

La llamada a la aventura, sucede en el lugar más remoto o en el lugar público más visible, La negativa a la llamada puede ser una alternativa pero pocas veces se toma, regularmente nuestras opciones no son muchas y decidimos decir “va”, la ayuda sobre natural viene de quien mensos esperamos.

¿Qué tal si son solo alucinaciones?

Árboles que hablan (por lo menos nos llevan una ventaja de muchos años adelante de nosotros), Ártemis, Basilisco, Los boggarts, los Bogies, los elfos, los Bokwus, los gnomos, los enanos, los duendes, los centauros (habitaban cerca de Grecia),El eco (todos los conocemos, el punto es que solo hemos escuchado ella era la ninfa de la familia oréades), las esfinges (cada cultura le ha dado su significado), los golpeadores (los mineros no encontraban los minerales solos),las hadas, el infierno, el hombre verde (mejor conocido como Hulk, solo que con variaciones a la historia primaria), los leprechauns, los chaneques (en cada casa hay uno), la mandrágora, mimis, los minotauros, las ninfas, Satán (hemos sentido su presencia), los trollas hay épocas en las que se ponen de moda),los unicornios (toda princesa ha visto uno) y Zaltys (esta serpiente si me va a dar buena suerte).

La ayuda llega de donde menos lo esperamos…

Lugares que no saben a ciencia cierta si existieron, leyeron la historia, los conmovió, prepararon a muchos héroes y ahora buscan esos lugares maravillosos.

Atlántida, Avalon, Balnibarbi, Camelot, Casa de los cazadores, Cementerios de elefantes, Centro de la tierra, Ciudad de monos, el dorado, fuente de la juventud, el castillo de la gata blanca, isla del tesoro, la isla del viejo mar, la isla de la muerte, Kôr, liliput, las minas del Rey salomón, la montaña de azúcar, montaña de monos, Quivera, el país de las maravillas, La mansión del sapo, Zenda y Vinolandia.

La diferencia entre los seres humanos y los demás animales es, que nosotros dedicamos mucho tiempo a conseguir que los objetos inanimados nos obedezcan, los otros animales construyen viviendas, crean artefactos útiles y aceptan al resto del mundo tal y como es.

Un mago moderno, científico, psicólogo y otros pueden hablar eruditamente, de cosas como la sinapsis eléctrica en el interior del cerebro pero ¿Quién las invento? En el cosmos existe un equilibrio entre buenos y malos, que influye en nosotros y todo lo que nos rodea.

Hay tantos mitos en el aire, y podría seguir enumerando tantos que me pasan por la cabeza, algunos que conozco y otros que simplemente me dan curiosidad, que no acabaría o tal vez sí; pero mi texto ya sería muy largo (más largo).

Aunque la tesis de Campbell no es original pues ha sido tomada ya por varios autores, la forma en que lo hizo me pareció interesante, el héroe siempre ha tenido diferente rostro y distinto nombre, ha nacido en épocas distintas y en lugares invisibles; pero siempre habrá héroes y súper héroes.

Esta obra no solo se contenta en analizar la parte psicológica del mito sino también la metafísica y esa es la parte que me lleva a pensar que el héroe somos cada uno de nosotros en busca de encontrarse a sí mismo. De este modo el ser emprende la tarea de huida y de regreso, de aquí que este libro tenga dos partes diferentes e interesantes “la aventura del héroe” y “el mundo cosmogónico”.

Este libro de Campbell, es mi forma de verlo, es curioso y aporta elementos para la reflexión, pero peca de cierta ingenuidad en ciertos planteamientos, sin embargo aporta un material interesante sobre los mitos.

Al principio titule como matrix, porque esta película representa el monomito del Héroe de las mil caras.

“Aunque se dice que la Vida no es más que un sueño y que el mundo físico no es más que un espectro, debería llamar a este sueño o espectro realidad, si, utilizando la razón correctamente, el mundo nunca nos engañara.”L.

El simulacro no es lo que oculta la verdad.
Es la verdad la que oculta que no hay verdad.
El simulacro es verdadero.

ANME 1966

UN REY, UN HOBBIT Y... CAMPBELL (Continuación)

Si el héroe ha renunciado a su vida no es para la muerte sino para alcanzar una vida más plena; no busca en su labor la disolución en la nada sino la reconstitución más profunda de su personalidad. Esta reestructuración del ego del héroe se realiza a través de las pruebas o, si se prefiere, de los retos parciales que llevarán al héroe paulatinamente hasta el final del camino. En estas pruebas el héroe se enfrenta continuamente a la muerte que nunca le alcanza pero que curte su espíritu hasta transformarlo en lo que "verdaderamente es".
Aragorn no está preparado para enfrentar a Suarón, duda de llegar a ser un buen rey, pero esta falta de preparación es también condición para llegar a estarlo, el héroe sólo se hace gracias a las pruebas que supera total o parcialmente; así llega a ser un definitivo rey. En las doce pruebas que realiza Hércules consigue su libertad, sus armas y su famosa armadura de piel de león (el león de Nemea). No sólo es que el héroe hace las pruebas sino que también las pruebas hacen al héroe. Este es "El camino de las pruebas".
Campbell dedica dos apartados dentro de la fase de la iniciación al encuentro del héroe con la mujer que denomina "El encuentro con la diosa" y "La mujer como tentación". Este encuentro con lo femenino representa el matrimonio místico, el encuentro con lo más sagrado; la mujer simboliza la totalidad de lo que puede conocerse y es a veces representada por una princesa o, en ocasiones, por la Naturaleza entendida como "Alma del Mundo". La unión o fusión con la mujer en el acto sexual (implícito o explícito) representa en el mito la comunión con el Ser del mundo. Pero este encuentro con la mujer, como he dicho, también tiene su faceta negativa: "La mujer como tentación". Y es que la Naturaleza puede ser dulce y tranquila o terrible y destructiva como la madre del niño pequeño que puede representar el amor edípico o la amenaza de castración. Así el héroe se encuentra a lo femenino conjuntamente en la princesa y en la bruja, en la madrastra o en el hada madrina asumiendo en este encuentro que bien y mal, odio y amor, destrucción y construcción no son más que facetas de la misma esencia del Todo.
Huelga poner ejemplos de la presencia de la mujer en los cuentos heroicos pero, en el ejemplo de Aragorn y Tolkien, se ve claramente la importancia de la unión con lo femenino cuando el héroe busca esa "Fuerza" o “Magia” que es entendida como una potencia cósmica subyacente que mantiene y alimenta el Universo y lo vivifica (como una madre que mantiene y alimenta a sus hijos). Y a pesar de esta faceta gratificante de la Magia (representada por ejemplo en el anillo) existe otro lado violento, salvaje, terrible pero tan real como el lado luminoso de los elfos. La presencia de la mujer marca la vida de Aragorn hasta el punto de ser el sostén y empuje para este héroe; como lo era Edith para Tolkien.
Justo después del reconocimiento y la asunción de la doble faceta de lo femenino el héroe llega a "La reconciliación con el padre". Esta fase es dependiente de las anteriores; en el desarrollo infantil el niño sólo supera la animadversión hacia el padre cuando ha comprendido el papel de la madre en la unidad familiar y su relación con ella, sólo así el niño supera el complejo edípico (o de Electra según el caso). En el mito heroico ocurre algo parecido: el protagonista del mito, el héroe, se reconcilia con el padre (rey que no quiere casar a su hija) tras haberse reconciliado con lo femenino (rescatar a la princesa). El padre puede ser representado por un ogro, un dragón, un monstruo, un rey o cualquier otra cosa que tenga presa a una dama. Cuando el héroe comprende que el padre representa las facetas de sí mismo que le impiden aproximarse a lo femenino (madre, mujer, verdad...) es cuando se reconcilia con él y se reconcilia consigo mismo.
Aquiles se reconcilia con Agamenon en la guerra de Troya, Aragorn con Elrond al final de la Guerra del Anillo.
En la siguiente fase, "Apoteosis", el héroe reconciliado con el padre y la madre reconoce que ellos no son más que una realidad aparentemente polar pero realmente una. La apoteosis ocurre cuando el héroe ha superado la conceptualización dual y comprende la unidad prístina del todo, en este momento obtiene un conocimiento más profundo de la realidad y de sus múltiples formas.
La última fase de la Iniciación es "La gracia última" y sigue la dinámica mistificante de la fase anterior. La gracia última se esconde en el corazón del héroe pero es representado como el tesoro o el reino que se gana tras haber vencido al dragón (padre) y rescatado a la princesa (madre). La gracia última es "La fuente de la eternea juventud", "El vellocino de oro", "El santo grial" o "La piedra filosofal" metáfora del tesoro que guardamos cada uno de nosotros en nuestro espíritu; en el caso de Aragorn el ser coronado rey y la boda con Arwén. En palabras de Campbell:

" La agonía de romper las limitaciones personales es la agonía del crecimiento espiritual. El arte, la literatura, el mito y el culto, la filosofía y las disciplinas ascéticas son instrumentos que ayudan al individuo a pasar de sus horizontes limitados a esferas de realización siempre creciente. Conforme cruza un umbral después de otro y somete a un dragón después de otro, aumenta la estatura de la divinidad a quien él implora su más alto deseo, hasta resumir el cosmos. Finalmente, la mente rompe la esfera limitadora del cosmos hacia una realización que trasciende todas las experiencias de la forma, todos los simbolismos, todas las divinidades: la apreciación del inevitable vacío. [...] Esa fuente de vida es el corazón del individuo y dentro de sí mismo ha de encontrarla, si puede romper las capas que la cubren."
Tras haber alcanzado el triunfo en su aventura el héroe debe volver a llevar la "buena nueva" para el mundo del que partió. El primer inconveniente en este regreso es que el héroe se niega a regresar rechazando su responsabilidad: es la fase denominada "La negativa al regreso". Una vez satisfecho el anhelo ¿qué razón podría tener para volver? Este nuevo impulso asocial del héroe triunfante es finalmente superado pero con dificultad.

