martes, 19 de agosto de 2008

SELVA LACANDONA



Ese día por fin salió el sol, habíamos pasados días enteros encerrados en la selva sin que las nubes grises se movieran, estaban estáticas, detenidas encima de nosotros y ese día por fin alzamos las casas de acampar, era el día perfecto para ir en busca de Camila, llevábamos meses buscándola habíamos perdido su rastro y recorrer selva Lacandona para quien no está preparado solo es un sueño guajiro, existen tantas formas en las que puedes morir antes de si quiera ver la inmensidad en la que te encuentras parado.

Caminamos por horas, aves de muchos colores nos acompañaban en el camino, las serpientes se escuchaban cerca, pero nuestro guía siempre nos mantenía alerta, los changos gritaban, jugaban, se lanzaban de una liana a otra, los arboles de cedro y de caoba les permitía permanecer en lo alto lejos de nosotros, donde no pudiéramos lastimarlos y desde donde ellos nos pudieran observar.

Recuerdo perfectamente como conocí a Camila, éramos tan pequeños y era nuestro primer viaje a la selva, sigo sin entender porque la abuela siempre terminaba sus vacaciones en esta área, y entonces la vimos, era recién nacida su madre la cuidaba tanto como mi abuela a nosotros; los médicos nos la mostró, nos dejo acariciarla, mis primos estaban asombrados con el cocodrilo que tenían en el campamento, se encontraba ahí porque casi no sobrevive a la pelea que tuvo con un jaguar.

Yo miraba a Camila y veía en ella sus grandes ojos y en ellos me veía yo, escuchaba sus ronroneos, sentía su patita rasgándome en pantalón y sin importarme alejarme del grupo me quede ahí, sentada al lado de ella, observándola y eso me lleno de un tranquilidad que a penas y mi cuerpo podía soportar, una sensación invadió mi cuerpo llore y llore, no estaba triste, me encontraba muy feliz y quería quedarme ahí para siempre.

Estuvimos en el campamento varios días, con sus noches frías por supuesto, una madrugada un rugido pequeño pero muy sonoro, lleno de dolor entro hasta mi corazón retumbando en mi pecho, era Camila le habían insertado una placa con un numero en el cuello; salí corriendo de la casa de campar, y escuchaba a mi abuela gritar detrás de mi cosa que no me importo, cuando llegue al refugio uno de los doctores intento calmar mi llanto mostrándome como ella estaba bien. Es solo que hay que evitar la caza y muchas cosas malas que pasan por aquí y es nuestra manera de tener el control y saber donde esta cada uno de nuestros niños, me dijo.

Es hora de descansar, esta anocheciendo y mañana recorreremos el Usumacinta hasta llegar a la zona de Yaxchilan, donde esperamos encontrar rastros de Camila; a esta altura la luna se ve maravillosa, tan grande y blanca y los arboles delante de ella nos libera de sus rayos. Esta noche estoy dándome por vencida, me encuentro llena de sensaciones y una de ellas es de rabia, el gobierno no apoya nuestro campaña, la frustración me invade y si he perdido a Camila, era mi obligación librarla de esos cazadores y de los otros hijos de puta que solo venden sus pieles al mejor postor, porque no hacen una piel de sus culos y la venden para que los maricones como Salinas y todos esos hijos de la chingada la pongan en su sala, como si eso los hiciera ser mas hombres, así por lo menos dejarían que Camila y los pocos que quedan resguardaran las historia de nuestros ancestros.

Vámonos, grito nuestro guía; apurada para llegar al río recogí mis cosas, el resto del grupo se partiría en dos y nos veríamos cerca de palenque para intercambiar datos; llegamos al Usumacinta y un rugido inmenso se propio del silencio, las aves callaron y muchos de los animales corrieron a sus escondites, ahí estaba uno de ellos recordándonos lo importante de su hábitat, seguía rugiendo, cada vez más cerca, nos esperamos para verle; era un enorme macho, hermoso pero no era ella, nos apresuramos a subir a la lancha y tomar nuestro camino.

