MARIA LUISA AGUILAR LOPEZ
1956 05-08-2008.
PARA SER NOVELISTA DE JOHN GARDNER
El conseguir este texto significó toda una odisea. La búsqueda empezó hace dos semanas cuando visité las librerías en las calles del Zócalo capitalino. Admirar la ciudad de los palacios, admirar la Plaza de la Constitución al atardecer, encontrar disturbios de ambulantes en calles aledañas. El libro estaba agotado, a lo cual supuse es un libro muy leído o tiene poca distribución. Le solicité al profe el libro porque me saldría más barato sacarle copias, pero no quiso prestármelo (no es reclamo, solo forma parte de los sucesos). Luego, no podía entrar al blog. Con llamada de ¡auxilio! Le solicité al profesor (lo siento, a Memo) de la clase Introducción a la Narrativa si me podía ayudar a bajar el libro por Internet. Días más tarde lo bajé por mi correo electrónico, por fin, ya lo tengo, al abrir el correo vi que la versión de Windows era 2007. ¡No puede seeer! La versión de mi humilde computadora es 2003, ¿Qué voy a hacer? Decidí llevar a la casa de mi madre la impresora e imprimir con la computadora de mis hermanos. Se me olvidaron las hojas blancas. Mi hermana me prestó hojas en calidad de préstamo. Cómo tuve que ir ese día a tramitar la credencial de elector, le pedí a mi hermano que si me podía instalar la impresora en su computadora y que al regresar yo imprimiría el libro. Después de 5 horas de estar en las instalaciones del Instituto Federal Electoral, regresé a la casa de mis papás, mi madre me dijo: Tu hermano ya se fue te dejó unas hojas en el escritorio. Revisé las hojas y era la impresión del libro. Al lado de estas estaba una nota que decía: Hermana tu tinta se acabo. Me dolió el codo, pues ni modo hasta la quincena compraré otra tinta. Leí las primeras páginas y me encontré un nombre extraordinario Prólogo Raymond Carver. ¿Carver? ¡O My good! Qué es esto. Hace unos meses mi exnovio me regaló tres libros de cuentos de este autor, El primero que leí fue Catedral de éste me fascinaron “El compartimiento”, “Parece una tontería” y el que lleva por título. Más adelante leí De qué hablamos cuando hablamos de amor mis favoritos son “Bolsas”, “E l baño” y Mecánica popular”. Por último leí Tres rosas amarillas de éste me hechizaron todos los cuentos. Por ese motivo cuando vi en el prólogo a Carver, dijé: El maestro. Una inmensa curiosidad se produjo el leer. Qué hacía Carver en el texto. Al ir leyendo me di cuenta que éste había sido alumno del taller de literatura creativa de John Gardner. A lo que apunté este libro promete demasiado. Porque sí, al conocer a Carver me resultaba excelso, como nombraría ahora a Gardner. Me lancé a la aventura, a querer nadar, soñar, volar, imaginar entre las líneas de este texto. A sentirme intrigada por leer una cátedra de Jonh Gardner o conocer al famoso agente del FBI con pelos de cepillo. Al encontrar la preguntas existencialistas de todo escritor ¿Cómo puedo saber si soy o no escritor? ¿A qué tipo de público quiero llegar? ¿Publicaré mis textos? Sólo sonreí. Pude reconocer algunos conflictos que tengo al redactar, me cuesta trabajo dejar de lado la música del lenguaje, según el autor esto puede volverse un inconveniente porque limita la escritura. Me reconforto saber que la escritura se puede cultivar. Creo que será necesario abandonar mis hábitos técnicos, mi obstinación y que de una probable no escritora me transforme en una probable escritora. Haciendo alusión al texto de Mónica Lavín Leo, luego estaré a la expectativa de que no me vacunen contra la escritura, apasionarme al leer, contemplar que el mundo de la escritura tenga olores, sangre, sudor y pueda correr, explotar, quejarse. A ser cómplice del lector. A que el lector siga por la historia y el argumento y el texto no se vuelva brumoso, desconcertante o aburrido. De acuerdo con Gardner es necesario delinear a los personajes, como novelista meterse en la piel de los personajes, salirse de si mismo y ver y sentir las, ver y sentir des de cualquier perspectiva humana o inhumana. Pensé que era un problema escribir sobre lo que se conoce porque resultaba algo sencillo, pero al leer me percate que si el texto es abstracto el lector termina por abandonarlo. Como escritor una de las virtudes es la aspiración de que la gente lea lo que uno escribe y por consecuencia le guste. Aunque numerosas personas cuando saben que eres escritor te dicen “Eso para que te sirve”, “Te vas a morir de hambre”, “Sólo los ricos se dedican a eso”. El mundo editorial es una encrucijada porque pueden decidir modificar la obra para publicarla, a lo cual no saben las horas nalga que le dedicaste al redactar lo que él quiere modificar. En ocasiones las palabras pueden fluir como un río, pero en otras permaneces horas frente a la hoja en blanca, pensando qué quieres escribir, cómo lo escribirás, tendrá veracidad el texto. Cuando las palabras surgen, salen o emanan entras a un estado de nirvana, un estado mágico que te lleva al objetivo, escribir, inventar, crear una historia que cobre vida cada vez que un lector se acerque por curiosidad a ella. Los momentos de la creación son momentos insólitos que dan lugar a salir del espacio y del tiempo, te olvidas del sueño, postergas el hambre y te sientas cuando amanece, si acaso ves el atardecer y sientes la sombra del anochecer. La soledad que requiere el proceso creativo, Gastón Bachelard la refiere como nuestro rincón del mundo, ese momento de libertad, intimidad, asociación de imágenes y dialéctica entre la inspiración y el talento para afiliarse a lo profundo del alma y las exuberaciones del espíritu. Como menciona Gardner Soy libre de ir esparciendo palabras como el viento de octubre esparce hojas secas. Uno puede escribir sentado, acostado, frente a la computadora o a una hoja en blanco. Todo hasta que después de tiempo viene la idea, la exaltación de aquel personaje, situación o ambiente para un texto. Trazar un esquema detallado para poder visualizar al personaje. A la hora de escribir se utilizan infinidad de borradores, lee, relee lo que uno escribió y en momentos resulta prominente y a ratos insulso. Al encontrar bloqueos es necesario dejar reposar el texto y no obstinarse en forzar la escritura. En una ocasión leí en un texto, que el autor se refería a la lectura como “la mejor recomendación que se puede hacer a un libro es mostrar que ayuda a seguir pensando”. Este libro me ha disipado dudas pero también me ha creado demasiadas preguntas para la forma de redactar obras cortas o novelas. Quiero esas recompensas espirituales. Adentrarme a ese mar de la palabra, tomar el timón con un rumbo trazado y observar las estrellas. Y después de infinitos intentos, fracasos. Empezar de nuevo, intentarlo, pero no renunciar.
martes, 5 de agosto de 2008
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