La séptima propuesta para el próximo milenio
“Desparpajo”
(manuscrito encontrado dentro de una revista para caballeros, junto con 2 cospeles de subte, una quiniela y 3.500 pesos de los viejos)
Para empezar les contaré una vieja leyenda.
Ferro perdía aquella soleada tarde de octubre, como casi todas las tardes no solo de octubre ni sólo soleadas, por dos a cero frente al Sportivo Sacachispas, cuando un hincha se levantó de su butaca en la platea y le espetó: ¡CORRÉ UN POCO, KMET! Kmet, se volteó y le dijo: ¡ESTOY CORRIENDO, PELOTUDO!
No, esa leyenda no era. Era ésta.
El “Goma” Vidal, un pibito de dieciséis años, acababa de ser ascendido al equipo de Primera División aquella soleada tarde de octubre, y en su primer entrenamiento, al capitán, al tipo más fornido y experimentado, a aquel héroe popular tan temido, amado y respetado, le pasó el balón entre las piernas apenas se lo cruzó, dejándolo en ridículo frente a todos los presentes y obligando al entrenador a sacarse el sombrero y a exclamar “que hijo de puta”.
El “Goma” lo tiene todo: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad y multiplicidad. Pero también tiene algo más, y de eso quiero hablar en esta conferencia {porque esto es una conferencia} [te lo juro] . Del desparpajo.
Todos nos quitamos el sombrero ante el desparpajo. Todos decimos “que hijo de puta” ante esa muestra de desfachatez, de descaro. Todos quisiéramos ser así de maleducados como el “Goma”, tirarle un caño a Borges y mandarlo a la concha de su madre.
Bueno, todos todos, lo que se dice TODOS, no. Porque la historia sigue, y resulta que uno de los jugadores se acerca al capitán, y le dice al oído: “ahora que venga, lo sacudo de un planchazo”, a lo que éste le responde: “no, vos dejámelo a mí… yo le voy a enseñar al pendejo ése”. Por lo que podemos deducir que no todos son capaces de soportar una afrenta como la del “Goma”. La verdad es que, en realidad, muy poca gente puede sentir admiración de las destrezas de los demás. Las bilis les saldrán por las narices y las orejas y se pondrán rojos de furia antes de decir “¡que enganche, papá, que gambeta!”. A lo sumo, dirán “está chistoso”. Pero eso no importa. Lo que nos interesa a nosotros es que a nuestros lectores se les afloje la mandíbula y se les caiga el cigarrillo… o el escarbadientes, o los dientes postizos… y para eso no hay vacuna: cada vez que debuta un “Goma” Vidal en primera, y le tira una sotana o un sombrerito a algún experimentado rival, tanto a la popular como a la platea se les cae la baba, se enamoran, se prenden de él y no lo sueltan más hasta el final de sus miserables días.
Bueno, quizás no sean tan miserables, pero el efecto dramático que esta palabrita les da está chistoso. En fin, como diría Boccacio, o Dante, o Schillaci: “¡CIUCCIAMI IL CAZZO!”
¿Dónde nos quedamos? A… claro {recordad que esto es una conferencia}, bueno, entonces, en el siguiente ataque del equipo de los suplentes, un stronzo que, en vez de proteger al bambino talentoso, conocedor como es de la ira del capitán, le pasa la pelota al “Goma”, en el croissant del área. Y Vidal, inocente, que la baja con su tan particular estilo, de pechito o, más bien, con su pectoral derecho diciéndole algo al oído a la redonda, con una soltura y gracia vistas únicamente en el ballet, no ve venir la fatality que le está conjurando el capitán, tan sólo consistente en ir al choque con la rodilla levantada a la altura de los huevos [testículos, testículos].
AAAHHHGHGAGAGGGAGGGAAAAAGHAHGAAAAGAHAGGAGAHGAAGGHAYAYAYAYAYAAAYYY
¡Bergogna, señores! {en esta parte, me alboroto un poco el cabello, me levanto e increpo al público} ¡Bergogna debería darles a todos ustedes por permitir semejantes atrocidades! Ohhh… Cristo muerto en la cruz… [lloro].
[Transicisón] Bue, sigamos con lo que nos compete. Evidentemente el entrenamiento no podía continuar. Luego de la artera acción del capitán, se armó una trifulca en el área que terminó en tortazo va, tortazo viene. No recuerdo ahora bien si eran tortazos de puño cerrado o guerra de pastelazos, pero no le hace. Lo que cabe destacar es… mmm… lo que cabe destacar es… ¡ya sé! Que al capitán le bajaron dos dientes y que, de alguna manera, recibió su merecido.
Aunque eso no es lo importante. La vida es injusta y también va a serlo con el “Goma” Vidal. El club le quedó debiendo un dineral y hoy en día, maneja un taxi para ganarse la vida. Pero antes de esto, marcó 104 goles en 354 partidos, y ofreció de las gambetas más sublimes al fútbol de toda una época. Y tanto los que lo vieron jugar como los que no, todavía soñamos con aquellos firuletes enreda-piernas. Ojalá pudiéramos aplicárselos a más de un figlio di puttana.
¡Adiós, gente de Harvard, Cambridge, Massachusetts! ¡Adiós! ¡Y ya saben, para la próxima: desparpajo! ¡Desparpajo! ¡Y vaffanculo! ¡Nunca los olvidaré! ¡Gracias, gracias… totales.
Federico Gastón Spratt [#1985}
No hay comentarios:
Publicar un comentario