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miércoles, 30 de julio de 2008

¿Hay muñecos inflables? o ¿Los marcianos bailan cha cha cha?

Enrique Angeles

Las cucarachas caminaban por la habitación como si también pagaran alquiler, había decenas de ellas por todo el departamento, que, por cierto, tenía una vista envidiable hacia el mar. El televisor permanecía encendido como todos los días, era el único miembro activo de ese lugar, pero ahora no sería simple compañía, ese sábado Johnny pondría especial atención al noticiario nocturno, tenía esperanza en que su petición fuera escuchada y elegida, era una de las tantas señales que esperaba en su vida.

El anochecer comenzaba a apoderarse del paisaje, lo vigilaba desde la ventana mientras meditaba. Ya se había decidido, sólo esperaba una señal y, de pronto, apareció, con su estela plateada, transitando sin rumbo entre las estrellas, igual que su vida. Se llevó la mano derecha al corazón, aquella imagen lo había dejado sin aliento, sin duda tantas sincronicidades le deparaban algo, pensó.

Sin embargo, su trance fue tan fugaz como el avistamiento de aquella embarcación que parecía recorrer la costera desde el cielo. Un portazo y tres sujetos lo devolvieron a la realidad. Ramón, un español venido a menos que había controlado el tráfico clandestino del puerto por más de una década y que ahora era uno de los tantos chulos de la zona, se presentaba con dos sujetos: Rubén, un soplón a sueldo y Paolo, fotógrafo de día y jefe de seguridad de un bar por la noche.

Joder, Johnny, pero ¿qué haces, tío? De nuevo soñando con cruzar el mar, ¿he?, preguntó Ramón abrazándolo por la cintura. ¿Cuánto pagas por esta porqueriza?, interrogó Rubén observando varios puntos de la estancia a través de sus anteojos graduados hasta que se detuvo en la televisión. Tres mil mensuales, respondió lacónico aquél transexual de origen norteamericano.

Es un palacio, intervino Paolo con cierto agrado. De verdad que es un palacio, he vivido en lugares peores, reiteró entre sonoras carcajadas burlonas de Ramón y Rubén. ¿Un palacio? Seguro que por los tres mil que paga este marica de renta ya va incluido un negro para que se lo haga todas las noches, agregó Rubén con la voz entrecortada por la risa y la mirada fija en “Dos Bribones Tras la Esmeralda Perdida”. Por lo menos un consolador o un muñeco inchable, repuso Ramón riendo mientras acariciaba la peluca rubia que portaba Johnny.

¿Hay muñecos inflables?, preguntó con ingenuidad Johnny. Ante tal interrogante, otra ola de risas inundó el departamento, pero esto no le importó a Johnny, simplemente sintió cómo una nueva señal le recorría todo el cuerpo, anclándose a su vida.

Pues nada tío, que hoy necesito más pasta que la que verás junta en tu vida, ya puse a trabajar a todas, así que tú también, a moverse, sentenció Ramón excitado. Me marcho, nos vemos en un par de horas. Joder, machos, vámonos que ya es tarde, aún tenemos que ver a los asiáticos. Dio vuelta y salió escoltado por sus dos colegas por el marco de aquella puerta que no había sido cerrada desde su arribo.

¡Ya son las ocho!, se escuchó entre bostezos la voz de Daphne desde la oscuridad de la única habitación del apartamento. ¿Hoy no vas a trabajar?, preguntó al llegar a la ventana donde Johnny se despojaba de la falsa cabellera rubia. No chula, hoy no pienso hacerla de puta ni de puto. Hoy me retiro. Este hermoso trasero y esta boca de diosa no volverán a tragarse los pitos de esos perdedores.

¡Qué fuerte!, pero vamos, dímelo todo, qué mierda traes en la cabeza para botar lo único en lo que eres buena. ¿Que qué traigo? Pues nada, solo una señal, reveló Johnny concentrado en un tubo de ensayo con polvo blanco que extrajo de su bolso. ¡Puta madre! Mejor me voy a acostar. No, no te vayas, insistió Johnny, mejor quédate conmigo, te invito un par de líneas; además quiero que me ayudes a eliminar a Ramón porque… ¡Qué!, interrumpió exaltada Daphne. Viajo casi dos mil kilómetros para que me presentes a tu chulo y en lugar de eso me propones desaparecerlo. Sí, exactamente, afirmó el transexual aspirando constantemente como si algo le escurriera de la nariz. ¡Anyway! Ven a mi lado nena, de cualquier forma lo vas a conocer; eso, siéntate aquí a mi lado que ya va empezar el noticiario.

Ahora era el turno de Diana Alatorre. Anunciaba con monotonía lo ocurrido en el día, sin embargo, una noticia en particular hizo que Johnny reprimiera con un ¡shhh! las palabras de inconformidad de Daphne por sentarse a ver noticias. En 15 años que tenían de conocerse nunca habían encendido un aparato para ver o escuchar noticias. ¿Qué ocurría?, se preguntaba.

Michael Griffin, director de la agencia espacial estadounidense, NASA, dio a conocer los últimos detalles de la misión espacial más importante desde que el hombre llegó a la luna, en conferencia confirmó que mañana, en punto de las 7:00 a.m., será lanzada la nave Atlantis desde la estación de Cabo Cañaveral rumbo al planeta Marte, con el firme objetivo de desarrollar el plan STS135.