Ejemplo paradigmático de la fase del regreso en el monomito es "La Odisea" de Homero en la cuál el héroe griego sufre la tentación de permanecer eternamente con la ninfa Calipso en su isla (precisamente Calipso promete a Odiseo la inmortalidad si se queda con ella) pero al final Odiseo rechaza su ofrecimiento y comienza su regreso. El episodio de los lotófagos, que olvidan el deseo de regresar a su hogar, en el canto IX de la Odisea es un ejemplo más de esto.

Una vez superada la negativa al regreso el héroe emprende "La huida mágica", una huida apresurada para no ser atrapado por el sosiego reconfortante que ofrece el tesoro hallado. Esta fuga es impedida por los demonios y ángeles del Otro Mundo que quieren evitar que el héroe escape con un pedazo de ese Universo.

La ira de Hera que cae sobre Odiseo al abandonar la isla de Calipso es un nuevo ejemplo de esto. Un héroe moderno, Indiana Jones, suele encontrarse también en esta necesidad de huida presurosa: cuando coge la joya el templo se viene abajo o salta el dispositivo de una trampa que le obliga a correr. El héroe que ha conquistado el tesoro debe huir para poder salvarse a él y a su triunfo.

Campbell identifica a "El rescate del mundo exterior" como la tercera fase de este nivel. Esta fase tiene su paralelo en la fase de "La partida" denominada "La ayuda sobrenatural": de la misma manera que al iniciar la aventura el héroe necesita algún poder mágico que le auxilie en su empresa, de igual modo necesita un último apoyo para volver al mundo exterior. Así como para cruzar el umbral de entrada necesitó el amparo del Otro Mundo (de un dios, un ángel, un gnomo etc.) ahora para volver al mundo cotidiano el héroe precisa del sostén de ese Otro Mundo para subir el último peldaño de la escalera.

La huida de Odiseo de la isla de Calipso es frustrada por Poseidón que lo abate de su barca pero cuando el héroe va a ser tragado por las olas Ino, divinidad marina menor, lo salva de morir ahogado y le da una piel mágica sobre la que podrá nadar y llegar al país de los feacios (canto V de la Odisea). Este rescate del mundo exterior viene también representado en las modernas películas de aventuras por la mano que salva al héroe de caer en el último momento o por el pasadizo secreto que se abre repentinamente cuando todo parecía perdido.

En la fase siguiente "El cruce del umbral del regreso" el héroe se enfrenta a un nuevo peligro: la incomprensión por parte de sus antiguos compañeros de su misterio. El héroe ya no es él mismo y su reino "no es de este mundo"; su mensaje pronto se anquilosa y el héroe pierde su pristina pureza y se enfanga en el mundo de la cotidianidad. La palabra viva se transforma en letra muerta, en dogma, en racionalizaciones superficiales; el héroe de salvador se convierte en tirano que ha olvidado su destino... al final de su andadura se ha transformado en el Ogro con el que luchó, un Ogro que defiende un mensaje que otrora estaba preñado de vida. Pero el verdadero héroe sabrá como superar esta fase.

El destino desigual de dos iconos del siglo XX se me antoja un buen ejemplo de lo que Campbell quiso decir; me refiero a Fidel Castro y El Che. Ambos participaron en el derrocamiento de una tiranía y en la instauración de una sociedad más libre y más igualitaria; uno quedó atrapado en esta tarea y se convirtió en su celoso guarda; otro supo superar ese anquilosamiento, ese ensimismamiento en el poder terrenal y tras la instauración de una nueva sociedad prefirió ser su heraldo antes que su guardián. Y es que, de hecho, la tarea del héroe es inacabable como veremos a continuación.

Pero el auténtico héroe vence este último riesgo y es capaz de bailar entre los límites de ambos mundos: "La posesión de los dos mundos".Queda explicado en la fase anterior lo que supone esta posesión: no dejarse atrapar por el tesoro, por el mensaje, por lo conquistado; en definitiva, no dar nunca la aventura por concluida.

Valga el ejemplo de antes del Che o el ejemplo de Gollum que no puede llegar a esta fase y es dominado por su tesoro convirtiéndose en su guardián y en su prisionero.

Y llegamos al final de todo... ¿cuál es el resultado del pasaje milagroso y del regreso? Campbell responde que "Libertad para vivir". El héroe que no es atrapado por su mensaje no se diviniza o más bien sólo se hace Dios humanizándose. Esta es la libertad absoluta en la que el héroe, el hombre, nosotros mismos nos reconciliamos con la muerte y por lo tanto con la vida. La finalidad del héroe es la reconciliación total no sólo consigo mismo sino con la colectividad y con el mundo. El héroe, por eso, sólo se transforma en Dios tras su muerte y se transforma en Dios porque ha sido verdaderamente hombre.

Frodo, renunciando a la posesión del anillo consigue llegar a la Tierra de los Elfos; Jesús renunciando al Reino Terrenal sube a los Cielos; y Heracles arrojándose al fuego llega al Olimpo. La libertad suprema es el desapego supremo y la meta final de toda aventura. En palabras de Jorge Guillén:

Ser nada más. Y basta.
Es la dicha absoluta.

Joseph Campbell encuentra unos paralelismos evidentes en todas las producciones mitológicas humanas de los sitios más dispares; por esto, utiliza el concepto de monomito en su obra "El héroe de las mil caras: psicoanálisis del mito" para definir ese mito esencial o, si se prefiere, esa estructura mitológica que se repite una y otra vez desde los inicios de la humanidad.
Los símbolos mitológicos no son invenciones fabricadas artificiosamente por los hombres sino que surgen de modo espontáneo de la psique humana, de tal modo que es imposible destruirlos incluso en nuestra cultura des-mitologizada actual. El simbolismo mitológico es incluso más universal que el simbolismo del sueño ya que mientras el sueño es fruto de los conflictos internos del individuo, en cuanto tal el mito es fruto de los conflictos de los hombres en cuanto hombres; el mito tiene un carácter más des-individualizado y proyecta los conflictos a los que debe enfrentarse todo hombre y no sólo los conflictos sino también sus resoluciones. El héroe del mito es el hombre o la mujer que ha alcanzado formas humanas generales y válidas, por esto, la narración heroica facilita la evolución de los individuos hasta la vida madura y plena dentro de las sociedades en las que aún perduran esas narraciones.

Freud subrayó el drama que sufre el individuo que se enfrenta a la vida (el niño y el adolescente) y su miedo a abandonar los estadios inferiores de su evolución; Jung, por su parte, incidió en los conflictos a los que se enfrenta el adulto que paulatinamente se va acercando a la muerte. En la primera parte de nuestra existencia tememos a la vida, a sus responsabilidades, a su salvaje riqueza; en la segunda tememos la muerte y el final de todo en la disolución. Tememos primero abandonar el vientre materno y después tememos abandonar el falo de nuestras estructuras sociales anquilosadas pero seguras. Para las resoluciones del primer conflicto el niño tiene el apoyo de los felices cuentos de hadas; para la resolución del segundo y definitivo conflicto contamos con el trágico ejemplo del héroe.

El héroe es aquel individuo que asume su propia disolución de manera más que resignada gozosa y alegre: el héroe asume a la muerte y la vence en esta asunción. Como contrapartida tenemos al ogro avaro que no puede separarse de lo que es Suyo: su castillo, su hija casadera, su país o su tesoro. El ogro que el héroe vence es aquel que se aferra a su vida (lo suyo) de modo egoísta y mezquino por que no comprende la transitoriedad de los asuntos humanos y se guarece del mundo vivo en una coraza de desolación. El ogro, el dragón, el rey-tirano es esa otra contrapartida suya que el héroe debe matar para realizar su tarea. San Jorge y el Dragón conviven en lucha dentro de nosotros.

La tarea del héroe es una tarea tragicómica con un final agridulce. Todos sabemos que el cuento definitivo, la vida, no acaba felizmente sino con la muerte. El final feliz es un chascarrillo para el adulto y no le produce una satisfacción profunda sino, si acaso, superficial. Jesús de Nazaret debe morir, Frodo debe abandonar la Tierra Media; es decir, el héroe debe ir más allá, no puede aferrarse al aquí y ahora, no puede vivir "como si tal cosa"; el final feliz sólo ocurre en los cuentos de hadas pero no en el mito. Sin embargo, Campbell dice que el mito heroico es tragicómico y no trágico porque Jesús de Nazaret muere para resucitar, Frodo abandona la Tierra Media tras haberla salvado... el final de la tarea no es el de "y vivieron felices y comieron perdices" pero tampoco es la desesperación: el héroe mítico tiene que pagar un alto precio por enfrentarse a un destino que todos rehuimos. Así pues mientras que en el cuento de hadas el héroe alcanza un triunfo doméstico al ganar su felicidad, en el mito el héroe alcanza un triunfo histórico-cósmico al traer al mundo una "buena nueva". Por esto la preferencia de Campbell por el héroe mítico frente al de los cuentos de hadas.

En su forma más simple la estructura del mito del héroe es esta:

Separación del mundo cotidiano
Penetración en alguna fuente de poder
Regreso a la vida con mayor plenitud

La separación de la vida supone la ruptura del héroe con los lazos sociales convencionales: familia, religión, palacio etc. Es la fractura imprescindible para que el héroe vaya "más allá" de sus circunstancias cotidianas. Esta ruptura con lo cotidiano no suele ser grata para el héroe llegando incluso a oponerse a ella.

