
Siento interrumpir tus vacaciones pero no perdonarías que no te lo dijera...Diego... Murió.
Axelle me contó que lo presintió en la mañana, me dijo que no sabía por qué pero pensaba que debía haber cerrado la ventana. Sé que lo va a extrañar, ella creía que tenían una conexión especial, siempre le hablaba como si fuera su amigo. A mi me parecía un gato normal, de esos callejeros, flacos, con rayas amarillas y blancas, tenía anillos de ambos colores en la cola, por eso le puso así, “Frodo”, como el Señor de los Anillos.
Ella había vivido sola en la casa de la esquina por tres años, pasó una temporada muy difícil después de su separación pues la soledad del desierto parecía hacer eco en su depresión. Debe ser terrible tener que mudarse al lado del ex marido repentinamente después de encontrarlo con otra en su cama. No tenía a donde ir, así que mandó poner mosquiteros en todas las ventanas para soportar el calor del desierto y poco a poco fue amueblando la casa que había comprado con la ilusión de tirar las pared que la separaba de la de Morris. Después de algunos días bastante oscuros, conoció a Diego.
Frodo, se convirtió en su compañía, Ella trabajaba todos los días desde temprano y le parecía cruel dejarlo encerrado así que mandó quitar el mosquitero de la ventana de atrás. Como si le fuera a entender, lo levantó en sus brazos, lo miró a los ojos y le prometió que la iba a dejar siempre abierta, él se lo agradeció ronroneando. Era un pacto, Frodo disfrutaba de su libertad recorriendo los terrenos aledaños, persiguiendo alimañas y lagartijas entre los cactus, pero eso sí, nada mas la veía llegar corría a recibirla, como hoy.
Hoy Axelle me invitó a comer hamburguesas, estoy seguro que lo vi haciendo movimientos como si vomitara en el montecito de arena que hay afuera, ella dice que también lo vio, pero pensó que comía hierba como hacen los gatos para purgarse y no le dio importancia. Conversaba mientras cocinaba, como si dirigiera una orquesta, ponía un ingrediente por aquí y unas palabras por allá, sazonaba con una carcajada, y todo al sartén con su mirada picarona que siempre me hacía reír.
Diego trabajaba en el mismo hotel que ella, al principio le pareció un compañero más al que saludaba todas las mañanas mientras recogía el reporte de los huéspedes pero con el calendario corriendo y sin darse cuenta, pasó de ser el compañero del “buenos días” a un “ángel salvador” que le ayudó a recuperar su vida. A Diego le encantaban los gatos, aseguraba que eran la mejor compañía, entre los múltiples detalles que tenía como llamarle por las noches para desearle bonitos sueños, le había prometido regalarle uno para su cumpleaños. Me contó cuantas veces esos pequeños detalles llegaban en el momento cuando mas triste se sentía y cómo poco a poco le recordó lo mucho que le gustaba vivir. Se le iluminó la mirada cuando me contó de aquel día en que le pidió que se arreglara de etiqueta pues pasaría por ella para llevarla a una fiesta de gala, al llegar los recibieron como invitados de honor, comieron, bebieron y bailaron entre la sociedad del pueblo hasta hartarse, ya cuando se despidieron Diego le confesó que había tomado el lugar de algún conocido en el hotel invitado a dicho evento.
Vinieron los veterinarios en un carro que parecía ambulancia, esta vez Frodo no salió a recibir a nadie pues se convulsionaba en el sillón mientras, Axelle, miraba a su amigo partir por segunda vez con desesperación. Se paró en el quicio de la puerta y la frase que jamás olvidaré: “Mi amigo se fue” hizo eco más allá de la noche.
Aquella noche al despedirse, Diego la abrazó fuerte, un escalofrío interrumpió el sentimiento de protección que sentía al estar junto a él. Le señaló las estrellas y le dijo, ahí estaré, siempre te cuidaré. En su mirada encontró lo que temía, otra despedida.
La noche de su cumpleaños, Axelle, con la mirada fija en las olas, trataba de olvidar la miseria de su vida lanzando puñados de arena, las cenizas de Diego yacían en el fondo de aquella playa y ella buscaba un aliciente para continuar con esa vida que no le había dejado mas que abandono. Armada de valor, decidió acompañarlo y sin pretensiones de regresar se dirigió hacia el mar. El frío de las olas se clavó en sus pies como alfileres y con sorpresa volteó hacia el cielo. Era una noche estrellada, recordó la promesa de Diego, y esbozó una sonrisa irónica reclamándole por no cumplir su promesa. Algo se movió en la arena, en la penumbra apenas se veía un bulto pequeño que caminaba, se acercó con curiosidad alegrándose por haber dejado su helado deseo, encontró un gato pequeño y flaco, caminó de vuelta al mar y el gato la siguió, apunto estaba de clavarse en el agua helada, cuando el gato la interrumpió con un maullido, lo levantó apenas con una mano y lo miró.
Frodo era más que su amigo, pensaba que de alguna forma Diego estaba cerca de ella por medio de él. Decía que era el regalo de cumpleaños que Diego al morir no pudo hacerle, un gato, él siempre quiso regalarme uno, aseguraba. Más allá de la lealtad inusual de un gato, Frodo aparecía en sus tristezas acurrucándose en su pecho, abrazándole el cuello. Pero sobre todo, la mirada, Axelle siempre se sintió segura mientras miraba a Frodo pues estaba segura que así era como Diego la miraba.
