Siempre me he preguntado el porqué esa carta nunca llegó.
Teníamos apenas 15 años. Nos gustaba descubrirnos, tocarnos, escondernos en aquellos rincones fríos, solitarios, oscuros.
Nunca nadie me ha besado de esa forma, ojalá pudiera recordar como eran esos besos.
Solíamos cantar, más bien tararear las melodías de Bon Joví, ¡que tiempos! En ese entonces escribía cartas, muchas cartas.
Me gustaba llegar a la escuela con una en la mano para entregársela en el receso.
Ahora no recuerdo que tanto decían, quizá tonterías.
Después, quise encontrar formas más originales, escribía en un rollito de serpentina, en un foco, en un disco de 3 ½. Un día se me ocurrió mandar las cartas por correo.
Quizá porque en esos tiempos aún el Internet era cosa extrañísima, y ni hablar de mandar los correos electrónicos.
Era muy simpático conseguir los sellitos para los sobres. Entendí porque hay gente que los colecciona, algunos son tan hermosos, llenos de colores y formas. Después, buscar aquellos buzones enormes, ahí deposité un sobre lleno de esperanzas sueños y un beso, abandoné en su enorme boca todo lo que escogí del aire para aquella persona especial.
Pasaban días, y él no me decía nada, llegué a pensar que seguramente su mamá o su hermana escondían las cartas. Tal vez Dona las mordía y se las tragaba cuando olía que eran mías.
Pasó más de un mes, y por fin el pequeño sobre pudo atravesar la avenida Troncoso que separaba mi colonia de la suya.
Él estaba emocionado, conmovido. Y no era para menos, la fecha indicaba cuánto tuvo que esperar para tenerla entre sus manos.
Cada uno de mis sobres repitieron la hazaña de esquivar días y autos para llegar a su destino. Uno a uno fueron llegando. Pero así también llegó el final de la secundaria.
Ambos pasamos a la preparatoria, pero no a la misma. Habíamos crecido, el deseo había crecido, los besos habían crecido, las caricias habían crecido, todo en nosotros fue así.
Un día por fin nos vimos completamente desnudos y dibujamos en nuestros cuerpos pinceladas de amor, un amor entero, aquel que sólo se tiene cuando acabas de entrar a la preparatoria. Solo él existía, solo yo existía. Todo era así, sin explicaciones, sin preguntas, todo fue tan fácil.
Sus padres decidieron que era buena idea que viajara a Europa, y yo decidí ir con él.
Llegó el día de su partida, yo lo alcanzaría un mes después, prometí escribir, como en aquellas películas cuando el amante se va a la guerra.
Diario me sentaba a escribir no se cuántas cosas, no sé qué tipo de palabras, pero recuerdo que todo fluía como un gran río, era toda sentimiento y las cartas eran guardianes de aquellos secretos.
Nunca llegué a Europa.
Mi última carta jamás tuvo respuesta, pensé que él me había olvidado.
Ayer recibí una carta, pensé en lo absurdo que era, ahora sólo checo mi e-mail. Mi madre dejó una nota en mi Hi5: “Hija ha llegado una carta para ti, cuando puedas ven a la casa por ella y comemos juntas, te quiere tu madre.”
Adivinó el sobresalto que causaría en mi vida.
Era de él, la carta que nunca llegó, traía un número de cuenta donde había depositado dinero para que pudiera pagar el pasaje a España.
Mi trabajo es revisar todos los periódicos del país. Reviso cada portal en línea para llenar informes. En un periódico no muy leído encontré una nota.
México D.F.- Un viejo cartero, que durante más de 30 años había trabajado para el servicio postal, y que habitaba en la colonia centro, llevaba a casa el correo que por exceso de trabajo y flojera no podía entregar durante el día.
Los vecinos que lo descubrieron entrando a su apartamento con los sacos que portaban el sello de Correos de México, sospecharon que los había hurtado así que llamaron a la policía.
4 comentarios:
Es una historia muy triste. Casi hacés que se me piante una lágrima. Sólo que a mi me parece que al texto le sobran los tres últimos párrafos. Debería terminar con la aparición de la carta perdida. Claro que entonces no estarías respondiendo a la pregunta de por qué tarda tanto en llegar el correo.
Estuve meditando un rato y pienso que la solución (si es que realmente necesita una y no soy el único que piensa lo mismo) podría ser cambiar los párrafos finales en este orden:
"Nunca llegué a Europa.
Mi última carta jamás tuvo respuesta, pensé que él me había olvidado.
Mi trabajo es revisar todos los periódicos del país. Reviso cada portal en línea para llenar informes. En un periódico no muy leído encontré una nota.
México D.F.- Un viejo cartero, que durante más de 30 años había trabajado para el servicio postal, y que habitaba en la colonia centro, llevaba a casa el correo que por exceso de trabajo y flojera no podía entregar durante el día.
Los vecinos que lo descubrieron entrando a su apartamento con los sacos que portaban el sello de Correos de México, sospecharon que los había hurtado así que llamaron a la policía.
Ayer recibí una carta, pensé en lo absurdo que era, ahora sólo checo mi e-mail. Mi madre dejó una nota en mi Hi5: "Hija ha llegado una carta para ti, cuando puedas ven a la casa por ella y comemos juntas, te quiere tu madre."
Adivinó el sobresalto que causaría en mi vida.
Era de él, la carta que nunca llegó, traía un número de cuenta donde había depositado dinero para que pudiera pagar el pasaje a España."
Puliéndole algunos detalles creo que podría quedar. Espero no te moleste mi atrevimiento. Realmente la historia me gustó. En fin, ¿qué te parece?
Bonita historia, bonito cuento, sabes manejar bien situaciones crueles y sensibles, you know...Me gustó cómo respondiste la pregunta, conectando la historia de amor adolescente con la pereza de este trabajador del servico postal.
Creo también que te sobran los tres últimos parrafos, trasmites muy bien la melancolía, aunque me gustaría que profundisaras más en tu relato.
la narración me parece de los más orgánica, me gusta mucho la naturalidad con la que "creces" a tus personajes y al medio que los rodea, sin perder nunca el vínculo con la tecnología, por esto mismo yo creo que el orden de los párrafos está en su lugar de acuerdo con la línea temporal que manejas a lo largo de la historia. Felicidades.
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