Como ejemplos de esta separación podemos poner la dolorosa experiencia de Aragorn al tener que separarse de Arwén. El héroe no quiere dejar su mundo cotidiano. Odiseo para no ir a la guerra de Troya finge estar loco y Aquiles se disfraza de doncella. La aventura es siempre peligrosa y la tranquilidad del hogar eternamente reconfortante. Sólo un drama o una violencia parecen convencer al héroe de la necesidad de abandonar la calidez mórbida de la rutina.

El segundo paso es la penetración en alguna fuente de poder. El héroe haya un tesoro, una sustancia milagrosa, un conocimiento sublime etc. que le hace obtener un poder suprahumano. Este parece el fin de la tarea del héroe. En la interpretación más profunda del mito, según Campbell, el héroe se encuentra a sí mismo en Dios y a Dios en sí mismo. Aunque esto puede ser discutible es evidente que este segundo paso se da en todo mito heroico.

Tolkien, para seguir con el ejemplo anterior, encuentra en la literatura la posibilidad de controlar lo que le aqueja, descubre la fuente del poder que en realidad está en sí mismo. Odiseo y Aquiles, a un altísimo precio, alcanza el sueño de los héroes homéricos: "la gloria y fama inmortal".

En tercer y último lugar está el retorno del héroe. Otra fase que viene acompañada por la dificultad ya que, una vez alcanzada la fuente del poder ¿qué razón hay para volver al mundo de la experiencia ordinaria? Es la necesidad de llevar a la comunidad los frutos conquistados. Es recurrente, dice Campbell, que el héroe se resista a este último paso pero que al final ceda por las circunstancias que sean.

Jesús de Nazaret antes de hacer su sacrificio redentor para los cristianos suspiró en el monte de los olivos "Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz" (Lucas 22, 42). Por su parte, Skywalker se apresura a abandonar a Yoda cuando siente el peligro de sus allegados, cuando su estancia en ese mundo de perfeccionamiento en la Fuerza es perturbado por el drama y el peligro en el que caen sus amigos.

¿Cuál es la situación actual del mito del héroe? Campbell es pesimista y sugiere una época de desorientación: los mitos seculares han caído con la "muerte de todos los dioses" que diagnosticó Nietzsche. El hombre contemporáneo se encuentra atrapado en un universo simbólico personal pero no colectivo de tal modo que la tarea de autorrealización del héroe le es ajena como tarea cósmica y se le presenta sólo como tarea personal.

En mi opinión no cabe un diagnóstico tan pesimista, el desasosiego no está tan extendido como parecemos querer creer. El héroe está hoy tan presente como lo ha estado siempre pero no a través de mitologías que solían cristalizar en religiones dogmáticas sino a través de los medios de comunicación de masas: el citado Skywalker, Goku o los superheroes de los comics, encarnan hoy al héroe arquetípico que más allá de la virtud convencional luchan contra una realidad inhóspita para traer un poco más de luz y de verdad a este mundo ordinario. ¿Quién no ha colgado en su habitación o ha tenido de salvapantalla a uno de estos héroes actuales? Son estos mitos los que continúan invitándonos a esa aventura maravillosa y terrible que algunos llaman vida.

Si revisamos las cuatro funciones tradicionales de la mitología, encontraremos que en gran parte se han desvanecido. Esta es, al menos, la mirada que propone Joseph Campbell, en su Mitología Creativa.

Conclusión:

Hace una distinción para mí fundamental: la psicología alinea nuestra psiquis para poder enfrentar la vida diaria. Si bien los psicólogos utilizan las imágenes del mito como parte de su parafernalia en el proceso de describir la psiquis, los mitos son un reflejo de algo mucho más profundo: el sentido último de la trascendencia.

El autor recorre muchísimos mitos de pueblos disímiles, desde los maoríes, pasando por los sumerios, hebreos, griegos, incas. Recorre las similitudes de los procesos del héroe

El héroe en su periplo amplía su propio espacio yendo más allá de los límites. Primero logrando su propia iniciación saliendo de su mundo primario, simbolizada por la Diosa o la Madre, luego enfrentando a su padre, en un ciclo cada vez más amplio.

Magistral es la descripción del mito del Minotauro. El no aceptar el propio sacrificio a las fuerzas que uno invoca en el proceso del héroe genera la monstruosidad que tampoco el sacrificio de otros que no sea sí mismo logra aplacar. Es necesario que otro héroe irrumpa y mediante el mismo constructor del laberinto: Dédalo y la medio hermana del Minotauro: Ariadna, logra romper la maldición creada por el héroe que no quiso hacer el sacrificio correspondiente; el rey Minos.

En lo particular estas observaciones de Campbell fueron extremadamente aclaradoras. Me dieron una perspectiva que antes no poseía de los mitos y de sus símbolos.

Además, al leer el libro uno acopia conocimientos múltiples, de mitología, diversas culturas, creencias y es patente lo inabarcable de la cultura del hombre.

Un libro asombroso para leer muchas veces, estudiarlo, recorrerlo, aprenderlo.

Un libro imprescindible.

Sopa para Héroes


Sopa para Héroes


¿Quién eres?, ¿De dónde vienes?, ¿Por qué estás aquí?, ¿cuántas preguntas sin respuesta rondan por tu cabeza esta tarde? ¿Y si tu presencia en este mundo tiene algún significado especial? ¿ Y si estas destinado a salvar a la humanidad? ¿Serías un héroe?
Supón que un día cualquiera, para quitarte el tedio, decidas responder a alguna de tantas interrogantes, decidas dar explicación a un mito, ¿tendrías que convertirte en héroe?… ¿cómo empezar?
Para empezar necesitas un abrelatas o una llave, una interrogante que se quiera resolver. Después encontraras una señal que nos indique que eres el elegido para resolverlo, Campbell lo nombra como “La llamada a la aventura”. Puede ser desde un teléfono que suena en una caseta pública mientras pasas, un mensajero enviado por una princesa en apuros, el email de una niñita en una isla desierta o cualquier anuncio que nos proponga cambiar de mundo y partir hacia la aventura de convertirse en héroe.
Una vez que recibiste el mensaje, quizás las ganas de ser héroe no sean suficientes para dejar la comodidad de nuestro mundo, es probable que ir a tierras o universos lejanos se muestren como algo muy peligroso e incluso entres en conflicto contigo mismo hasta decidir negarte al llamado de la aventura, lo cual seguramente se traducirá en remordimiento y después aceptarás el reto.
Muy bien, ya que te has decidido por continuar con esta aventura, la vida, el destino o cualquier fuerza sobrenatural que esté involucrada con tus creencias, te premiara con ayuda. Esto puede ser un mago, un familiar, un anillo, un conejo o un maestro que te guíe por la aventura que estás por emprender.
De la mano de las enseñanzas y con la ayuda sobrenatural que te fue provista, tendrás que cruzar el umbral, la línea donde todo lo que conoces habrá de dejarse atrás, donde lo desconocido comienza a adueñarse de tu mundo. Para algunos de los héroes quizá sea necesario auto aniquilarse o enfrentarse a sí mismos y después renacer para poder emprender el camino hacia la iniciación. Donde un sin fin de pruebas en forma de kriptonitas, monstruos, fantasmas, robots, bizarros y demás te esperan para entrenarte y prepararte hasta convertirte en un personaje apto para ser héroe pero sobre todo para enfrentarte a la más poderosa de las pruebas, el encuentro con una diosa. La diosa puede ser que te pida favores o que necesite ser salvada, con lo cual si logras pasar esta prueba, obtendrás el don del amor que es la vida misma. Una vez probados los dones del amor, de la vida, lo que conocías como tu verdad y tu realidad puede parecer confuso e incluso convertirse en una tentación para abandonar el camino del héroe, teniendo así que rechazar los deseos carnales si es que aún quieres convertirte en héroe.
¿Seguro que aún tienes ganas de usar capa, de salvar al mundo o de adquirir super poderes? Pues entonces prepárate para enfrentarte a tu padre, que es un símbolo poderosísimo de ti mismo, de tu maldad y tu bondad, a él no podrás vencerlo sin antes reconocerte como parte de él mismo y reconciliarte con él.
¿Pero querías ser héroe verdad? Apoteosis, elevación, iluminación… pues ahora es cuando llega el momento de la verdad, de contener al bien y al mal intentando salvar al mundo antes que a tu propio corazón, de sacrificarse con tal de obtener lo que te ha impulsado a este camino de pruebas. La apoteosis llegará y podrás ver más allá de lo conocido hasta ahora, tu mundo ya jamás volverá a verse igual pues tienes nuevos ojos. Por fin, La Gracia Ultima te será concedida, estarás listo, serás el elegido sin cometer errores ni retrasos, te sentirás invencible, inmortal, habrás conseguido pasar tus propias limitaciones.
¿Y qué, ya se te olvidó de dónde vienes?, ¿Qué, ya estás muy cómodo con tus mallitas y tu capa?, pues todavía no terminas, es tiempo de volver y compartir con el mundo del que saliste tu triunfo. ¿No quieres?, ¿Crees que nadie te va a entender? No te apures mi héroe novel, de todas formas que sería de un héroe sin retos. Regresaras a tu mundo, pero recuerda que el camino de regreso jamás es igual al de ida, esta vez ya tienes tus poderes y te permitirán una huida mágica en caso de que algo te lo impida o que te parecería ser rescatado por algún ser del mundo exterior y eso te lleve de regreso. De cualquier manera, al cruzar el umbral, serás recibido como héroe y podrás saberte dueño de ambos mundos, el humano y el divino. Puede parecer difícil pues tendrás que adaptarte de nuevo a esta vida que ya conocías pero que ahora no puedes vivir de la misma manera pues ya no eres el mismo. Una vez adaptado, tendrás la libertad para vivir y compartir tu verdad sobre el mito.