Axelle me contó que lo presintió en la mañana, me dijo que no sabía por qué pero pensaba que debía haber cerrado la ventana. Sé que lo va a extrañar, ella creía que tenían una conexión especial, siempre le hablaba como si fuera su amigo. A mi me parecía un gato normal, de esos callejeros, flacos, con rayas amarillas y blancas, tenía anillos de ambos colores en la cola, por eso le puso así, “Frodo”, como el Señor de los Anillos.
Ella había vivido sola en la casa de la esquina por tres años, pasó una temporada muy difícil después de su separación pues la soledad del desierto parecía hacer eco en su depresión. Debe ser terrible tener que mudarse al lado del ex marido repentinamente después de encontrarlo con otra en su cama. No tenía a donde ir, así que mandó poner mosquiteros en todas las ventanas para soportar el calor del desierto y poco a poco fue amueblando la casa que había comprado con la ilusión de tirar las pared que la separaba de la de Morris. Después de algunos días bastante oscuros, conoció a Diego.
Frodo, se convirtió en su compañía, Ella trabajaba todos los días desde temprano y le parecía cruel dejarlo encerrado así que mandó quitar el mosquitero de la ventana de atrás. Como si le fuera a entender, lo levantó en sus brazos, lo miró a los ojos y le prometió que la iba a dejar siempre abierta, él se lo agradeció ronroneando. Era un pacto, Frodo disfrutaba de su libertad recorriendo los terrenos aledaños, persiguiendo alimañas y lagartijas entre los cactus, pero eso sí, nada mas la veía llegar corría a recibirla, como hoy.
Hoy Axelle me invitó a comer hamburguesas, estoy seguro que lo vi haciendo movimientos como si vomitara en el montecito de arena que hay afuera, ella dice que también lo vio, pero pensó que comía hierba como hacen los gatos para purgarse y no le dio importancia. Conversaba mientras cocinaba, como si dirigiera una orquesta, ponía un ingrediente por aquí y unas palabras por allá, sazonaba con una carcajada, y todo al sartén con su mirada picarona que siempre me hacía reír.
Diego trabajaba en el mismo hotel que ella, al principio le pareció un compañero más al que saludaba todas las mañanas mientras recogía el reporte de los huéspedes pero con el calendario corriendo y sin darse cuenta, pasó de ser el compañero del “buenos días” a un “ángel salvador” que le ayudó a recuperar su vida. A Diego le encantaban los gatos, aseguraba que eran la mejor compañía, entre los múltiples detalles que tenía como llamarle por las noches para desearle bonitos sueños, le había prometido regalarle uno para su cumpleaños. Me contó cuantas veces esos pequeños detalles llegaban en el momento cuando mas triste se sentía y cómo poco a poco le recordó lo mucho que le gustaba vivir. Se le iluminó la mirada cuando me contó de aquel día en que le pidió que se arreglara de etiqueta pues pasaría por ella para llevarla a una fiesta de gala, al llegar los recibieron como invitados de honor, comieron, bebieron y bailaron entre la sociedad del pueblo hasta hartarse, ya cuando se despidieron Diego le confesó que había tomado el lugar de algún conocido en el hotel invitado a dicho evento.
Vinieron los veterinarios en un carro que parecía ambulancia, esta vez Frodo no salió a recibir a nadie pues se convulsionaba en el sillón mientras, Axelle, miraba a su amigo partir por segunda vez con desesperación. Se paró en el quicio de la puerta y la frase que jamás olvidaré: “Mi amigo se fue” hizo eco más allá de la noche.
Aquella noche al despedirse, Diego la abrazó fuerte, un escalofrío interrumpió el sentimiento de protección que sentía al estar junto a él. Le señaló las estrellas y le dijo, ahí estaré, siempre te cuidaré. En su mirada encontró lo que temía, otra despedida.
La noche de su cumpleaños, Axelle, con la mirada fija en las olas, trataba de olvidar la miseria de su vida lanzando puñados de arena, las cenizas de Diego yacían en el fondo de aquella playa y ella buscaba un aliciente para continuar con esa vida que no le había dejado mas que abandono. Armada de valor, decidió acompañarlo y sin pretensiones de regresar se dirigió hacia el mar. El frío de las olas se clavó en sus pies como alfileres y con sorpresa volteó hacia el cielo. Era una noche estrellada, recordó la promesa de Diego, y esbozó una sonrisa irónica reclamándole por no cumplir su promesa. Algo se movió en la arena, en la penumbra apenas se veía un bulto pequeño que caminaba, se acercó con curiosidad alegrándose por haber dejado su helado deseo, encontró un gato pequeño y flaco, caminó de vuelta al mar y el gato la siguió, apunto estaba de clavarse en el agua helada, cuando el gato la interrumpió con un maullido, lo levantó apenas con una mano y lo miró.
Frodo era más que su amigo, pensaba que de alguna forma Diego estaba cerca de ella por medio de él. Decía que era el regalo de cumpleaños que Diego al morir no pudo hacerle, un gato, él siempre quiso regalarme uno, aseguraba. Más allá de la lealtad inusual de un gato, Frodo aparecía en sus tristezas acurrucándose en su pecho, abrazándole el cuello. Pero sobre todo, la mirada, Axelle siempre se sintió segura mientras miraba a Frodo pues estaba segura que así era como Diego la miraba.
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