domingo, 10 de agosto de 2008

¿Una oferta por la calle?

Para ser novelista, de Gardner

Si un día, caminando por la calle, un tipo me interceptara pidiéndome “un minuto de mi valioso tiempo”, reaccionaría como cada vez que un tipo me intercepta por la calle pidiéndome lo mismo. Un rotundo “tengo prisa” es suficiente en estos casos. Seguido de un “gracias”, pronunciado con cierto sarcasmo bañado de rencor por parte de estos individuos. ¿Una tarjeta de crédito? ¿Préstamos en menos de 24 horas sin comprobar ingresos? ¿Sólo con la credencial de elector? Un timo, seguramente. Nadie, y lo repito, nadie llega con la solución para tus problemas. Sin esperar algo a cambio.

En nuestra vida, “constante sufrimiento en este valle de lágrimas”, dirían algunas personas de la tercera edad, tenemos un sinnúmero de conflictos. Aquellos materialistas, consumistas, hombres de negocios, mujeres prácticas, estudiantes de secundaria, preparatorianos, universitarios, becados, desempleados, empleados, hermanos, amigas, parejas, amantes, etc., todos tienen problemas. ¿Quién no en la actualidad? ¿Dios? Podría ser, dirían los mismos de “este valle de lágrimas”. Pero también existimos los que nos preocupamos por aspectos no necesariamente prácticos: el arte. No nos engañemos, en nuestra sociedad el arte no es algo útil, mucho menos práctico. Precisamente por eso parece una locura preocuparse por algo que no nos traerá beneficios rentables.

Para un escritor una tarjeta de crédito o un préstamo, no llamaría demasiado la atención. Nótese que dije: demasiado. ¿A quién no le despierta interés conseguir dinero de manera fácil? Pero si esta persona en la calle le dijera: tengo un libro donde dice paso por paso, junto con excelentes consejos, cómo escribir la novela que desde hace tanto deseas escribir, ¿no tendríamos un minuto de nuestro valioso tiempo para detenernos y escuchar de qué se trata? No porque de verdad lo creamos, pero si te dicen eso en la calle forzosamente despertará tu expectación. Quien lo niegue es porque está totalmente desilusionado de la vida, sin la capacidad para sorprenderse ya. Esto, perjudicial para un escritor.

El libro del que hablo no lo ofrecen por la calles. Para ser novelista, de John Gardner, ni siquiera se consigue en las librerías más importantes de nuestra ciudad. Considerando que nuestra ciudad es el centro intelectual de México, podemos empezar a deprimirnos porque material de esta naturaleza no llegue a nuestras manos. Esto no significa que sea el libro de libros, la Biblia del escritor de novelas, algo así como Claves para crear personajes como El chavo del ocho y el Chapulín Colorado. El cual desafortunadamente no existe, pero que moriría por tenerlo, si existiera, claro. No sólo porque se necesita mucho ingenio para crear algo así, sino por la cantidad de dinero que me dejaría como para disfrutar el resto de mi vida las regalías que un éxito tal me dejara. Aunque no me consideraran escritor de verdad, pero fuera más conocido y millonario que los que dicen serlo.

Gardner estaría en desacuerdo sobre este último punto. Pero en su libro habla de escribir para los lectores y no para los críticos. Nuevamente situémonos en nuestro contexto, ¿quiénes son los críticos sin frustraciones, rencores o deudas personales como para poder confiar en ellos? El primer deber de un escritor es consigo mismo. No seguir los parámetros de los demás. Para ser novelista es una gran lección de disciplina, técnica, para poder enfrentarse a lo que un escritor debe hacerle frente. Cada página es un descubrimiento, una luz que esperábamos ver ante el cúmulo de dudas arrastradas desde que esto de escribir se nos metió en la cabeza. Se trata de las recomendaciones de alguien que hizo de estos consejos una carrera exitosa. Un libro necesario, me parece.

A través de cada punto, Gardner expone de principio a fin las dificultades de un joven escritor. Desde el comienzo, cuando apenas está interesado en escribir su novela, hasta que ya está escrita y necesita venderla. Precisamente el antepenúltimo punto, de cómo vender, es lo que más me sorprendió. Al fin de cuentas, los escritores también pertenecemos al mundo práctico. Escribir porque uno así lo desea con la responsabilidad y el gusto por hacerlo es lo esencial, pero decir que no importa que lo lean o es sólo para uno mismo es una completa mentira. Todos queremos ser leídos, mucho más comprados. Me refiero al libro, no a la persona. Aunque… Gardner justifica venderse para seguir escribiendo. Siempre que dejemos a un lado los prejuicios de ser mantenidos. Me parece el consejo más sincero por el que el autor demuestra realmente su intención de mostrar tal cual es el mundo del escritor. Lejos de idealizaciones y preceptos románticos. Útiles sólo para los que tienen la vida resulta como para enfrascarse en la imagen del escritor vestido a la usanza española del Siglo de Oro con pluma de ganso, escribiendo mientras a un lado está un efebo en túnica romana tocando el laúd. Nota: la combinación de elementos de distintas épocas es para ridiculizar más la imagen, no por falta de cultura del que escribe este ensayo.

No está de más leer este libro, al contrario. Para los interesados en la narrativa se pasa el tiempo mientras corren las hojas sin notarlo. Es un resumen de un curso de creación literaria. Sin el complemento de analizar la obra del joven escritor. Lo cual no es completamente una desgracia. Puesto que el mismo Gardner dice casi al final que ni los editores, ni los compañeros de taller, otros escritores famosos o el mismo profesor, tienen la verdad sobre si la novela del alumno es buena o mala. Es él mismo quien después de aplicar la técnica y el talento puede dilucidar si lo que tiene escrito es bueno o malo. Después de todo, eso hacen los escritores: aprender cómo se escribe para después hacerlo sin tener la conciencia de cómo está escribiendo. Me parece que por ahí va la cuestión de la inspiración.

Dejé al final lo que me parece indispensable, el eje sobre el cual este libro sirve o no. El talento. Quien no tiene el don para escribir, podrá leer mil libros de técnicas, de literatura, novelas, cuentos y todo lo que se pueda encontrar para aprender a escribir, pero no significa que en verdad será escritor. Porque la escritura no es como el ensamblado de automóviles, donde alguien suficientemente despierto y empeñoso puede hacer de este oficio su mejor cualidad. Porque se trata de una consecución de pasos para hacerlo. Escribir literatura no es lo mismo. Estás los que han leído a los mejores novelistas del mundo y por eso critican a Chespirito, pero son incapaces de escribir una escena con la gracia e inteligencia de él.

Así que, si después de leer este ensayo caminas por la calle y ves a un sujeto pidiendo “un minuto su valioso tiempo” a otro individuo como tú, no te predispongas inventando cómo vas a evadirlo. Tal vez aquel sujeto te quiera vender un libro de Gardner. Aunque parezca imposible creerlo. ¿Quién te asegura que ese hombre no pretendió ser escritor pero se dio cuenta de su nulo talento y ahora prefiere vender Para ser novelista?

Carlos Rodríguez

No. de cuenta: 1996

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