Uno de los propósitos más importantes de esta expedición espacial es la de entregar a los habitantes del planeta rojo un cofre con parte de lo más representativo de las diferentes culturas de nuestro querido planeta Tierra, de no ser así, es decir, que no haya vida en Marte, el cofre servirá como una cápsula del tiempo.

Ahora pasemos a lo que muchos habitantes de esta ciudad han esperado. Este canal lanzó hace un mes aproximadamente una convocatoria para elegir qué géneros musicales deberían depositarse en el tesoro del planeta Tierra, para ello se solicitó a nuestros televidentes enviar a las instalaciones de la empresa una propuesta con el título de una canción y a qué tipo de música pertenece. Estas son las que han sido seleccionadas.

Con suma atención Johnny miraba los títulos de las canciones, no parpadeaba aunque identificaba perfectamente el audio de cada una, hasta que apareció, por fin las letras en blanco anunciaron “Los Marcianos”, interpretada por La Orquesta Aragón.

Johnny se puso en pié y comenzó a saltar y a gritar de la alegría contagiada por la televisión. ¿De qué te emocionas?, susurró Daphne. ¿No te has dado cuenta? reviró Johnny, es precisamente la canción que envié, la eligieron, sé que es la misma porque yo propuse “Los Marcianos”, interpretada por La Orquesta Aragón. Yo mejor me doy otra línea. ¿Para eso me callaste?, musitó la chica, recorriendo su rostro en el reflejo de la charola de metal. Como si hubieras sido el único, perdón, la única que envió esa propuesta ¿Eres ingenuo o pendejo?

Al instante, un pesado silencio invadió la estancia. No tenías qué decir eso. Esta es la señal que estaba esperando y nadie me la va a quitar. ¡Joder! ¿Qué pasa aquí? Tía, que hace un rato te dije que te pusieras a trabajar y sigues como te dejé. ¿Qué parte de necesito pasta no entendiste?, increpó Ramón enfadado, estrujando el rostro de Johnny. Llevo más de una hora parado afuera donde los chinos con los nervios recorriendo mis venas y la paranoia en mis ojos porque Paolo y Rubén no salen. Vengo para acá y tú ahí mirando el mar, debería sacarte los ojos. Anda dame un beso.

No te preocupes Ramón, tengo ahorrado lo de mi operación, te lo voy a dar todo. ¡Me cago en la leche! ¿Y esta delicia? Es Daphne, la chica de la que te había hablado. ¡Woow! ¡Woow! ¡Woow! Pero si esta tía esta de lo más buena, mas buena que tú, decía Ramón con sarcasmo. De cualquier forma ponte esa peluca, esos tacones y te me vas a hacer la calle, necesito pasta, mientras yo averiguo qué sabe hacer tu amiga.

Está bien, relájate, además ella ya no tiene carne entre las piernas y la chupa que te lleva al cielo. Veamos si es verdad, murmuraba excitado Ramón al desabrocharse los pantalones. Ya lo veras papi, insinuaba con sensualidad Daphne al acercarse. Veo que ya se entienden. Así me gusta. Trátalo muy bien, balbuceaba Johnny recorriendo con su lengua el cuello y la oreja del español. ¡Joder, tías, qué día! Exactamente. ¡Qué día!, gritó Johnny con desprecio mientras le rebana el cuello con un cuchillo que había cogido del bolso.

¡Carajo! Ya me estaba ahogando con su vergota en mi boca. Ni siquiera le dejaste venirse, reclamaba con agitación Daphne. Bueno, ahora hay que cortárselo, aprovechemos que aún la tiene dura y larga. Johnny enfiló el cuchillo una vez más y cortó el miembro de Ramón.

Un día después entraron a un enorme establecimiento de sex Shop en Los Angeles, California. Preguntaron por Randy, el hermano de Johhny, y éste apareció minutos después. Te traigo esto, dijo Johnny poniendo una nevera en el mostrador.

-¿Qué es esto? –preguntó Randy con enojo.

-Te lo envía Ramón. Es para que inmortalices lo único que valía de él.

-¿Inmortalice?

-Sí. Te traigo una idea fantástica, una revelación. Te propongo fabricar muñecos inflabes como las muñecas que ya existen, pero casi reales, con la piel muy similar a la de los humanos, con ojos que parece que realmente te miran, con traseros y músculos suculentos, con labios carnosos y, lo mejor, con miembros como éste ejemplar, con esa textura.

-Ahora sí que me has traído algo bueno. Por fin, bastaron 25 años para que se te ocurriera algo bueno. Haremos muñecas y muñecos, los llamaremos Real Doll.

Un años después…

Y tú que querías seguir de puta Daphne. ¿Te imaginaste alguna vez tener todo esto?, dijo Johnny desde la ducha. Al salir del baño un sudor frío recorrió su cuerpo. Ramón, Paolo y Rubén estaban cómodamente sentados con Daphne en la sala de aquél departamento de Bel Air. En el televisor Diana Alatorre confirmaba lo que muchos no podían creer: los habitantes de Marte bailaban cha cha cha. Según estudios de la NASA y reportes de la sonda instalada hace un año en el planeta rojo, los marcianos descubrieron la cápsula del tiempo y se identificaron con un tema en especial, precisamente con “Los Marcianos”, interpretado por La Orquesta Aragón. Afuera, el anochecer comenzaba a apoderarse del paisaje.