Joseph Campbell seguramente se hizo alguna de estas preguntas y se dedicó a investigar entre todas las historias donde aparecen héroes y mitos que han sobrevivido a lo largo de los años. Una vez que reunió todos los ingredientes, como si fueran las espinacas de Popeye, enlató cuidadosamente en su libro la fórmula del Héroe de las Mil Caras. Mismo que se ha convertido en mito gracias a diversos artistas como George Lucas y JK Rowlings que han dado vida de héroes a sus personajes siguiendo consejos de Campbell.

DE UN REY, UN HOBBIT... Y CAMPBELL


Hace miles de años los antiguos pueblos contaban historias maravillosas. Historias que, a pese al devenir del tiempo, se han conservado dentro del inconsciente colectivo de la humanidad. Estas imágenes, que los estudiosos llamaron mitos, son sin lugar a dudas la puerta de acceso al aspecto más profundo del espíritu humano: sus miedos, sus sueños, pasiones, entre otros, no menos importantes.

En este libro Campbell desde el psicoanálisis yungiano intenta desentrañar el significado del mito y explicar las extrañas similitudes de todas las narraciones mitológicas que conocemos: cuentos populares, sagas heroicas, vidas de santos o iluminados etc. Pero esta obra no se contenta con analizar únicamente la faceta psicológica del mito sino que en la segunda parte también analiza su faceta espiritual.

El héroe somos cada uno de nosotros que busca encontrarse a sí mismo. El último encuentro es con el Ser del Mundo que está en cada uno de nosotros.

De este modo el individuo realiza una tarea de huida y regreso, por un lado sale de su casa hacia el mundo externo y, por otro, regresa al final de su periplo a reencontrarse consigo mismo, a reencontrarse con la realidad última.

De aquí que este libro tenga dos partes diferenciadas: una primera titulada "La aventura del héroe" en la que se narra esta aventura como un proceso psicológico de autodesarrollo; y una segunda parte titulada "El ciclo cosmogónico" que analiza la tarea del héroe como un autoconocimiento metafísico en vez de psicológico en donde, como ya he dicho, el individuo se encuentra con que su sí mismo es el Sí-Mismo del cosmos.

Globalmente, la obra aporta un material interesante sobre los mitos de otras culturas y es, en cualquier caso, una perspectiva hermenéutica sobre el mito a tener en cuenta. Y aquí resultan pertinentes las palabras del propio Campbell:

"La mitología ha sido interpretada por el intelecto moderno como un torpe esfuerzo primitivo para explicar el mundo de la naturaleza (Frazer); como una producción de fantasía poética de los tiempos prehistóricos, mal entendida por las edades posteriores (Müller); como un sustitutivo de la instrucción alegórica para amoldar el individuo a su grupo (Durkheim); como un sueño colectivo, sintomático de las urgencias arquetípicas dentro de las profundidades de la psique humana (Jung); como el vehículo tradicional de las intuiciones metafísicas más profundas del hombre (Coomaraswamy); y como la Revelación de Dios a Sus hijos (la Iglesia). La mitología es todo esto. Los diferentes juicios están determinados por los diferentes puntos de vistas de los jueces. Pues cuando se la investiga en términos no de lo que es, sino de cómo funciona, de cómo ha servido a la especie humana en el pasado y de cómo puede servirle ahora, la mitología se muestra tan accesible como la vida misma a las obsesiones y necesidades del individuo, la raza y la época."

Joseph Campbell en su obra "El héroe de las mil caras" sostiene que la tarea del héroe es el proceso de desarrollo, psicológico e incluso metafísico, que sufrimos cada uno de nosotros. El mito del héroe es, por lo tanto, un arquetipo universal que se repite en todas las culturas con diversas variantes: el rey Arturo, Arjuna (o en el caso que voy a retratar) los diversos héroes de J. R. R. Tolkien e inclusive él mismo; tienen más similitudes de las que podemos imaginar; en este trabajo analizaré este proceso con las fases que describe Campbell en la obra ya citada.

"El héroe mitológico abandona su choza o castillo, es atraído, llevado, o avanza voluntariamente hacia el umbral de la aventura. Allí encuentra la presencia de una sombra que cuida el paso. El héroe puede derrotar o conciliar esta fuerza y entrar vivo al reino de la oscuridad (batalla con el hermano, batalla con el dragón; ofertorio, encantamiento), o puede ser muerto por el oponente y descender a la muerte (desmembramiento, crucifixión). Detrás del umbral, después, el héroe avanza a través de un mundo de fuerzas poco familiares y sin embargo extrañamente íntimas, algunas de las cuales lo amenazan peligrosamente (pruebas), otras le dan ayuda mágica (auxiliares). Cuando llega el nadir del periplo mitológico, pasa por una prueba suprema y recibe su recompensa. El triunfo puede ser representado como la unión sexual del héroe con la diosa madre del mundo (matrimonio sagrado), el reconocimiento del padre-creador (concordia con el padre), su propia divinización (apoteosis) o también, si las fuerzas le han permanecido hostiles, el robo del don que ha venido a ganar (robo de su desposada, robo del fuego); intrínsecamente es la expansión de la conciencia y por ende del ser (iluminación, transfiguración, libertad). El trabajo final es el del regreso. Si las fuerzas han bendecido al héroe, ahora éste se mueve bajo su protección (emisario); si no, huye y es perseguido (huida con transformación, huida con obstáculos). En el umbral del retorno, las fuerzas trascendentales deben permanecer atrás; el héroe vuelve a emerger del reino de la congoja (retorno, resurrección). El bien que trae restaura al mundo (elixir)."


El héroe consta de tres partes bien diferenciadas y reconocibles: La Partida, La Iniciación y El regreso.


El primer momento de la partida es precisamente "La llamada de la aventura". En la cotidianidad de la vida del héroe entra, de repente, la llamada hacia lo Otro, hacia otra realidad extraña lejana y misteriosa; en ese momento el horizonte familiar del héroe queda roto o, al menos, desquebrajado y se muestra insuficiente para colmar su anhelo. Esta ruptura con la cotidianidad hace que el heraldo de la aventura sea, en ocasiones, un ser extraño, inusual e incluso ominoso o terrible. Ahora la apacible tranquilidad del héroe queda rota para siempre.


Antes de hacer la comparación, adjunto la siguiente biografía de J. R. R. Tolkien:


John Ronald Reuel Tolkien nació el 3 de enero del año 1892 en la localidad Surafricana de Bloemfontein. Su madre, de origen Inglés, decidió llevarse a él y a su hermano Hilary, nacido un año después, de vuelta a Inglaterra, concretamente a Birmingham, en abril del año 1895, mientras que su padre, Arthur Tolkien, permanecía en Sudáfrica.

En noviembre, su familia supo que había contraído fiebre reumática, lo que aplazó sus planes de viaje teniendo en cuenta que para el tratamiento de la enfermedad sería mucho más apropiado el clima surafricano. Las navidades pasaron sin novedades en su estado de salud, pero el 15 de febrero de 1896, poco antes de que su esposa se embarcase hacia Bloemfontein, ésta recibió finalmente la noticia de la muerte de Arthur.

Aproximadamente por el año 1900, J. R. R. Tolkien comenzó sus estudios en la King Edward Grammar School. Sólo pasaron 4 años cuando su madre Mabel Tolkien, enferma de diabetes, murió a la pronta edad de 34 años. Ronald y su hermano fueron a vivir con una tía suya en la misma localidad.
En el año 1908 Ronald empezó su primer curso en Oxford, y cinco años mas tarde aprobó el examen Honours Moderations.

A partir de la muerte de su madre, el joven Tolkien buscó en la religión el soporte para llenar el vacío que dejó Mabel Tolkien. Humphrey Carpenter, el biógrafo de Tolkien, llegó a escribir: "...La pérdida de su madre [...] lo convirtió en un pesimista", "O mejor dicho, lo convirtió en dos personas. Él era por naturaleza un hombre de alegría casi irreprimible y con un enorme entusiasmo por la vida. Amaba la buena conversación y la actividad física. Tenía un profundo sentido del humor y gran capacidad para hacer amigos. Pero a partir de entonces, su personalidad desarrollaría una segunda faceta, más íntima, pero predominante en sus cartas y diarios, y susceptible de sufrir hondos abatimientos."

Aunque, Joseph Pearce escribió: "Tolkien aceptaba los pesares de la vida con paciente dominio de si mismo..."

Durante su vida "rural", Tolkien descubrió el amor por los árboles. Un incidente quedó grabado en su mente: "Había un sauce suspendido sobre el estanque del molino, y aprendí a trepar por él... [...] Un día lo cortaron. No hicieron nada con él. El tronco quedó allí, caído. Nunca lo olvidé". ¿No os recuerda a algo?
Los cuatro años que pasó en el campo fueron, según Tolkien, la parte más formativa, y en apariencia, más larga de su vida.

Un J. R. R. Tolkien con 22 años se promete con su novia de la infancia, Edith Bratt, y vuelve a Oxford para terminar sus estudios el año que empieza la Primera Guerra Mundial. Un hecho histórico que marcará de forma determinante su futuro como escritor.
Acabó la licenciatura con honores de primera clase en lengua y literaturas Anglosajonas, y un año después (1915) fue destinado a los fusileros de Lancashire.

En 1916 se casa con su prometida Edith Bratt, pero le llaman a filas y es destinado a Francia. Mientras estaba destinado en el Somme fue herido por una granada; volvió a Inglaterra, y mientras se recuperaba de las lesiones sufridas empezó a escribir EL SILMARILLION. Poco después, en 1917, nace su primer hijo, John. Consiguió también el ascenso a Teniente y fue destinado a Staffordshire.

