martes, 23 de septiembre de 2008

DE UN REY, UN HOBBIT... Y CAMPBELL


Hace miles de años los antiguos pueblos contaban historias maravillosas. Historias que, a pese al devenir del tiempo, se han conservado dentro del inconsciente colectivo de la humanidad. Estas imágenes, que los estudiosos llamaron mitos, son sin lugar a dudas la puerta de acceso al aspecto más profundo del espíritu humano: sus miedos, sus sueños, pasiones, entre otros, no menos importantes.

En este libro Campbell desde el psicoanálisis yungiano intenta desentrañar el significado del mito y explicar las extrañas similitudes de todas las narraciones mitológicas que conocemos: cuentos populares, sagas heroicas, vidas de santos o iluminados etc. Pero esta obra no se contenta con analizar únicamente la faceta psicológica del mito sino que en la segunda parte también analiza su faceta espiritual.

El héroe somos cada uno de nosotros que busca encontrarse a sí mismo. El último encuentro es con el Ser del Mundo que está en cada uno de nosotros.

De este modo el individuo realiza una tarea de huida y regreso, por un lado sale de su casa hacia el mundo externo y, por otro, regresa al final de su periplo a reencontrarse consigo mismo, a reencontrarse con la realidad última.

De aquí que este libro tenga dos partes diferenciadas: una primera titulada "La aventura del héroe" en la que se narra esta aventura como un proceso psicológico de autodesarrollo; y una segunda parte titulada "El ciclo cosmogónico" que analiza la tarea del héroe como un autoconocimiento metafísico en vez de psicológico en donde, como ya he dicho, el individuo se encuentra con que su sí mismo es el Sí-Mismo del cosmos.

Globalmente, la obra aporta un material interesante sobre los mitos de otras culturas y es, en cualquier caso, una perspectiva hermenéutica sobre el mito a tener en cuenta. Y aquí resultan pertinentes las palabras del propio Campbell:

"La mitología ha sido interpretada por el intelecto moderno como un torpe esfuerzo primitivo para explicar el mundo de la naturaleza (Frazer); como una producción de fantasía poética de los tiempos prehistóricos, mal entendida por las edades posteriores (Müller); como un sustitutivo de la instrucción alegórica para amoldar el individuo a su grupo (Durkheim); como un sueño colectivo, sintomático de las urgencias arquetípicas dentro de las profundidades de la psique humana (Jung); como el vehículo tradicional de las intuiciones metafísicas más profundas del hombre (Coomaraswamy); y como la Revelación de Dios a Sus hijos (la Iglesia). La mitología es todo esto. Los diferentes juicios están determinados por los diferentes puntos de vistas de los jueces. Pues cuando se la investiga en términos no de lo que es, sino de cómo funciona, de cómo ha servido a la especie humana en el pasado y de cómo puede servirle ahora, la mitología se muestra tan accesible como la vida misma a las obsesiones y necesidades del individuo, la raza y la época."

Joseph Campbell en su obra "El héroe de las mil caras" sostiene que la tarea del héroe es el proceso de desarrollo, psicológico e incluso metafísico, que sufrimos cada uno de nosotros. El mito del héroe es, por lo tanto, un arquetipo universal que se repite en todas las culturas con diversas variantes: el rey Arturo, Arjuna (o en el caso que voy a retratar) los diversos héroes de J. R. R. Tolkien e inclusive él mismo; tienen más similitudes de las que podemos imaginar; en este trabajo analizaré este proceso con las fases que describe Campbell en la obra ya citada.

"El héroe mitológico abandona su choza o castillo, es atraído, llevado, o avanza voluntariamente hacia el umbral de la aventura. Allí encuentra la presencia de una sombra que cuida el paso. El héroe puede derrotar o conciliar esta fuerza y entrar vivo al reino de la oscuridad (batalla con el hermano, batalla con el dragón; ofertorio, encantamiento), o puede ser muerto por el oponente y descender a la muerte (desmembramiento, crucifixión). Detrás del umbral, después, el héroe avanza a través de un mundo de fuerzas poco familiares y sin embargo extrañamente íntimas, algunas de las cuales lo amenazan peligrosamente (pruebas), otras le dan ayuda mágica (auxiliares). Cuando llega el nadir del periplo mitológico, pasa por una prueba suprema y recibe su recompensa. El triunfo puede ser representado como la unión sexual del héroe con la diosa madre del mundo (matrimonio sagrado), el reconocimiento del padre-creador (concordia con el padre), su propia divinización (apoteosis) o también, si las fuerzas le han permanecido hostiles, el robo del don que ha venido a ganar (robo de su desposada, robo del fuego); intrínsecamente es la expansión de la conciencia y por ende del ser (iluminación, transfiguración, libertad). El trabajo final es el del regreso. Si las fuerzas han bendecido al héroe, ahora éste se mueve bajo su protección (emisario); si no, huye y es perseguido (huida con transformación, huida con obstáculos). En el umbral del retorno, las fuerzas trascendentales deben permanecer atrás; el héroe vuelve a emerger del reino de la congoja (retorno, resurrección). El bien que trae restaura al mundo (elixir)."


El héroe consta de tres partes bien diferenciadas y reconocibles: La Partida, La Iniciación y El regreso.


El primer momento de la partida es precisamente "La llamada de la aventura". En la cotidianidad de la vida del héroe entra, de repente, la llamada hacia lo Otro, hacia otra realidad extraña lejana y misteriosa; en ese momento el horizonte familiar del héroe queda roto o, al menos, desquebrajado y se muestra insuficiente para colmar su anhelo. Esta ruptura con la cotidianidad hace que el heraldo de la aventura sea, en ocasiones, un ser extraño, inusual e incluso ominoso o terrible. Ahora la apacible tranquilidad del héroe queda rota para siempre.


Antes de hacer la comparación, adjunto la siguiente biografía de J. R. R. Tolkien:


John Ronald Reuel Tolkien nació el 3 de enero del año 1892 en la localidad Surafricana de Bloemfontein. Su madre, de origen Inglés, decidió llevarse a él y a su hermano Hilary, nacido un año después, de vuelta a Inglaterra, concretamente a Birmingham, en abril del año 1895, mientras que su padre, Arthur Tolkien, permanecía en Sudáfrica.

En noviembre, su familia supo que había contraído fiebre reumática, lo que aplazó sus planes de viaje teniendo en cuenta que para el tratamiento de la enfermedad sería mucho más apropiado el clima surafricano. Las navidades pasaron sin novedades en su estado de salud, pero el 15 de febrero de 1896, poco antes de que su esposa se embarcase hacia Bloemfontein, ésta recibió finalmente la noticia de la muerte de Arthur.

Aproximadamente por el año 1900, J. R. R. Tolkien comenzó sus estudios en la King Edward Grammar School. Sólo pasaron 4 años cuando su madre Mabel Tolkien, enferma de diabetes, murió a la pronta edad de 34 años. Ronald y su hermano fueron a vivir con una tía suya en la misma localidad.
En el año 1908 Ronald empezó su primer curso en Oxford, y cinco años mas tarde aprobó el examen Honours Moderations.

A partir de la muerte de su madre, el joven Tolkien buscó en la religión el soporte para llenar el vacío que dejó Mabel Tolkien. Humphrey Carpenter, el biógrafo de Tolkien, llegó a escribir: "...La pérdida de su madre [...] lo convirtió en un pesimista", "O mejor dicho, lo convirtió en dos personas. Él era por naturaleza un hombre de alegría casi irreprimible y con un enorme entusiasmo por la vida. Amaba la buena conversación y la actividad física. Tenía un profundo sentido del humor y gran capacidad para hacer amigos. Pero a partir de entonces, su personalidad desarrollaría una segunda faceta, más íntima, pero predominante en sus cartas y diarios, y susceptible de sufrir hondos abatimientos."

Aunque, Joseph Pearce escribió: "Tolkien aceptaba los pesares de la vida con paciente dominio de si mismo..."

Durante su vida "rural", Tolkien descubrió el amor por los árboles. Un incidente quedó grabado en su mente: "Había un sauce suspendido sobre el estanque del molino, y aprendí a trepar por él... [...] Un día lo cortaron. No hicieron nada con él. El tronco quedó allí, caído. Nunca lo olvidé". ¿No os recuerda a algo?
Los cuatro años que pasó en el campo fueron, según Tolkien, la parte más formativa, y en apariencia, más larga de su vida.

Un J. R. R. Tolkien con 22 años se promete con su novia de la infancia, Edith Bratt, y vuelve a Oxford para terminar sus estudios el año que empieza la Primera Guerra Mundial. Un hecho histórico que marcará de forma determinante su futuro como escritor.
Acabó la licenciatura con honores de primera clase en lengua y literaturas Anglosajonas, y un año después (1915) fue destinado a los fusileros de Lancashire.

En 1916 se casa con su prometida Edith Bratt, pero le llaman a filas y es destinado a Francia. Mientras estaba destinado en el Somme fue herido por una granada; volvió a Inglaterra, y mientras se recuperaba de las lesiones sufridas empezó a escribir EL SILMARILLION. Poco después, en 1917, nace su primer hijo, John. Consiguió también el ascenso a Teniente y fue destinado a Staffordshire.

Una vez finalizada la guerra vuelve con su familia y se incorpora al equipo que prepara el New English Dictionary; mientras tanto trabaja como tutor en Oxford.

En 1920 es nominado lector de lengua inglesa en la universidad de Leeds y nace su segundo hijo, Michael. En el año 1924, cuando nace su tercer hijo, Christopher, se incorpora al equipo docente cómo profesor de lengua inglesa en Leeds. Al año siguiente, él y E.V. Gordon publicaron SIR GAWAIN Y EL CABALLERO VERDE.

En una entrevista radiofónica en la BBC el 16 de diciembre de 1970, le preguntaron si él daba mucha importancia a `el hogar, el fuego, la pipa y la cama`; él respondió con una sorpresa aparentemente genuina: "¿Usted no?"

Seguidamente fue escogido profesor de Oxford, en su especialidad, comenzando su amistad con C.S. Lewis y tres años después nació su hija menor Priscilla.

En el año 1936 termina de escribir EL HOBBIT y da la conferencia "BEOWULF: LOS MONSTRUOS Y LOS CRITICOS". Al año siguiente se publica EL HOBBIT, y J. R. R. Tolkien comienza a escribir lo que se convertirá en EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. En el año del inicio de la 2ª Guerra Mundial, Tolkien da la conferencia: "CUENTOS DE HADAS", y durante todo este periodo de guerra trabaja profundamente en ESDLA. Al terminar la guerra, en 1945, es elegido Merton Profesor de Lengua y Literatura inglesas en Oxford.

En 1947 envió una prueba de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS a los editores, que completó en el 1948. Un año después se publicó EDIGIO, EL GRANJERO DE HAM, pero hasta el año 1954 no se publicaron los dos primeros volúmenes de ESDLA; el tercero se publicaría al año siguiente. Es necesario mencionar la variada acogida que tuvo la publicación de ESDLA, así como ciertas críticas en torno al fascismo de su obra, teniendo en cuenta las fechas de publicación y la realidad política europea.

En 1959 J. R. R. Tolkien se jubiló como profesor. Tres años mas tarde publica LAS AVENTURAS DE TOM BOMBADIL, y dos años después ÁRBOL Y HOJA.

La verdadera historia de culto a las obras de J. R. R. Tolkien no empieza hasta 1965, cuando se publican las ediciones de bolsillo norteamericanas, muy bien recibidas en los entornos universitarios.

En 1967 se publica EL HERRERO DE WOOTTON MAJOR y THE ROAD GOES EVER ON.

Al año siguiente los Tolkien se mudan al pueblo de Poole. Tres años más tarde fallecía Edith Tolkien a la edad de 82 años. En 1972 Tolkien regresa a Oxford y recibe la Cruz del Imperio Británico de manos de la reina.

El 2 de setiembre de 1973 murió J. R. R. Tolkien a los 81 años de edad.


J. R. R. Tolkien tuvo una vida semejante a la de un héroe, posiblemente el primer rompimiento con su cotidianidad es la posible partida hacia Birmingham, lejos de su padre y la vida de la que tiene conocimiento; relacionándolo con su obra, (el más representativo personaje de la trayectoria del héroe) posiblemente sea Aragorn (pesé a no ser el hobbit o el personaje principal), quien pierde su tranquila vida alrededor de los elfos, al ver por primera vez a Arwén Undomiel.


Este esquema típico de la llamada lo podemos ver en otros personajes míticos como los profetas llamados por Yahveh (v. gr. Jonás) o como Odiseo llamado para la Guerra de Troya por Menelao y Palamedes.


A menudo en el mito, y en nuestra propia vida si lo pensamos bien, ocurre que el llamado no es escuchado, y entonces esa llamada gozosa a la aventura se transforma en una exigencia dramática y al héroe solo le quedan dos opciones: o seguir esa llamada o dejarse aniquilar. Este momento de esta fase la llama Campbell "La negativa al llamado" y denota un apego excesivo hacia el ego infantil, hacia la estructura psíquica o cultural que se nos ha presentado ya como insuficiente. Es la tentación que sufrimos todos de "quedarnos estancados"; de no seguir adelante; o de pensar "así se está bien". En nosotros esa tentación a veces es tan poderosa que nos vence, en el héroe no porque caer en ella supone, como he dicho, su aniquilación.



Siguiendo con el ejemplo de Tolkien, antes de la negativa se presenta una gran perdida, la de su madre; el impacto del árbol caído, y la preparación, sus años de estudio; para después verse destinado a los fusileros de Lancashire, prometido ya con Edith Brath; quién es la razón por la cual se niega a partir.

