¿Por qué Juquilitla tiene un olor peculiar a pesar de que no hay ganado, ni rastro, ni animales?
Sancrincrin
Todos recordaremos a Los Mililos por que fueron los que de alguna manera, le dieron el nombre a este pueblo. Sancrincrin como es conocido… si, el que está situado al sur del sur. Justo donde comienza la Y.
Los Mililos era una familia muy singular, se les caracterizaba en primera, por que si de juergas y aspavientos se trataba, sabias con seguridad que los Mililos andaban por ahí. Y en segunda, por que era una familia unida, empezando por los abuelos, yendo por los hijos las esposas y esposos de los hijos, hasta los hijos de los hijos y los nietos de los abuelos. Tíos hermanos cuñados cuñadas.
Si por ejemplo se hacían una fiesta comida o desayuno, todos sin excepción, acudían a dicha comilona. Vaya, no era que pasaran “algún” tiempo juntos, no, estoy hablando de que realmente eran muy unidos. Sí, no hacían nada sin que uno de los integrantes faltara.
En Sancrincrin el tiempo pasa muy rápido, y no es que se piense que entre mayor edad se tenga, mas rápido se sienta que se ha vivido. No, me refiero a que todo sucede por decirlo de alguna manera, en cámara rápida. Y los Mililos como ninguna otra familia, acentuaban más esta peculiaridad.
Siempre se les veía de un lado para el otro, unos parloteando otros riendo a carcajada suelta. Entraban y salían por la puerta principal de la casa de las pachangas, y como era muy unidos, a veces les costaba trabajo salir de ella ya que querían, por socarrones, salir al mismo tiempo. Entonces se armaba todo un espectáculo verles salir.
La abuela iba y venia con los platos haciendo casi malabares, y como estaba tan cortita de las piernas y un poco robusta, simulaba al verle, como un abanico de mano que se agita a gran velocidad.
Zascarrillo, Bonifacio, Minomino, Yuoyu Hihuyuyui, Zascale por nombrar algunos, ¡ah! y Ahyayay por ultimo. A este siempre se les olvidaba con frecuencia el nombre. Como eran tantos. Entonces acababan por preguntarle primero, ¿y tú quién eres? (Lo mas seguro es que ni de él se acordaran) para luego le responderle. ¡Ahyaya!
Entre los hijos los nietos y parientes se encontraban: Jijole, paso, paso paso, paso tercero, paso por ver, paso de aquí, paso de allá, pasu madre, paso de corrido, paso redoblado, pasu te la jalaste, pasó de panzazo, paso manchado, pasó por que tenia que pasar, ¿pasas?, ¿Pasó? Entre muchos otros pasos que andaban entre la familia.
Hasta que un día, pasó lo impensable. Todo resulto un verdadero merequetengue. Pareciera como si me lo tomara muy a la ligera, pero no, no lo piensen así, por que lo que les sucedió a los Mililos quedó para la prosperidad. Y sí, digo prosperidad, por que resultó muy prospera la cantidad ingerida.
De lo rápido que se preparaban la comida, como era costumbre, a veces se quemaba o achicharraba, o de plano, se les consumía desapareciendo totalmente el guisado.
Pero ese día no fue ni que desapareciera, ni que se quemara. Únicamente, al guisado le habían puesto condimento de más. Si como mencioné anteriormente, de lo rápido que suceden las cosas en Sancrincrin, la mano agitó varias veces de más el demás bote que contenía condimento, y en ves de ponerle lo justo, le pusieron lo ingrato. Pimienta, achiote, orégano clavo, comino, ajinomoto, papaína, paprica, chimichurri, chile curtido, chile pelado, chile parado, chile mesobas, chilito, chilote, chile Paqui, chile paca, rayulina, moscardina, arsenillo, pacacau.
Y como no, si al combinar no solo estos condimentos, sino la cantidad exorbitante que al ponerle, generaron la peor y más peligrosa arma nuclear que se pueda imaginar dentro de un estómago. A los pocos minutos sus barrigas esmeriladas rebozaban de una amplitud tal, que patas paque te quiero.
Salieron no en fila india, ni con respeto, mucho menos con cortesía, no que va, todos quisieron entrar al baño como una gran bola que se desplazaba a gran velocidad, pero que por desgracia de ellos, había solamente un baño en toda la casa.
Unos salieron arrojados por las ventanas, otros por la puerta principal, otros corrían dándole vueltas a la casa, otros brincaban y corrían, corrían y brincaban, otros se atrincheraron en la puerta del baño, otros rasgaron las paredes, otros gemían diciendo ándele ándele, y otros en bolita, en el fregadero de culos.
Les creció la panza de tal manera que ese día se oyeron enormes explosiones en el pueblo. Una tras otra, y como el sentido de unidad lo traían en la venas, trataron de que coincidiera una explosión con la otra, chaschas.
Chaschas por aquí chaschas por allá, jalea por aquí, jalea por acá y todavía, mas chaschas.
Todos habían quedado estampados en el suelo, en las paredes.
Después de un rato, el lugar quedó en calma. Únicamente se oyó el crincrin de un grillito, que lo más probable, haya presenciado aquel desagradable espectáculo.
martes, 5 de agosto de 2008
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