Una vez finalizada la guerra vuelve con su familia y se incorpora al equipo que prepara el New English Dictionary; mientras tanto trabaja como tutor en Oxford.

En 1920 es nominado lector de lengua inglesa en la universidad de Leeds y nace su segundo hijo, Michael. En el año 1924, cuando nace su tercer hijo, Christopher, se incorpora al equipo docente cómo profesor de lengua inglesa en Leeds. Al año siguiente, él y E.V. Gordon publicaron SIR GAWAIN Y EL CABALLERO VERDE.

En una entrevista radiofónica en la BBC el 16 de diciembre de 1970, le preguntaron si él daba mucha importancia a `el hogar, el fuego, la pipa y la cama`; él respondió con una sorpresa aparentemente genuina: "¿Usted no?"

Seguidamente fue escogido profesor de Oxford, en su especialidad, comenzando su amistad con C.S. Lewis y tres años después nació su hija menor Priscilla.

En el año 1936 termina de escribir EL HOBBIT y da la conferencia "BEOWULF: LOS MONSTRUOS Y LOS CRITICOS". Al año siguiente se publica EL HOBBIT, y J. R. R. Tolkien comienza a escribir lo que se convertirá en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. En el año del inicio de la 2ª Guerra Mundial, Tolkien da la conferencia: "CUENTOS DE HADAS", y durante todo este periodo de guerra trabaja profundamente en ESDLA. Al terminar la guerra, en 1945, es elegido Merton Profesor de Lengua y Literatura inglesas en Oxford.

En 1947 envió una prueba de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS a los editores, que completó en el 1948. Un año después se publicó EDIGIO, EL GRANJERO DE HAM, pero hasta el año 1954 no se publicaron los dos primeros volúmenes de ESDLA; el tercero se publicaría al año siguiente. Es necesario mencionar la variada acogida que tuvo la publicación de ESDLA, así como ciertas críticas en torno al fascismo de su obra, teniendo en cuenta las fechas de publicación y la realidad política europea.

En 1959 J. R. R. Tolkien se jubiló como profesor. Tres años mas tarde publica LAS AVENTURAS DE TOM BOMBADIL, y dos años después ÁRBOL Y HOJA.

La verdadera historia de culto a las obras de J. R. R. Tolkien no empieza hasta 1965, cuando se publican las ediciones de bolsillo norteamericanas, muy bien recibidas en los entornos universitarios.

En 1967 se publica EL HERRERO DE WOOTTON MAJOR y THE ROAD GOES EVER ON.

Al año siguiente los Tolkien se mudan al pueblo de Poole. Tres años más tarde fallecía Edith Tolkien a la edad de 82 años. En 1972 Tolkien regresa a Oxford y recibe la Cruz del Imperio Británico de manos de la reina.

El 2 de setiembre de 1973 murió J. R. R. Tolkien a los 81 años de edad.


J. R. R. Tolkien tuvo una vida semejante a la de un héroe, posiblemente el primer rompimiento con su cotidianidad es la posible partida hacia Birmingham, lejos de su padre y la vida de la que tiene conocimiento; relacionándolo con su obra, (el más representativo personaje de la trayectoria del héroe) posiblemente sea Aragorn (pesé a no ser el hobbit o el personaje principal), quien pierde su tranquila vida alrededor de los elfos, al ver por primera vez a Arwén Undomiel.


Este esquema típico de la llamada lo podemos ver en otros personajes míticos como los profetas llamados por Yahveh (v. gr. Jonás) o como Odiseo llamado para la Guerra de Troya por Menelao y Palamedes.


A menudo en el mito, y en nuestra propia vida si lo pensamos bien, ocurre que el llamado no es escuchado, y entonces esa llamada gozosa a la aventura se transforma en una exigencia dramática y al héroe solo le quedan dos opciones: o seguir esa llamada o dejarse aniquilar. Este momento de esta fase la llama Campbell "La negativa al llamado" y denota un apego excesivo hacia el ego infantil, hacia la estructura psíquica o cultural que se nos ha presentado ya como insuficiente. Es la tentación que sufrimos todos de "quedarnos estancados"; de no seguir adelante; o de pensar "así se está bien". En nosotros esa tentación a veces es tan poderosa que nos vence, en el héroe no porque caer en ella supone, como he dicho, su aniquilación.



Siguiendo con el ejemplo de Tolkien, antes de la negativa se presenta una gran perdida, la de su madre; el impacto del árbol caído, y la preparación, sus años de estudio; para después verse destinado a los fusileros de Lancashire, prometido ya con Edith Brath; quién es la razón por la cual se niega a partir.

Más claro se encuentra en el caso de Aragorn a quien le son revelados su verdadero origen y su destino a cumplir como el rey de Minas Tirith, cuya primera reacción es de gozo y esperanza; pero tras el encuentro con Arwén Undomiel, es de desasoiego y duda; por lo tanto no atiende inmediatamente a la llamada. Odiseo también intenta desentenderse de la llamada a la aventura y Jonás de la voz de su Dios. Pero en todos estos ejemplos la negativa tuvo que retirarse, una tragedia mayor se aproxima si es desoída: en Odiseo el peligro de matar a Telémaco con el arado; y en Jonás ser tragado por la ballena.


En Aragorn no es precisamente una perdida, sino que es la eminente guerra contra Suarón, la aparición del Anillo único, la formación de la Comunidad del Anillo; donde a él no le queda otra opción más que partir. En el libro La Comunidad del Anillo, ante el se presentan una perdida relevantes para su camino: la muerte de Boromir hijo de Denethor senescal de Minas Tirith; quién representa a la humanidad que requiere de su liderazgo, para combatir en la batalla final. En las Dos Torres, se presenta ante él, el estado de sumisión y de abandono de Rohan, lo cual lo afecta terriblemente y lo lleva ha aceptar su destino. Sí retomamos la biografía de Tolkien sería la perdida de su mejor amigo en las trincheras.


Desoír el llamado de lo maravilloso nos condena irremisiblemente.


Una vez aceptada la llamada el futuro se le presenta al héroe como algo terrible, misterioso y casi insuperable para él; sólo gracias a una ayuda externa y sobrenatural que le otorga algún amuleto o instrumento de poder que le ayudará en la aventura puede el héroe acopiarse de fuerzas para su empresa. Esta fase es denominada por Campbell "La ayuda sobrenatural". Una vez que el héroe asume su destino el Universo parece conjurarse para que alcance su objetivo.


Continuando con el ejemplo de Aragorn, la ayuda divina proviene principalmente de dos elementos: Aragorn recibe la ayuda de Gandalf el mago durante la Comunidad del Anillo y parte de las Dos Torres. Así como también recibe la espada Andúril a manos de Elrond tras la batalla del abismo de Helm. O valga también el ejemplo de Aquiles que una vez que decide finalmente retomar las armas y enfrentarse a Héctor recibe las armaduras de Hefesto de mano de su madre Tetis.

Ya en posesión de una nueva fuerza el héroe debe enfrentarse a "El cruce del umbral". Este umbral es la puerta abierta a lo desconocido, en este punto empieza la verdadera aventura y el primer peligro se le hace presente al héroe. Funciona algo así como una segunda ruptura con lo cotidiano pero esta vez radical y sin retorno; una vez pasado el umbral el héroe no puede volverse atrás. La aventura es siempre pasar de lo conocido a lo desconocido por lo que no es extraño que la frontera entre esos dos mundos esté protegida por un dragón, por un ogro o un monstruo.


Aragorn, debe de pasar por el Sendero de los Muertos y llamar al ejército que traiciono Isildur, ejército que le ayudará para capturar la Flota de Pelagir; lo cual hace y es un golpe decisivo en la defensa de Minas Tirith; es un ejemplo de este cruce del umbral: una lucha que implica un no retorno en su adiestramiento y un conocimiento profundo del misterio. Campbell utiliza las Simplégades de los Argonautas como ejemplo de este cruce del umbral.


Por último, se puede decir que el héroe cuando cruza el umbral ha roto definitivamente con su mundo cotidiano, es decir, ha muerto, ha dejado atrás para siempre la vida común. Está ya en el reino de la aventura que Campbell llama "El vientre de la ballena" es decir, entra de lleno en la iniciación de su renacimiento.


Hércules, sin ir más lejos, tras matar a sus hijos (renuncia a la cotidianidad) debe renunciar a sí mismo y someterse a su rival Euristeo para emprender los doce trabajos que le harán famoso. Lo mismo ocurre con Aragorn quien deja atrás su vida de montaraz para ser rey; y posiblemente lo mismo le ocurre a Tolkien quién tras la guerra no es simplemente el hombre de letras, sino algo más.

Si el héroe ha renunciado a su vida no es para la muerte sino para alcanzar una vida más plena; no busca en su labor la disolución en la nada sino la reconstitución más profunda de su personalidad. Esta reestructuración del ego del héroe se realiza a través de las pruebas o, si se prefiere, de los retos parciales que llevarán al héroe paulatinamente hasta el final del camino. En estas pruebas el héroe se enfrenta continuamente a la muerte que nunca le alcanza pero que curte su espíritu hasta transformarlo en lo que "verdaderamente es".


(Continuará, en unos minutos)


Andrea Díaz Martínez

No. de cta. 1983

lunes, 22 de septiembre de 2008

Escribir es un oficio que desafía al oficio

Hola, jóvenes promesas de la literatura nacional:

Les convido este interesante texto de la escritora Zadie Smith. Esto nos dará pie para que el próximo miércoles hablemos del estilo.

Saludos.

Guillermo Vega Z.

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Fracasar mejor

Por Zadie Smith

http://hermanocerdo.anarchyweb.org/index.php/2008/09/fracasar-mejor/

1. La historia de Clive

Quiero que piensen en un joven llamado Clive. Clive tiene una misión literaria que nos resulta familiar: quiere escribir la novela perfecta. Clive posee bastantes cualidades: es inteligente y leído, ha estudiado la escritura contemporánea y ve con claridad en lo que han fallado sus contemporáneos, ha leído muchísima teoría literaria, esas pistas elegantes para novelas aún no escritas, y ya está preparado para construir una casa propia de palabras que no ha de tener paralelo. Puede que Clive, incluso, enseñe novelas, las diseccione y las vuelve a juntar. Si escribir es un trabajo artesanal, tiene todas las herramientas, todas las habilidades. Clive está preparado. Prepara un espacio en su casa, invierte en una silla ergonómica y se sienta frente a la posibilidad en blanco de un procesador de textos. Flotando sobre su escritorio ve el esquema perfecto de su novela platónica. Todo lo que tiene que hacer es hacerla descender del éter a lo real. Se emociona. Comienza.

Adelantémonos tres años. A pesar de todos los esfuerzos de Clive, la novela que trajo a la existencia no es la novela perfecta que flotaba tan tentadora sobre su pantalla. Es un pobre simulacro, la sombra de una sombra. En el camino que va del sueño a la realidad ha perdido su aura de perfección. Su forma ha cambiado, es irreconocible. Algo pasó en el proceso, algo casi imposible de articular. Por ejemplo, cuando se trataba de dar forma al personaje de la economista corrupta que trabaja para el gobierno, María Gómez, que es vital para el tema central de Clive de la corrupción en la política americana, descubrió que necesitaba algo más que “las palabras correctas” o “saber de economía”. María Gómez demuestra las ideas de Clive sobre el sueño americano roto, pero, por otra parte, inefable, no resulta tan convincente como Clive quería. Para él fue difícil meterse en su blusa de seda, en su falda. Incluso meterse en su piel. Y después, intentado describir el matrimonio de María, Clive descubrió que quería escribir aforismos inteligentes sobre el Matrimonio, con mayúscula, en lugar de describir el matrimonio de María, algo que, pensando en su propio matrimonio, parecía, de repente, una tarea monumental y más si su propia esposa, Karina, iba a leerlo. Y así un millón de ejemplos. Fallas que no son simplemente fallas de lenguaje o diseño, sino fallas … ¿de qué? ¿De Clive? Ese pensamiento le preocupa. Y después otro, bastante más oscuro, llega. ¿Podría ser que, de ser él el lector, y no el escritor, de su novela, pensara que es un fracaso?

Clive no se detiene en tales pensamientos mucho tiempo. Su libro consigue un agente, su agente consigue un editor, su novela sale al mundo. La reciben bien. Resulta que el libro de Clive huele a literatura y parece literatura y quizá, incluso, se siente como literatura y, al rato, Clive ya casi ha olvidado ese extraño sentimiento de falsedad, de traición a sí mismo, que su primera novela le provocara. Clive no sólo se vuelve un fanático de su novela sino su gran defensor. Si un crítico señala una indulgencia por aquí, un pasaje flojo por allá, Clive explica que eso era, simplemente, lo que deseaba. Todo está hecho para conseguir un efecto. De hecho, a Clive no le importan esas críticas: minucias como esas no son nada comparadas con ese sentimiento desolador de que su primera novela no sólo no era buena sino que era falsa. Nadie le acusa de eso. Los críticos, cuando critican, hablan del andamiaje, de la pintura de la novela, de una mala metáfora, de un fragmento tedioso y confían en que esos detallitos se arreglarán en la siguiente obra. Y respecto a María Gómez, todos están de acuerdo en que ella es justo como cualquiera se imaginaría a una economista latina y corrupta que trabajase para el gobierno. Clive está contento y cumplido. Trabaja en la siguiente novela.

2. Un oficio que desafía al oficio.

Este es el final de cuento de Clive. Su propósito era sugerir que en algún lugar, entre la necesaria superficialidad del crítico y la deshonestidad natural de escritor, se pierde la verdad con la que podemos juzgar el éxito o el fracaso literario. Es muy difícil que los escritores hablen con franqueza sobre su propia obra y más en un mercado literario en que se necesita que no sólo sean escritores sino también productos para vender. Siempre es más fácil si se despersonaliza la pregunta. Preparando este ensayo le escribí a bastantes escritores (bajo la promesa del anonimato) para preguntarles cómo juzgaban su propio trabajo. Un escritor, poseedor de una mente filosófica y analítica, respondió convirtiendo mi sencilla pregunta en una serie más interesante:

“Siempre he pensado en lo fascinante que sería preguntarle a los escritores vivos: ‘Sin pensar en los críticos, ¿qué piensas que está mal con tu propia escritura? ¿Cómo soñabas que era el libro antes de que fuera escrito? ¿Cuáles eran tus mayores esperanzas? ¿Cómo dejaste que no se materializaran?’ Un mapa de decepciones: eso sí sería una revelación”.

Un mapa de decepciones, lo que Nabokov llamaría un buen título para una mala novela. Me parece una guía más que adecuada para la tierra en la que viven los escritores, un país que imagino como una enorme playa con los esperanzados escritores en la costa mientras su novelas perfectas se apilan en la orilla opuesta, inaccesibles. En la costa hay cientos de muelles, de “puentes de decepción”, como los llamó Joyce. Muchos escritores, con frecuencia, se mojan. Para qué mojarse si eso no le interesa a los lectores o a los críticos que sólo juzgan la novela húmeda que tienen enfrente. Pero para los que escriben novelas, lo importante, al menos, es entrar al muelle y llegar al otro lado. Para los escritores, escribir bien no es sólo oficio sino una cuestión de carácter. ¿Qué cuesta escribir bien? ¿Qué cualidades personales se necesitan? ¿Qué le falta a un mal escritor? En muchas de las profesiones humanas no nos avergüenza hacer una equivalencia entre personalidad y capacidad. ¿Por qué no hablamos de eso cuando hablamos de libros?

En mi experiencia, cuando un escritor se junta con otros escritores y la conversación se encamina a los fallos de sus diversos estilos, se puede escuchar un lenguaje un tanto diferente al de los críticos. Los escritores no dicen “no investigué lo suficiente” ni “yo pensaba que Casablanca estaba en Túnez” ni “creo que cosifiqué el concepto de femineidad”. O, al menos, no consideran que esos sean los problemas centrales. Se preocupan de cómo lo que han escrito revela lo mejor y lo peor de ellos mismos. Los escritores sienten, por ejemplo, que lo que parecen ser malas decisiones estilísticas tienen, con frecuencia, una dimensión ética. Los escritores saben que entre el ideal platónico de la novela y la novela real siempre está el maldito yo: vano, tramposo, miope, cobarde, comprometido. Por eso, escribir es un oficio que desafía al oficio: con solo oficio no se hace una buena novela. Es difícil que los escritores jóvenes, como Clive, lo entiendan al principio. Un ebanista con oficio hace buenos muebles, y un zapatero con oficio arregla bien los zapatos, pero los escritores con oficio rara vez escriben buenos libros y casi nunca grandes obras. Hay un elemento malvado en todo esto: por conveniencia lo llamaremos el “yo” aunque, en tiempos menos metafísicos, con el “alma” hubiera servido. En nuestras conversaciones públicas sobre literatura somos bastantes puritanos sobre la relación entre el yo y las novelas. Nos repele la idea de que escribir ficción sea, entre otras cosas, una cuestión de carácter. Nos gusta pensar en la ficción como un lugar para jugar con el lenguaje, independiente de quien lo organice. Por eso, en la imaginación pública, la confesión “no dije la verdad” significa fracaso cuando lo dice James Frey y no significa nada cuando lo dice John Updike. Creo que lo que piensan los escritores es diferente. Aunque lo decimos en público muy pocas veces, sabemos que nuestras novelas no están desconectadas de nosotros como le gustaría imaginar al lector y nosotros pretendemos. Es esta faceta íntima del fracaso literario lo que es interesante, el modo en que los escritores fracasan según sus propios términos: privados, difíciles de expresar, totalmente fuera de lugar en la atmósfera regulatoria de las críticas o la interrogación objetiva de los seminarios y, aún así, verdadero.

3. Lo que saben los escritores.

Primero lo primero: los escritores no tienen un conocimiento ni perfecto ni superior sobre la cualidad, ni sobre nada, de su propio trabajo. Dios sabe que muchos escritores, incluso, se engañan sobre su propio talento. Pero los escritores tienen un conocimiento diferente al de los profesores o los críticos. Ocasionalmente vale la pena escucharlos. La visión interna de quien practica la profesión es, para bien o para mal, única. Es lo que se encuentra en la crítica de Virginia Woolf, de Iris Murdoch, de Roland Barthes. Lo que une a esos críticos tan diferentes es la confianza en que todos ellos han hecho la conexión entre personalidad y prosa. Por decirlo claramente: la suya no es crítica biográfica en sentido estricto ni tampoco crítica moral, y nada de lo que escriben puede reducirse a formulaciones infantiles del tipo “sólo los hombres buenos escriben libros buenos” o “uno debe entender la vida del escritor para entender su obra”. Pero tampoco piensan que la personalidad del escritor sea irrelevante. Entienden el estilo, precisamente, como una expresión de la personalidad, en su sentido más amplio. La personalidad de un escritor es su modo de estar en el mundo: su escritura es un trazo innegable de ese modo. Cuando se entiende el estilo en esos términos, no se piensa en él sólo como una sintaxis asombrosa, como la guinda en un pastel literario, ni como el resultado incontrolable de alguna misteriosa imbricación con el lenguaje. El estilo ha de verse como una necesidad personal, como la única expresión posible de una conciencia humana individual. El estilo es el modo de un escritor de decir la verdad. El éxito literario, o el fracaso, depende no sólo de la disposición de las palabras en la página sino de la disposición de la conciencia, lo que Aristóteles llamaba la educación de las emociones.

4. Tradición contra el talento individual.

Pero antes de que sigamos por ese camino, se alza T.S. Eliot, el más distinguido de nuestros críticos-escritores. En su famoso ensayo de 1919, “La tradición y el talento individual”, Eliot menospreció la idea de conciencia individual, de la personalidad, en la escritura. Apenas existe algo así, reclamaba, y lo que había de eso no era interesante. Para Eliot, los aspectos más individuales y exitosos de la obra de un escritor son precisamente esos lugares en que sus ancestros literarios se han asegurado con mayor fuerza la inmortalidad. El poeta y su personalidad son irrelevantes, la poesía lo es todo y la poesía sólo puede entenderse a través del cristal de la historia literaria. Ese ensayo está escrito en un estilo tan elevado, con tal autoridad, que aunque la experiencia como escritor sea opuesta, uno se siente intimidado a creérselo. “La poesía,” dice Eliot, “no es soltar la emoción sino un escape de ella; no es la expresión de la personalidad sino un escape de la personalidad”. “La progresión de un artista,” dice Eliot, “es un sacrificio continuo, un extinción constante de la personalidad”. Estos credos parecen tan impersonales, tan desinteresados, que es fácil olvidar que el joven crítico preparaba las camas en las que el joven poeta se acostaría. Y Eliot necesitaba -dado los complicado y escandaloso de su vida privada y lo poco que le gustaba que se entrometieran en ella- separar radicalmente lo personal de lo poético. Tan preocupado como estaba de mantener su privacidad que durante todo el ensayo usa la palabra personalidad simplemente como el recuento de los hechos biográficos.

Pero esa es una visión estrecha. La personalidad es mucho más que el detalle autobiográfico; es nuestro modo de procesar el mundo, nuestro modo de ser y no puede separarse del resto de muestras actividades. Es nuestro modo de actuar.

Eliot puede que fuera un tanto rudo en su defensa de la impersonalidad en su escritura en el sentido superficial (si por eso entendemos que no relevara detalles personales como el hecho de que había encerrado a su esposa en un manicomio) pero nunca había estado tan influido el trabajo de un escritor por su personalidad, por sus creencias sobre la naturaleza del mundo. Al resaltar ese elemento de su trabajo como modelo de la impersonalidad, una devoción por la tradición, esa devoción es la misma definición de la personalidad en la escritura. Las elecciones que hace un escritor dentro de la tradición, preferir a Milton sobre Moliere, preocuparse más de Barth que de Barthelme, constituyen la información más personal que podemos tener sobre él.

No hay duda de que el ensayo de Eliot, con su promesa de “detenerse en las fronteras de la metafísica y el misticismo”, es una brillante demarcación de lo que está propiamente dentro de lo dicho, o como él escribe, “la persona responsable que está interesada en la poesía”. Propone una frontera bastante razonable entre lo que podemos y no podemos decir sobre un escrito sin avergonzarnos. Eliot era honesto cuando quería que las dos, la escritura y la crítica, se acercaran a la ciencia. Comparó, en una formulación ya famosa, al escritor con un pedazo de platino introducido en una cámara que contiene oxígeno y dióxido de sulfuro. Esta analogía ha resultado ser una aspiración útil para los críticos. Eso ha permitido que se crea en el escritor como un catalizador, que entra a una tradición, realiza un truco de recombinación con significado y no deja el más mínimo trazo de sí mismo o, al menos, ninguno del que crítico tenga que preocuparse. La analogía de Eliot liberó a los críticos para que se dedicaran a la crítica independiente, radicalmente creativa y no biográfica con la que habían soñado y a las que sentían que tenían derecho. Para los escritores, sin embargo, la analogía de Eliot no funciona. La escritura no es una ciencia objetiva y los escritores tienen, además de tradiciones, personalidades que entender y asimilar. Es verdad que, como Eliot propone, los escritores tienen que entender sus culturas y los libros del pasado, pero también existe la innegable existencia propia y que también requiere cuidado y desarrollo. El propio ser no es como el platino. Deja rastros por todas partes. Que Eliot no quisiera hablar de él, no quiere decir que no existiera.

5. Escribir como traición a uno mismo.

Regresando a mi sencillo argumento que es que los escritores tienen una personalidad propia y que su desarrollo o cualquier cosa que le afecte, juega un papel importante en su éxito literario o en su fracaso. Este hecho vergonzoso no le sirve de nada al profesor o al crítico, pero para los escritores es de una importancia suprema. El poeta Adam Zagajeswski habla de eso en un poema:

Es pequeño y no más visible que el grillo

En agosto. Le gusta disfrazarse, enmascararse

Como a todos los enanos. Habita

Entre bloques de granito, entre verdades

Que sirven. Se acomoda incluso

Bajo una curita, bajo el adhesivo. Ni los oficiales de aduanas

Ni los perros más entrenados lo encuentran. Entre himnos,

Entre alianzas, se esconde.

Para mí, la escritura siempre es el intento de que esa personalidad elusiva y de mil facetas se revele y aún así su revelación total, como sugiere Zagajewski, es una quimera imposible. Es imposible representar toda la verdad de todas nuestras experiencias. De hecho, es imposible saber qué significa eso aunque nos aferramos insistentes a tener una idea de cómo sería del mismo modo que Platón se aferraba a la idea de las formas. Cuando escribimos tenemos una idea de la revelación total de la verdad, pero no nos damos cuenta. Y por eso, como sustitución, cada escritor se pregunta con qué verdades que le sean útiles puede vivir, qué alianzas son lo suficientemente fuertes como para aferrarse a ellas. La respuesta a todas esas cuestiones es lo que separa a los experimentalistas de los llamados “realistas”, a los cómicos de los trágicos, a los poetas de los novelistas. ¿Cómo, se pregunta el escritor, puedo describir del modo más verdadero el mundo tal y como es experimentado por mí en concreto? Y es desde ese punto de partida desde el que cada escritor sale para establecer un compromiso individual consigo mismo que es siempre un compromiso con la verdad hasta donde sea posible que uno la conozca. Por eso el sentimiento más común cuando uno relee su propia obra es el Prufrock: “No es esto… no es esto lo que quería decir”. Escribir sabe a traición, a fracaso.

6. Escribir como inautenticidad.

Otro novelista, en otro correo, me hacía la siguiente pregunta “¿cómo se define el fracaso literario?”

Una vez un alumno de preparatoria me preguntó en Chennai por qué tenía tantas ganas de agradar. Así es como defino el fracaso, algo que se hace para lo que Heidegger llamaba “Das Mann”, ese “ellos” indeterminado que se asoma por encima del hombro, cegando el sentido del juicio. Lo que él, no yo, llamaría autenticidad.

Los novelistas, como yo y supongo que como todos lo que ha crecido bajo el signo de la posmodernidad, son escépticos del concepto de autenticidad, especialmente de lo que se ha dado en llamar “autenticidad cultural”. Es más, ¿quién de nosotros puede ser más o menos auténtico de lo que es? Se nos enseña que la autenticidad no tenía sentido. Visto lo visto, ¿como asumir el hecho de que, como escritores, al fracasar el fracaso más profundo, el más auténtico es el de la traición a uno mismo?

Suena grandilocuente: quizá sea mejor empezar con el mínimo común denominador del de la traición literaria, el favorito de los críticos, el cliché. ¿Qué es el cliché sino el lenguaje que pasa hasta Das Mann, utilizado y reutilizado miles de veces antes de llegar a uno, y que nunca es el lenguaje correcto para la íntima parte de la visión a transmitir? Con un cliché uno se rinde al entendimiento común, se toma un atajo, se ha re-presentado lo que resulta agradable y conocido antes que arriesgarse a lo verdadero y extraño. Es un fracaso estético y ético: por decirlo claramente, no se ha dicho la verdad. Cuando los escritores admiten fracasos, los que les gusta admitir son los pequeños. Por ejemplo, en mis personajes alguien “rebusca en su bolso”, algo es porque yo era perezoso y no me paraba a pensar en como separar el “bolso” de su viejo y persistente amigo “rebuscar”. Rebuscar en un bolso es ir sonámbulo por la frase, una traición muy pequeña, pero traición al fin y al cabo. Hablando personalmente, la verdadera razón por la que escribo es para no tener que ir caminando sonámbulo toda mi vida. Es muy fácil admitir que hay frases que nos hacen enrojecer. Resulta más complicado confrontar el hecho de que para muchos escritores habrá párrafos, personajes, libros completos, por los que se pasa sonámbulo y para los que “inautentico” es el término acertado.

7. ¿Tienen deberes los escritores?

Toda esta charla sobre la autenticidad, sobre la traición, presupone un deber, una obligación que afecta a los escritores y a los lectores. No está muy de moda hablar de cosas como el deber literario: lo que debería ser, cómo fallamos en nuestro intento de alcanzarlo. Deber no es un término literario. En estos días cuando hablamos de deberes literarios, nos referimos al punto de vista del lector como consumidor de literatura. De lo que hablamos en realidad es de derechos del consumidor. Según esos parámetros el deber del escritor es complacer a los lectores y querer hacerlo y ese deber tiene varias divisiones: el deber de ser claro, interesante e inteligente pero no oscuro, escribir con el lector promedio in mente, tener buen gusto. Pero, por encima de todo, el escritor contemporáneo tiene el deber de entretener. Los escritores que se alejan de dichas obligaciones se arriesgan a pocos lectores y el ridículo crítico. Las novelas que remiten a una visión compartida de lo que es entretenimiento, con personajes que hablan con el reconocido dialogo de las telenovelas, con argumentos que recorren caminos trillados y regresan al lector a casa sano y salvo, siempre serán bienvenidas. En esta época no es bueno, en literatura, ser una curiosidad. Los lectores parece que quieren ser representados, como en las urnas, y para hacerlo, la ficción necesita ser general, no particular. En la ficción contemporánea un escritor debe entretener y ser reconocible, cualquier otra cosa es considerada un fracaso y rechazada por los lectores.

Personalmente, no tengo nada en contra de los libros que entretienen y resultan agradables, que son claros, interesante e inteligentes, que demuestran buen gusto y que no son oscuros, pero ninguna de esas cualidades me parece a mí que sean las esenciales para la experiencia central de la ficción y aunque no estuvieran eso no anula la posibilidad de que la novela que estoy leyendo pueda cumplir todavía el único deber que me importa. Para los escritores, según lo veo yo, sólo hay un deber: el deber de expresar de modo exacto su modo de estar en el mundo. Pido perdón si esto suena genérico e impreciso. Escribir no es una ciencia y estoy hablando en los únicos términos que tengo para describir lo que intento una vez y otra (aunque falle en alcanzarlo) cuando me siento frente a la computadora.

Cuando escribo lo que estoy intentando expresar es mi manera de estar en el mundo. Este es, principalmente, un proceso de eliminación: una vez que se han removido el lenguaje muerto, los dogmas de segunda mano, las verdades que no son propias sino de otros, los lemas, los slogans, las mentiras nacionales, los mitos de la propia época histórica, una vez que se ha removido todo lo que da forma a la experiencia pero uno no reconoce ni cree, lo que queda es algo que resulta ser más o menos la verdad de una convicción propia. Eso es lo que busco cuando leo una novela: la verdad de una persona, por lo menos la parte que puede ser transmitida mediante el lenguaje. Este único deber, propiamente perseguido, produce resultados complicados y diferentes. Esto no es una llamada a la autobiografía, aunque siempre haya escritores que confundan el deseo del lector de una verdad personal con su llamado a escribir un tratado o un discurso o unas memorias apenas disfrazadas en las que ellos mismos son los héroes. La verdad de la ficción es una cuestión de perspectiva, no de autobiografía. Es lo que no puedes evitar decir si escribes bien. Es la marca de agua que corre por todo lo que haces. Es el lenguaje como revelación de una conciencia.

8. Nos negamos a ser otro.

Una gran novela es la intimación de un acontecimiento metafísico que nunca puede llegar a conocerse, no importa cuánto se viva, no importa cuánto se ame: la experiencia del mundo a través de una conciencia que no es la propia. Y no me importa si esa conciencia prefiere pasar el tiempo en salones de dibujo o en chats de internet, no me importa si usa una esquina de dorito como su protagonista o a la encantadora hija mayor de una familia burguesa, no me importa si se niega a usar la letra e o cruza cinco continentes en dos mil páginas. Lo que da unidad a las grandes novelas es la manera individual en la que articulan la experiencia y nos obligan a estar atentos, la manera en que nos despiertan del sonambulismo de nuestras vidas. Y el gran placer de la ficción es la variedad de ese proceso: la prosa de Austen nos hace estar atentos de un modo distinto y a distintas cosas que la de Wharton, el sueño del que Philip Roth nos quiere despertar cuenta como sueño aunque Pynchon sea el guardián de los sueños.

Una gran pieza de ficción puede demandar que se reconozca la realidad de su proposición más extraña, sin importar lo ajena que nos pueda resultar. También obliga a conceder la radical otredad que hay en las cosas que nos resultan más familiares. Por eso el lector con talento entiende que George Saunders es tan realista como Tolstoi, que Henry James es tan experimental como George Perec. Los grandes estilos representan un intermediario entre el “mundo” y el “yo” y el mismo hecho de que el intermediario sea diferente en calidad y cualidad de la propia conciencia es donde reside el poder de la ficción. Los escritores nos fallan cuando ese intermediario está fabricado según nuestras necesidades, cuando se rinde a las generalizaciones de la época, cuando nos ofrece un mundo que sabe que aceptaremos porque ya lo hemos visto en la televisión. La mala escritura no hace nada, no cambia nada, no educa ninguna emoción, no reconecta ningún circuito interior. Cerramos las tapas de esa novela con la misma confianza metafísica en la universalidad de nuestro intermediario con que las abrimos. Pero la gran escritura fuerza a lector a que se someta a su visión. Si se pasa la mañana leyendo a Cheéov, en la tarde, paseando por el vecindario, el mundo se ha vuelto chejoviano: la camarera del café ofrece un non-sequitur, un perro baila en la calle.

9. El sueño de una novela perfecta enloquece a los escritores.

Ese es el sueño que persigue a los escritores: el sueño de la novela perfecta. Es un sueño que sólo causa caos y tristeza. El sueño de esa novela perfecta es el sueño de una revelación perfecta del ser. En América, donde el uno está tan íntimamente tejido con lo social, su sueño de la novela perfecta se denomina “la Gran Novela Americana” y requiere la revelación del alma de una nación, no de un individuo… Aún así pienso que el principio es el mismo: a ambos lados del Atlántico soñamos con una novela que cuente la verdad de la experiencia perfectamente. Semejante revelación es imposible. Siempre será una visión parcial e incluso una visión parcial es difícil de conseguir. La razón por la que es difícil pensar en nada más que un puñado de buenas novelas es por el deber del que he estado hablando, el deber de registrar adecuadamente la verdad de la propia concepción de uno, es un deber de lo más demandante. Si, cada treinta años, la gente se queja de que sólo se han publicado unas pocas novelas de primer nivel, es porque hay muy pocas. El genio, en la ficción, siempre ha sido y siempre será muy raro. El hecho es que contar la verdad de la concepción propia -dada la naturaleza de nuestro mundo mediático, dada la naturaleza compartida y ambivalente del lenguaje, dada la naturaleza elusiva, falsaria y traicionera del yo- realmente necesita un genio, realmente demanda de su creador una integridad estética y ética que hace que los ojos de uno se humedezcan sólo de pensar en eso.

Pero no hay ninguna razón para ponerse a llorar. Si es verdad que las novelas de primera clase son raras, también es verdad que a lo que llamamos el canon literario es realmente la historia de la segunda división, el legado de los fracasos honorables. Cualquier escritor debe estar orgulloso de unirse a esa lista al igual que cualquier lector debe sentirse orgulloso de leerlos. La literatura que amamos no es más que los fragmentos de un intento, no el monumento completo. El arte está en el intento y ese modo de entender lo-que-está-fuera-de-nosotros usando sólo lo que tenemos dentro de nosotros es uno de los trabajos emocionales e intelectuales más duros que se puede hacer. Es un deber del escritor. Es un deber del lector. ¿Ya hablé de eso?

10. Nota para los lectores: una novela es una calle de dos direcciones.

Una novela es una calle de dos direcciones en la que la labor que se requiere a ambos lados es, al final, igual. Leer, cuando se hace con propiedad, es tan difícil como escribir. Realmente creo que así es. Aquellos que ponen a la lectura junto a la experiencia pasiva de ver la televisión, lo único que hacen es sobajar la lectura y a los lectores. La analogía más acertada es la del músico amateur que coloca la partitura en el atril y se prepara para tocar. Debe usar sus propias habilidades, ganadas con trabajo, para tocar esa pieza. A mayor habilidad, mayor el regalo que otorga al compositor que el compositor le otorga.

Esta es una concepción de la “lectura” de la que oímos poco. Y, sin embargo, cuando se practica la lectura, cuando se pasa tiempo con un libro, la vieja moral del esfuerzo y la recompensa es innegable. Leer es una habilidad y un arte y los lectores deben estar orgullosos de sus habilidades y no avergonzarse de cultivarla sin más razón que el hecho de que los escritores los necesitan. Para cumplir su misión, el escritor toma a un lector ideal, al tipo de lector que es lo suficientemente abierto como para permitir en su mente un retrato de una conciencia tan radicalmente diferente de la suya propia que resultaría casi ofensiva a la razón. Los lectores ideales caminan hasta el plato del estilo del escritor para que juntos, lector y escritor, saquen la pelota del campo.

Lo que digo es que un lector tiene que tener talento. De hecho, bastante talento porque incluso el lector más talentoso descubrirá que bastante de la tierra de la literatura es un terreno tramposo. Porque ¿cuántos de nosotros sentimos el mundo como lo sintió Kafka, un mundo en el que es imposible siquiera ir de un pueblo al otro? ¿Cuántos podemos imaginar un mundo sin nombres como lo hizo Borges? ¿Cuántos quieren ser tan generosos en las emociones como Dickens o tomarse tan en serio la fe como hizo Graham Greene? ¿Quién de nosotros tiene la capacidad para la alegría de Zora Neale Hurston o el estomago fuerte de Douglas Coupland? ¿Quién tiene la delicadeza de llegar al fondo de la sutil gradación de Flaubert o la paciencia y la voluntad de seguir a David Foster Wallace por sus intrincadas y reiterativas espirales del pensamiento? Las mismas habilidades que se usan para escribir se usan para leer. Los lectores les fallan a los escritores tanto como los escritores a los lectores. Los lectores fallan cuando se permiten creer en el viejo mantra de la ficción es algo en lo que uno se identifica y que los escritores son los tipos amenos a los que se busca cuando se quiere confirmar la propia visión del mundo. Esa es una de las muchas cosas que la ficción puede lograr, pero el truco está en una magia mucho más profunda. Ser mejores lectores y mejores escritores es lo que cada uno ha de demandar en el otro cada día con un poco más de fuerza.

Publicado originalmente en The Guardian el 13 de enero de 2007. Traducción de José Luís Justes Amador.

Zadie Smith nació en Inglaterra en 1975. Es autora de tres novelas: White Teeth, The Autograph Man y On Beauty.