Más claro se encuentra en el caso de Aragorn a quien le son revelados su verdadero origen y su destino a cumplir como el rey de Minas Tirith, cuya primera reacción es de gozo y esperanza; pero tras el encuentro con Arwén Undomiel, es de desasoiego y duda; por lo tanto no atiende inmediatamente a la llamada. Odiseo también intenta desentenderse de la llamada a la aventura y Jonás de la voz de su Dios. Pero en todos estos ejemplos la negativa tuvo que retirarse, una tragedia mayor se aproxima si es desoída: en Odiseo el peligro de matar a Telémaco con el arado; y en Jonás ser tragado por la ballena.


En Aragorn no es precisamente una perdida, sino que es la eminente guerra contra Suarón, la aparición del Anillo único, la formación de la Comunidad del Anillo; donde a él no le queda otra opción más que partir. En el libro La Comunidad del Anillo, ante el se presentan una perdida relevantes para su camino: la muerte de Boromir hijo de Denethor senescal de Minas Tirith; quién representa a la humanidad que requiere de su liderazgo, para combatir en la batalla final. En las Dos Torres, se presenta ante él, el estado de sumisión y de abandono de Rohan, lo cual lo afecta terriblemente y lo lleva ha aceptar su destino. Sí retomamos la biografía de Tolkien sería la perdida de su mejor amigo en las trincheras.


Desoír el llamado de lo maravilloso nos condena irremisiblemente.


Una vez aceptada la llamada el futuro se le presenta al héroe como algo terrible, misterioso y casi insuperable para él; sólo gracias a una ayuda externa y sobrenatural que le otorga algún amuleto o instrumento de poder que le ayudará en la aventura puede el héroe acopiarse de fuerzas para su empresa. Esta fase es denominada por Campbell "La ayuda sobrenatural". Una vez que el héroe asume su destino el Universo parece conjurarse para que alcance su objetivo.


Continuando con el ejemplo de Aragorn, la ayuda divina proviene principalmente de dos elementos: Aragorn recibe la ayuda de Gandalf el mago durante la Comunidad del Anillo y parte de las Dos Torres. Así como también recibe la espada Andúril a manos de Elrond tras la batalla del abismo de Helm. O valga también el ejemplo de Aquiles que una vez que decide finalmente retomar las armas y enfrentarse a Héctor recibe las armaduras de Hefesto de mano de su madre Tetis.

Ya en posesión de una nueva fuerza el héroe debe enfrentarse a "El cruce del umbral". Este umbral es la puerta abierta a lo desconocido, en este punto empieza la verdadera aventura y el primer peligro se le hace presente al héroe. Funciona algo así como una segunda ruptura con lo cotidiano pero esta vez radical y sin retorno; una vez pasado el umbral el héroe no puede volverse atrás. La aventura es siempre pasar de lo conocido a lo desconocido por lo que no es extraño que la frontera entre esos dos mundos esté protegida por un dragón, por un ogro o un monstruo.


Aragorn, debe de pasar por el Sendero de los Muertos y llamar al ejército que traiciono Isildur, ejército que le ayudará para capturar la Flota de Pelagir; lo cual hace y es un golpe decisivo en la defensa de Minas Tirith; es un ejemplo de este cruce del umbral: una lucha que implica un no retorno en su adiestramiento y un conocimiento profundo del misterio. Campbell utiliza las Simplégades de los Argonautas como ejemplo de este cruce del umbral.


Por último, se puede decir que el héroe cuando cruza el umbral ha roto definitivamente con su mundo cotidiano, es decir, ha muerto, ha dejado atrás para siempre la vida común. Está ya en el reino de la aventura que Campbell llama "El vientre de la ballena" es decir, entra de lleno en la iniciación de su renacimiento.


Hércules, sin ir más lejos, tras matar a sus hijos (renuncia a la cotidianidad) debe renunciar a sí mismo y someterse a su rival Euristeo para emprender los doce trabajos que le harán famoso. Lo mismo ocurre con Aragorn quien deja atrás su vida de montaraz para ser rey; y posiblemente lo mismo le ocurre a Tolkien quién tras la guerra no es simplemente el hombre de letras, sino algo más.

Si el héroe ha renunciado a su vida no es para la muerte sino para alcanzar una vida más plena; no busca en su labor la disolución en la nada sino la reconstitución más profunda de su personalidad. Esta reestructuración del ego del héroe se realiza a través de las pruebas o, si se prefiere, de los retos parciales que llevarán al héroe paulatinamente hasta el final del camino. En estas pruebas el héroe se enfrenta continuamente a la muerte que nunca le alcanza pero que curte su espíritu hasta transformarlo en lo que "verdaderamente es".


(Continuará, en unos minutos)


Andrea Díaz Martínez

No. de cta. 1983

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