martes, 16 de septiembre de 2008

CALVINIANDOLE


6 propuestas para el próximo Milenio

Cuando comencé el libro, no voy a decir que no dije: Yiuuuuh! La verdad a las 5 páginas era toda yo un bostezo. Que la hermana buena gente nos daba la reseña, que mil novecientos ochenta (ja, yo iba naciendo), que no se que…  y Levedad. Hasta ahí no iba nada leve el asunto. Pero, después de unas frases célebres – levedad como reacción al peso de vivir- uno le va agarrando el gusto a Don Calvino, y hasta le sonreía yo al viejito de la portada del libro. No voy a hacer un recuento de las seis virtudes, se me hace escueto, y fue como leer la guía “Todo sobre Europa” y decir, Mira, con tal emoción, Ahí estuve, en esa iglesia y esa piedra y esa banca, justo después de haber ido de mochilazo (lógico que los destinos que faltaron pues uno también los va saboreando en la guía y se da el tope en la frente cuando ve a esas holandesas que nunca vió en la cervecería).

Creo que es una cosa bien Darwinesca: la cadencia de la evolución, así que al mono se le cae el pelo y se da cuenta que piensa y de repente dice: Ay guey, igual y los demás también y no es tan facil hacerlos pendejos.  Pues que igual pasa con el libro y con sus invitados a tomar el cafecito: señor escritor, señor lector.

Señor escritor se da cuenta un dia que no era cosa de nada más sentarse y escupir un par de vomitados versos que luego medio peinaba para que se vieran bien y los mandaba a la fiesta para que se los cambiaran por medallas… ¡No! Y Señor lector se comienza a dar cuenta que no era tampoco de que le pongo pegamento a este recorte y me lo pego en la lengua para sacarlo en las fiestas ¡No!

El libro exigió un respeto mutuo. Los niños crecieron y quería que los dos pensaran, necesitaba que el escritor- hermano mayor- fuera más ágil, más rápido, menos viajado, por que el lector vivía cada vez más rápidamente también, entre autos y computadoras y su mente revolucionada, viajando a mil vueltas, requería retos para estar entretenida. Las historias digeridas eran cosa de niños. Ellos ya no eran unos niños, estaban creciendo. A los adolencentes hay que tenerlos muy entretenidos.

Así que Señor escritor tuvo que tener que aprender a tener respeto por su hermano Señor lector, para que este le tuviera respeto por que si no se gastaba su lana en antros, viejas y chupes, y no en libros , cosa que si pasaba, hermano mayor no iba a poder ir también de reven y eso que hermano mayor era como el que estaba menos ciego de los dos, se supone, y es el que tenía que manejar de regreso.

Muchas veces por querer ser demasiado… DEMASIADO, no sabemos como hacer para dar el mensaje sin arborecencias inutiles. En dos palabras pueden estar implicitas, otorgadas por un silencio pródigo, toda una ráfaga de sensaciones e ideas que el lector agradecerá a un escritor que sepa planificar su obra consisamente. Seguramente, entre más años de trabajo, es más posible ser breve. 

Fuera de que éste libro me pareció un poco “Italo can finally happilly die as a Hero” (and you can say he read like he had no life) puedo decir que es una obra fantástica, la cual resume una gran vida de trabajo, de pasión de parte de Calvino, que se desborda en su pluma. Un placer haber llegado a ella, y que ella llegó a mi.

En cuanto a nuestro encuentro, supongo que será muy últil para mis proyectos, y que lo que dejó en mi cerebrito, ya está más que impregnado para que cada vez que saque el lapicero recuerde: ser como el pájaro, no como la pluma.

Y ahora, el arte de saber acabar.

TAN TAN.

No hay comentarios: