Cuando comencé con Campbell, fue algo impactante. Justo me pasó algo parecido con la metafísica de la poesía en clase de Patiño, con Bachelard (y cuando hilé a Jung en “ El heroe de las mil caras” y “La poética del espacio”, me entraron unas gansa de leerlo…) : Sentí que estaba en una escuela de autodescubrimiento y de casi casi Chaman-School, mas que en escuela de escritores.
Y es que hay tantas virtudes psicológicas que compartimos en medio de las letras de Campbell… Todos somos ese heroe (y ahí me cayó encima, como una pluma cosquilleante, el titulo) que pasa pruebas, que se encuentra con fantasmas, que pasa por periodos, que se va, que regresa, con la fe como estandarte, con el amor como reino para defender. Y solo quiere compartir, ser héroe de si mismo y conquistar su libertad, regresar de sus profundidades, que desembocan en sus cielos, y compartirse con los hombres. Por que de nada vale su lucha si no la comparte, si no comparte su conocimiento.
-Aquí suspiro-, es todo un viaje (literal), el que nos ofrece Campbell para que se ofrezca el héroe. Se me hace una tesis enorme. Un libro obligado para cualquier escritor y para cualquier persona que se sienta un guerrero luchando por su sueño
y quiera conocerse más.
Si es cierto que el héroe de las mil caras ha sido la obra que ha marcado las pautas de las historias más conocidas de las últimas décadas, y además ha sido un certero analisis de los trayectos de madurez propios del ser humano, proyeccionales en las historias que se inventa, se recuerda y se cuenta, exorto a mis compañeros lectores y escritores, ampliemos la tesis para poder moldear de formas responsables estas teorías de psicoanálisis para dar mejores sentidos a la catarsis de nuestros lectores, así mismo, que tengamos claro que podemos tranfromar mediante este conocimiento el rumbo de la nueva litertura, y que, con las armas que aprendimos con Italo Calvino, y ahora con Campbell, y el ímpetu de justicia que estoy segura en común perseguimos, podemos crear una nueva conciencia en quienes nos lean para hacer grandes cambios pequeños en nuestros lectores, y convertirnos en esos héroes de quienes leemos.
Todo comienza con un aleteo de mariposa, y lo facinante es poder hacer algo bueno haciendo lo que amamos, por que es justamente eso lo que estamos desencadenando, una avalancha de amor, que tal vez sea tal imparable como lo que alguna vez hizo que en vez de ríos fluyeran tantas”higways”.
Sé que este escrito es de lo más John Lenon, pero también creo que eso es justo lo que me inspiró el trabajo de Campbell, y eso es justo lo que quiero inspirar con el mío. Es importante que sepamos que justamente personas como John Lenon inspiran que hasta hoy recurramos a ellas para hacer alusión a soñadores, a pregonadores de paz, que se atrevieron a hacer vibrar su voz tan alto que lo demás tambien se atrevieron a hacer lo mismo.
Y esque es necesario sólo que uno la levante para encorajar a los demás, para que todos los demás se paren y sean el héroe juntos, y el heroe de las mil caras tenga una.
Es necesario que utilizemos los recursos que estamos aprendiendo de una vez para que comencemos a crear héroes no sólo ficticios si no reales, que realmente tengan nuestra voz, y ayuden a los demás a levantar a suya propia.
Urge tomar conciencia de que es posible. De que no podemos seguir teniendo miedo de medusas falsas, ni amarrados a diosas edípicas, ni aferrados a los cielos de nuestro ego sin bajar, no. Al final se habla de un “heroe de hoy”, pero el futuro es hoy. Es preciso, cierto, comprender a fondo, lo más posible, como es que ha avanzado hasta aquí, pero también esta en nuestras manos crear lo nuevo, y despegar lo que no sirve de los conceptos viejos.
¡Confiemos en nuestra intuición! Es seguro que debemos ser humildes, si. Mucho, y siempre estar abiertos al error, pero, es cierto también que debemos de ser firmes en nuestro deseo de aprender y crecer, pues ni Cortazar, ni Marquez, ni Goethe, ni Kafka, ni Whitman, ni Valery, ni el mas extraterrestre de los literatos comenzaron sabiendo, y el solo el deseo quien los llevo a donde estuvieron y donde ahora están: en nuestras páginas.
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