Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, George Lucas leyó el libro de Joseph Campbell y produjo una saga épica que aún se parodia en nuestros días. En verdad, no es difícil percibir la estructura. En los primeros tres largometrajes, una serie de fallas en los héroes provoca el surgimiento de Darth Vader: Qui-Gon Jin muere ante Darth Maul, provocando que Obi-Wan tome su lugar, el lugar del padre; Yoda no puede eliminar a Dooku; Anakin falla todas las pruebas, incluídas el matrimonio sagrado y la superación del padre, Obi-Wan. En los siguientes tres, el foco se mueve hacia un nuevo héroe: Luke, capaz de superar todas las pruebas, incluída la superación del padre (aquí, de manera literal), la purificación del alma por la renuncia al cuerpo (y al incesto, al reconocer a su hermana en Leia) y el retorno a la aldea o el ambiente familiar para enseñar lo aprendido (de nuevo, de manera literal, el héroe es un maestro Jedi). Pero Campbell propone otras fórmulas, más cómicas que épicas, y Lucas las usó para sus cuatro cintas de Indiana Jones.
Aquí, el héroe (Indiana) va por voluntad propia por un bien deseado, todos ellos, relacionados con la divinidad (las piedras Adi Shankara, el Arca de la Alianza, el Santo Grial, la Calavera de Cristal). El héroe debe sortear una serie de pruebas, pero éste no es todopoderoso, y, a menudo, es más bien sobrepasado en términos de poder (Indiana contra la mafia chin, contra los nazi, los rusos). Su capacidad para improvisar e investigar es lo que lo salva del aprieto: si hay un patrón de dibujo en el suelo, seguirlo te llevará al tesoro; si la fe ciega te llevará al Grial, no confíes en tus ojos, y aparecerá el camino. Esta misma característica, la preparación para presentarse ante la divinidad, es la que lo salva de un trágico final, al contrario de sus perseguidores o adversarios (Indiana sabe que el grial sería más bien una copa de madera, pero sus captores toman la más barroca y mueren). Finalmente, el retorno no puede ser feliz y sencillo ya que, como se ha dicho, éste no es un héroe de poder físico que tome el poder del padre a garrotazos o sablazos; este es casi un bufón, un duende travieso al que le es permitido escapar con el conocimiento adquirido gracias a su inteligencia e ingenio. Indiana no es un héroe que regresa como un gran Maestro Jedi a dirigir a sus alumnos; es un héroe perseguido que, luego de luego de vivir innumerables aventuras por el desierto y la selva, se ve reducido a dar clases a un aburrido grupo de estudiantes de arqueología. Es decir, es un héroe que regresa a compartir lo que ha conseguido, pero sus alumnos no lo toman en serio.
La misma fórmula puede encontrarse al infinito en una y mil películas, no sólo norteamericanas, también chinas, japonesas o hindúes. En Piratas del Caribe, por ejemplo, Will toma el poder del padre, simbolizado en la figura de Davy Jones, mientras que Jack Sparrow realiza el viaje más allá de la muerte y vuelve con su preciado barco (aunque al final vuelva a perderlo). En WuJi (El Guerrero de la Armadura Roja), el héroe toma el poder de otro padre simbólico (el emperador WuHan) a través de un objeto mágico (la capa del tiempo). Sólo así KunLun puede atravesar el umbral de la eternidad y escapar con su princesa.
El héroe que falla o se niega al retorno parece más bien una figura propia de la tragedia. En Camino a la Perdición, el joven Michael sólo puede volver a la granja tras el sacificio del padre (en realidad, el muchacho nunca logra obtener el poder). En Moulin Rouge, Christian sólo escribe tras la muerte de Satin; aquí, el padre es aquél que tenga posea a la madre simbólica (la cortesana), en este caso, el Duque. Ambos héroes, Michael y Christian no obtienen un desarrollo tras lo aprendido; se quedan en la misma situación en que acabaron. En La Maldición de la Flor Dorada la estructura ni siquiera se disfraza: el príncipe Jai literalmente debe asesinar a su padre para liberar a su madre y obtener el trono. En este caso, el joven falla, y a pesar del perdón paterno, se niega a regresar al estado previo a su rebelión, por lo que se suicida.
Campbell ilustra estos patrones, estos caminos del héroe en la literatura popular, en el ámbito del mito el de los cuentos de hadas, es decir, en obras más antiguas que la palabra escrita. No es de extrañarse que las mismas fórmulas se sigan repitiendo en otras formas de la palabra no escrita (al menos en su formato terminado, como es el caso del cine). Después de todo el ser humano sigue haciéndose las mismas preguntas: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy? La posición del hombre en su entorno (la aldea, el pueblo, la ciudad) cambia con él mismo (niño, adolescente, adulto), lo que explica que toda obra se trate de un viaje, ya sea interno (en meditaciones o crecimiento de carácter, como Michael al acercarse al mundo del padre, Christian al enamorarse de Satin) o externo (el viaje de Luke a la Estrella de la Muerte, el de Indiana al Templo de la Perdición, el de KunLun al pasado).
Desde el punto de vista del psicoanálisis (que desde el que escribe Campbell), lo ideal al final de un viaje es el retorno. Así, el individuo experimenta un verdadero crecimiento como persona y es capaz de transmitir ese conocimiento, lo que impulsa el desarrollo de su sociedad. Pero, ¿qué haríamos con Hamlet, Edipo y el príncipe Jai?
En la literatura y sus obras derivadas, no importa tanto el final, sino el viaje. Hamlet no regresa, pero tenemos ya la obra escrita que nos cuenta su tragedia; Jai se suicida, pero ya vimos todo lo que fue capaz de hacer y deshacer con tal de salvar la vida de su madre.
Finalmente, hay algo que a veces se olvida, una vez leídos estos libros, o escuchadas las declaraciones de Lucas: primero es la obra y después la estructura. Campbell escribe su libro para analizar obras de todos los tiempos y todos los confines de la tierra, y no al revés. No se hizo el libro de reglas y después obras que encajaran en ellas como huevos en su huevera. Es muy probable que la mayoría de los autores de las cintas aquí citadas no hayan leído nunca el libro de Campbell, y aún así, las teorías se ajustan a las obras. Poe ello Campell explora tantas posibilidades: el héroe que pasa las pruebas y el que no, el que triunfa y el que no, el que regresa y el que no. Un escritor no puede escribir pensando en la estructura primero y en la obra después, o la condena a muerte; debe dejarla respirar y después, trabajarla, analizarla, ver qué es el pequeño monstruo que tiene en las manos para decidir si un día se convertirá en el águila trágica del Cid o en un grotesco guajolote de Navidad.
- 1999. Cynthia N. Sánchez
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