lunes, 10 de noviembre de 2008

El Laberinto del Minotauro

Tenía el gastado tatuaje de un toro, estaba dibujado en lo que alguna vez fue un correoso pecho. Pero las mujeres y los excesos lo habían convertido en una bola de grasa libidinosa. Lo llamaban “El Minotauro”. Empezó como ratero de esquina, rodando entre las calles en lo que se consiguió un par de adictas con las cuales mercaba, hasta que se volvió chichifo. Le fue tan bien que puso un “teibol” llamado “El Laberinto”, y era famoso por tener muchos cuartos y muchas mujeres, con todo tipo de fantasías y de giros. Había de todo ahí dentro, putas, homosexuales, orgías, filias, de todo. Dicen que quien entraba ya nunca salía. Era famoso por los maratones de vicio. Uno, dos, hasta tres días duraban las fiestas ahí. Llenándose cada noche, el Minotauro se hizo de fama, y de poder. Tanto que todos los dueños de los otros negocios tenían que mandar a sus mejores prostitutas y a sus mejores gays cada nueve semanas. Literalmente, el Minotauro se los comía. Hasta los más pervertidos le tenían miedo a sus prácticas sexuales. Lo que el hacía no era humano. Se escuchaban primero gritos de placer en su cuarto oscuro, para volverse progresivamente alaridos de dolor y de terror. Nadie salía de ese cuarto, nadie. Además de un monstruo grotesco debido a su aspecto, se comentaba que las personas con las que el intimaba, nunca volvían a verse jamás. Ni por el laberinto ni por ningún otro lugar.

Esta situación lleno de odio a un bailarín amateur, al que por nombre apodaban “Deseo”. Y es que no había mujer que se resistiera a sus atributos. El padre de Deseo, harto de pagar con sus mejores mujeres al Minotauro a cambio de poder seguir en el negocio, pensaba cual sería una forma inteligente para deshacerse del Minotauro, que ya tantos negocios le había quitado.

Así que llegada la semana número nueve, Deseo decidió incluirse en el pedido para así poder llegar hasta el Laberinto y asesinar al Minotauro, sabiendo que necesitaría algún tipo de ayuda interna. Así pues y como por azares del destino, en una presentación conoció a Ariana, una desnudista joven y adicta, con la cual entabló una conversación que lo llevó a saber que ella trabajaba para el Minotauro, y al igual que el, lo despreciaba por haberla metido en aquel mundo de excesos.

Como el golpe de una aguja por la vena del brazo, Ariana quedo enamorada de Deseo, y se ofreció a darle las especificaciones de una salida de emergencia, para que una vez perpetuado el asesinato, pudieran escapar juntos. Como el Minotauro no era muy inteligente, y gracias al peculiar decorado del Laberinto, Ariana le dijo a Deseo que para encontrar dicha salida de emergencia, siguiera una serie de pistas hechas a base de la diminuta ropa interior de Ariana. Algo como hilos multicolores tirados en el piso, no serían coa extraña dentro del lugar, con tantas cosas tiradas por el piso, no era sospechoso.

Una vez llegada la nueva mercancía, el Minotauro pidió que le llevaran a todos a su cuarto oscuro. Una vez en la entrada, uno por uno fueron entrando, y los gritos sofocados invadían el pasillo por fuera. Todos pasaron por el umbral de la puerta a dicho cuarto, hasta que solo quedó Deseo. Una voz al interior bastante viciada, lo llamo por su nombre. Deseo entró sin miedo, tomó una daga que traía escondida entre sus botas negras, y acuchilló al Minotauro, que cayó al piso tan solo alumbrado por una tenue luz roja, la cual se confundía con la sangre derramada. Rápidamente Deseo salió corriendo, siguiendo ávidamente las pistas colocadas en los pasillos. Cuando sentía que no podía correr más, divisó una puerta verde al fondo de un largo pasillo, al atravesarla estaba Ariana, fumándose un cigarro. Con una breve sonrisa y antes de salir juntos de aquel infierno, conocido como el Laberinto, Deseo la tomó de la mano y mientras se iban le decía al oído; lo hice.

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