domingo, 9 de noviembre de 2008

Narcisa

Leonardo Bastida Aguilar

La espesura del vapor de agua asemejaba a los bosques nebulosos de las altas montañas. Montserrat colocó su mano sobre el espejo y le comenzó a limpiar. Envuelta en una toalla rosa, se miro rápidamente por medio de él. Desanudó su toalla. Subió una pierna sobre el borde de la tina y pasó suavemente su toalla. Inmediatamente bajo una pierna y subió la otra. Volvió a enrollarse dentro de su toalla.
El vapor comenzaba a diluirse, Montserrat volvió a mirar hacia el espejo, observó fijamente y se acercó lentamente. Limpió la poca brisa restante en el espejo. Se detuvó y miró fijamente. Su mano tocó su rostro, paso su dedo pulgar por sus labios, hizo un gesto sensual y rió. Su dedo bajo irremediablemente hasta llegar al borde de su redondo seno. Lo quito rápidamente, más la curiosidad la venció una vez más. Pasó el dedo sobre la toalla a la altura de su seno derecho. Frotó.
Intentó alejarse del espejo más algo le atraía a permanecer de pie frente a él. Su dedo inconscientemente regresó a su seno, colocó una mano sobre el lavabo y el dedo comenzó a frotar y frotar el seno. Después se sumo otro dedo y uno más hasta que su mano entera acariciaba su seno. Comenzó a tocar su otro seno. Primero de manera lenta y suave, después con mayor frenesí hasta tocar los dos de manera simultánea.
Sólo desató su toalla y la dejo caer. Una de sus manos froto su estomago lentamente hasta bajar a aquella zona de protuberancias y éxtasis. Sus dedos navegaron entre el mar de tempestuosos bellos húmedos que cubren el acceso a la fuente del desbalago y el placer intenso.
Gemidos, ¡aaah!, largos suspiros ¡aaa!, un ligero vaivén de las caderas, ojos celestiales cerrados, , respiración excitada, mejillas rojas, pezones firmes, manos inquietas, senos rojos, un dedo, dos dedos ¡aaah! ¡aaah! ¡aaaaah! ¡aaa! ¡uuff!
Montserrat limpió su sudor con la toalla, no quiso cubrirse, miro una vez más el espejo, acerco su rostro y dio un beso a su reflejo en el espejo.

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