viernes, 22 de agosto de 2008

PURO ENSAYO… Y …. ¿QUÉ HAY DE LA FUNCIÓN?

ROLF
sobre Gardner

Considero que el “devoto de las palabras”(como Gardner denomina a algunos escritores) tiene quizá un elemento más a su favor para recrear una idea: La elección de la profundidad del significado.
Aquel que no sólo busca la oración que haga avanzar la historia, el que no se satisface buscando el significado en las palabras, va descubriendo, al momento de ordenarlas, un valor único que resulta en la frase o idea que quiere transmitir. Esto, al contrario de frenar cualquier historia, la puede enriquecer.
Las imágenes son creadas entre el escritor y el lector. Todos tienen una referencia distinta y particular de cualquier cosa. Si el autor cuenta una historia utilizando un lenguaje común, el lector lo entenderá como entiende a la vecina que le cuenta lo que vivió en sus vacaciones. Pero la literatura es arte, y como tal, recurre a lo extraordinario, a la visión poco común. El lenguaje escrito podrá parecerse al hablado, pero nunca será el mismo. Porque, además de que permanece para ser expuesto más de una vez, es escrito porque el autor opta por que la idea que está desarrollando es única y recreable.
Gardner habla del devoto de las palabras como alguien que le es ajeno a la narrativa ágil excluyéndose de esa clasificación. Luego escribe lo siguiente:
"El escritor con sensibilidad para
el lenguaje sabe encontrar sus propias metáforas no sólo
porque se le ha enseñado a evitar los tópicos, sino porque
disfruta buscando la metáfora gráfica y precisa, la que, por
lo que él sabe, nunca se le ha ocurrido a nadie"

Aquel que ocurra en la imaginación en búsqueda de la distinción es igual de vanidoso que el “revolcado” del lenguaje.
Como todo arte se dice que es un reflejo de percepciones, es improbable, entonces, que cualquier escritor no sea un enamorado de las palabras, o, mínimo, un dependiente de ellas.
¡Que bien que la palabra sea sustantiva y femenina!
Limitar la creatividad como algunas sugerencias que leo en Gardner es olvidarse que somos existiendo, antes que haber estado en donde circunstancialmente nos corresponde. El valor de las cosas surge a partir de lo que provocan las mismas. La estética, y la belleza no pueden ser generalizadas.
Bien dice Gardner que hay lectores para todo tipo de escritores. Hay quienes se regocijan junto con el autor de la belleza que pueden contener las oraciones. No por ser fanáticos del lenguaje, algunos autores dejan de contar historias. Simplemente se detienen a contemplar al momento de la escritura la naturaleza de la imagen. El origen de la idea que expande sus posibilidades en su creación y desarrollo. Si los grandes genios del arte hubieran pensado como Gardner, viviríamos sin las referencias que nos llevan a conocer y reconocer nuestros propios límites, nuestros más originales motivos.
Gardner enfatiza la narrativa como un modo de vida que reacciona a la provocación de una sociedad exigente de información inmediata. Esa que quizá no permanezca por la rapidez con que se vive en la actualidad; por la cultura del desecho y el reciclaje; por la cantidad de inteligencia potencial. Casi todo ser nace con capacidades de crear. Y ese potencial nos lleva a creer que lo que no es propio, se ha convertido en demasiado ajeno. Como si no fuéramos suficientemente iguales en las características primeras de nuestra existencia, para no darnos cuenta que vivimos a través de los demás.
La memoria es una consecuencia temporal. Tiene su función a partir de la velocidad y la atención. Es cruelmente selectiva. Almacena información conforme a una jerarquía de importancia basada, primero, en la supervivencia. Después, sin limitar quizá, en el amor, el fin, el sentido común, la educación, y los sueños que guarda muy bien el inconciente. Donde también puede originarse el aura del arte.
Creo que el artista trabaja con y como la memoria. Se inspira en la percepción y la observación de algo que lo modifica. En los sucesos que elige como importantes. O lo que desea convertir en algo digno de ser contado.
Creo que el que encuentra en sí mismo el oficio de escritor es porque no sólo le gusta escribir, si no que hay una necesidad de mostrarse ante los demás, ocupar un lugar y ser reconocido. Conozco escritores que no viven de escribir, pero que pueden pasar algunas horas de su tiempo volcándose en páginas que nadie verá por razones que sólo ellos conocen ó compartiendo algunas percepciones a través de cartas, confesiones, discursos, conferencias. Estos no son menos escritores que el que pretende estar en los estantes de las librerías o en el buró de hogares bien informados.
El contador de historias será uno más. Bueno ó malo, quizá eso dependa del lector, sus bagajes, sus humores, sus caprichos y sus mundos.
No es tan fácil frenar la vida. Lo veo en las banquetas en donde crecen plantitas a pesar del cemento. En los nidos de los pájaros que hacen en las azoteas de edificios. Todavía no podemos decidir cómo nacen físicamente nuestros hijos. Las operaciones estéticas vienen después, como las correcciones de una obra. Dependiendo de las supuestas demandas.
Dicen que el universo está compuesto de más vacío que de luz. Así que todavía hay mucho que iluminar para seguir descubriéndolo, agregándonos. A veces pienso que no importa cómo.

ROLF PETERSEN

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