Para nuestros siguientes viajes solo regresamos mi abuela y yo, viajábamos en las camionetas, a veces caminando y otras más en las lanchas; pero siempre me llevaban lo más cerca que podían con Camila; en uno de los viajes mi abuela hizo de mi cumpleaños el mejor, valió la pena esperar aquel regalo, me llevo a la zona de seguridad donde ese día iban a tomarle fotos a Camila para una campaña en contra de la caza de jaguares. Tenerla de frente y tan cerca, sentir su rugido haciendo vibrar mi cuerpo me hizo tan feliz que pensé que ya con eso podía morir el día que fuera necesario, fue para mí el haber encontrado aquel nirvana que muchos se tardan en alcanzar.

Llegamos a Yaxchilan, de ahí nos fuimos a palenque, Bonampak, la venta, cascada de chiflón, cascadas de agua azul, el cañon del sumidero, las lagunas de montebello, recorrimos la ruta maya sin parar, llevábamos ya un par de meses encerrados en la selva; del grupo habían desertado ya varios integrantes, otros se habían enlistado a otras búsquedas, el dinero para los víveres comenzaba a faltar.

Encontramos varias pistas, los datos que recopilamos servirían una vez más para crear otro tipo de ruta, hacer zonas de seguridad y evitar con ello la maldita caza legal que se lleva a cabo en esta zona.

Después de nuestra última visita, de Camila solo sabían que había emigrado hacia las montañas del norte, que después de ahí permaneció un tiempo cerca de palenque y que la seguían constantemente, mi abuela ya no pudo seguir viajando, sus piernas ya habían dado todo de sí, su columna ya no era la misma que de años atrás; hablamos y me dijo que si quería regresar ahora tenía que hacerlo sola. Y así fue por muchos años estudie a los jaguares de cerca, de lejos, en libros y pase años haciendo estudios antes de integrarme a la lista de voluntarios para la conservación de la selva lacandona.

Y aquí estoy años después en busca del tesoro perdido que toda mi vida, desde el primer roce con su historia me ha mantenido de pie.

Después de los últimos meses, sin haber encontrado nada, más que una tala inmensa en la selva regresamos al campamento, ahí iniciamos el proyecto de la nueva campaña y el prototipo de proyecto para entregar al gobierno en espera de su apoyo, hay que ir a rogarle a los hijos de la chingada para que mantengan al país de pie, como si los miserables no se robaran gran parte del dinero; pedí unos días para ir a la ciudad a arreglar papeleo, respirar un poco y regresar a buscar a Camila, por supuesto me dijeron que si, salía la próxima semana.

En esos días escuchar los rugidos que se apoderaban de toda la selva me llenaban de energía; pero no me daban esa felicidad que solo ella podía regalarme, lo único que podía hacer era pedirle al mismísimo eso que cuidara de ella; el campamento cambiaria de lugar a un zona más alta, la época de lluvias de acercaba, unos colegas pidieron permiso para recolectar información en la zona de Chikultik, fue aprobada, la búsqueda de Camila le dejarían para mi regreso.

En la Ciudad recibí una carta donde me informaban que habían encontrado una hembra dentro de una manada que no era la suya; sin número pero con dos crías y que habría que sacarla de ahí antes de que los machos regresaran. Rápidamente saque mis cosas, me trepe a una camioneta y llegue al campamento, tardarían días en llevarme hasta ella; por fin llego el momento me llevaron hasta allá, era ella como lo sabia no lo sé, el corazón no se equivoca y no miente en estas situaciones, logramos sacarla de ahí y llevarla hasta el campamento con sus dos crías.

Después de un tiempo a lado de Camila y permitiéndome conocer a sus pequeños, logre recuperar la esperanza que había dejado colgada en algún árbol de la selva; logramos ponerle la placa con su numero la llevamos junto con su niños a una zona alta cerca de Bonampak; ahí tuve la oportunidad de reclamarle el susto que me había metido, y pedirle una disculpa por haber dejado de buscar.

Ahora se encuentra reunida con otra manada a lo mucho le quedan dos años de vida; pero ella nos ha dejado dos niños que resguardar para cuando ella no este.



ANME 1966

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