domingo, 17 de agosto de 2008

Petri es mi amiga, mi papá me la regaló cuando cumplí 5 años. Era del tamaño de una moneda de diez pesos, su caparazón blandito y tenía uñas muy pequeñas. Su piel es muy suavecita, tiene dos rayas anaranjadas a un lado de los ojos. Mi papá me platicó que pertenece a la especie de tortugas gigotea elegante, que crece de acuerdo al tamaño que tenga la pecera y que vive más de cien años.
Por la mañana come veinte bolitas de camarón. Cuando termina la sacó de la pecera y camina en el suelo. Mientras mi mamá me prepara el desayuno, tiró al suelo un trozo de papaya y Petri corre para cogerlo y se va a un rincón a comérselo. Antes de irme a la escuela me despido de ella. En el recreo le platicó a mi amigo Mariano lo que hace Petri y él me platica como juega con su perro Mateo. Al regresar de la escuela, acerco mi cara en el vidrio de la pecera y muevo mis manos. Petri cree que le voy a dar de comer y empieza a nadar de un lado a otro. Un día no quiso comer, le comente a mamá y la llevó al veterinario. Él me dijo que tenía una infección en los ojos y en el caparazón, que tenía que sacarla al sol. Cuando acabo de comer la saco al patio, a ella le gusta asolearse y enterrarse en el pasto. Estira las cuatro patas y cierra sus ojos. Después de una hora, la quiero agarrar para meterla a la pecera, ella corre y se mete entre las macetas del patio. Antes de dormirme la subo a la cama, ella escala sujetándose con sus uñas, camina desde mis pies hasta la altura del pecho y coloca su cabeza entre mi cuello. Si la regreso a la cama insiste en volver a escalar, más tarde se da por vencida, camina por encima de la cama y se coloca debajo de unos cojines. Asoma la cabeza entre los cojines, estira el cuello y sus patas. Cierra sus ojos. Apago la luz y enseguida mi mamá la mete a la pecera. Petri empieza hacer un sonido como si silbara y se mueve bruscamente en la pecera para salirse. Pero al ver que nadie acude a ayudarla se cansa y se queda dormida hasta el día siguiente.

1 comentario:

Mizarvs dijo...

Awwww, hiciste mi día. Gracias a tu cuento ya no me siento tan pinche el día de hoy. ¡Felicidades!