LUIS EMILIO MEDINA M.
(Para escucharse leyendo Everythings gone green)
Tell me now how do I feel?
-New Order, Blue monday-
No lo puedo creer. Llegó el día. Despierto a Luciana brincando en la cama. Se resiste. Brinco entonces sobre ella y como a besos su cuello. Ella ríe. Párate amor. Ya es hora. Ya es hoy. Hoy iremos a ver a New Order. Sí, los que eran Joy Division y que tras el desliz abyecto de su vocalista decidieron borrar todo rastro de oscuridad delirante para transformarse a través de los sintetizadores y las armonías sofisticadamente pop, estableciendo un Nuevo Orden en la historia sonora del mundo. Quién no ha visto en una fiesta la imagen de zombies a las 4 de la mañana, desvencijándose en los sillones, gastándole malas bromas al amanecer, y entonces, algún DJ espontáneo resuena Blue Monday. Inmediatamente los muertos comienzan a dar rastros de vida, incluso si esto sólo se denota con un movimiento de pies o de cabeza de arriba hacia abajo en signo de aprobación y honor a LA CANCION de los 80. Es más, debo ponerla. Ahí está. Entonces sí despierta Luciana. Sus pies encalcetinados bailan en la cama al ritmo de esta versión del 88, con más punch en las baterías. Y los dos recibimos el día bailando, felices de estar juntos, y juntos ver a New Order en México.
N E W O R D E R E N M E X I C O
True Faith retumba en el estéreo mientras Luciana se viene espasmódicamente sobre mí a la luz de las 12 del día y 9 horas contando. Recuerdo la única vez que he visto a New Order. Fue en el el Coachela de 2005, hace 5 años, brincando con cáspsulas de mdma que metimos de contrabando por avión de México a EU; mi hermana, mi hermano, mi amigo y yo, entendíamos perfectamente a lo que se refería el cuasi calvo Bernard Sumner cantar Crystal en una nebulosa de luces blancas con azules, evocando tantos regresos de madrugada a casa sólo siguiendo el beat de las baterías procesadas. Ahí, en medio de ese desierto con palmeras, deseé que el día de hoy llegara. Ver a New Order con quien siempre debí verlos, mi compañera de viaje, mi querida Luciana que se desvanece sobre mi pecho mientras cerramos los ojos al ritmo de Here to stay.
------------TECLADOS DE BERNARD SUMNER Y BAJOS DE PETER HOOK INUNDAN DE UNA ATMOSFERA DUB TODO AQUELLO QUE PUEDA LEERSE----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
¡Es demasiado tarde! ¡El concierto comienza en media hora! ¡Puta madre ¿Por qué no escuchamos el despertador? Pinches pedas. Eso es lo que nos merecemos por desvelarnos. Ni modo. No hay tiempo para peinados raros, crepé ni delineador. Tendrá que ser en el taxi que acabo de pedir. ¿Con qué canción abrirán? Luciana quiere bañarse, la saco del baño. Es New Order, lo demás no importa. Salimos corriendo bajo la lluvia para alcanzar el taxi que nos esperaba sí sobre Insurgentes pero del otro lado de la calle. Mis tenis nuevos se acaban de volver lanchas inundadas casa de conchas urbanas. El señor nos pregunta si toma Viaducto, le digo que no. A estas alturas, el tránsito para Foro Sol ya estará en su punto. Querétaro, Eje 2 Sur, llegar por avenida del Taller y luego de ahí a correr. Luciana y yo nos maquillamos en el auto. Ella me pregunta qué tal se ve mientras yo le digo que se lo diré si me aplica el delineador morado con gloss que compramos ayer. El taxista, como para desconcentrarse de esta grotesca imagen que le gana a cualquier video clip de Donna Summer con rebotes de y brillos incluidos, le sube a Radio Universal. Its only love de los Beatles. Luciana y yo nos damos unas poppers y cantamos a voces junto con el chofer, a quien le maravilla nuestro conocimiento sobre el mundo beatleamano y la música de los 70s, 80s y más, pues al hilo de its only love, siguieron saturday in the park, goodbye yellow brick road y claro, blue monday, heraldo sónico de lo que traería esta noche tan anhelada.
El tránsito nos dilata. Son ya las 10 de la noche. Luciana y Yo corremos entre la gente, los autos y los puentes de Circuito al Foro. Comienzo a escuchar Perfect Kiss a lo lejos y la tacha me explota justo en ese momento. Los gritos sorprenden a cuanto está a mi alrededor. Quiero llegar justo antes de la parte donde cantan las ranitas, o así les digo yo. Siempre he querido escucharlas en estéreo vivo para saber cómo las generan y qué son realmente. Luciana y yo volamos guiados por la música entre la gente. Nos damos la última popper. Ahí están, las ranitas. No puede ser, y yo aquí afuera. Nuestros pies se vuelven suelas de automóvil deslizándose por los peraltes para darle toda la vuelta al Autódromo. Desde lejos escucho las ranitas. No, después una ovación. World. No mames. Por fin llegamos derritiéndonos en el pavimento, y entonces las palabras mágicas nos sorprenden con las manos vacías y la vida en un hilo.
-¿Sus boletos?
Ni Luciana ni yo traemos boletos. Bueno, en realidad sí traemos, pero son para los de Neil Young en su gira de despedida, dos meses más adelante. Entonces recordé todo. Hace unos días compré estos boletos y los guardé en la cangurera negra que traigo puesta. Pero los de New Order los puse en mi otra cangurera negra, y agarré la otra cangurera negra creyendo que era esta cangurera negra. ¡Puta madre! ¡Pero cómo me gusta vestirme de negro! No nos dejaron entrar.
Luciana y Yo emprendimos nuestro camino de regreso para despistar a los Lobos, pero teníamos que encontrar la forma de entrar al concierto. Así que me acordé de aquella vez en que mis amigos y yo vimos el ensayo de Pink Floyd un día antes de su primer concierto. Después de ensayar decidimos aventurarnos a las áreas de la Deportiva Puerta 5 para ver si alcanzábamos a escuchar el soundcheck e incluso meternos a verlo. Y lo hicimos. Una reja abierta, al azar, azotándose contra el viento. Entonces el golf 94 de Alberto patinó por la curva peraltada temor de los campeones de todas las escuderías, y nos estacionamos en la zona de pits para correr hasta lo más alto de las gradas y ver a David Gilmour en bermudas, ensayando el segundo requinto de Conmfortably Numb mientras el staff probaba la esfera móvil de metal luminoso.
Entonces me acordé de aquella vieja reja. Le dimos la vuelta por fuera a la deportiva, esfumándonos entre los puestos y la gente, hasta que en una sección oscura, le hice pie de ladrón a Luciana y después yo me impulsé con toda la fe que tengo para cruzar la barda. Corrimos por esos mismos pasadizos como trincheras de arbustos que recorrí con mis amigos la vez de Floyd y entonces, entre la reja que daba hacia los camiones del staff, encontré el añorado orificio abierto de mi adolescencia. Al ritmo de True Faith tomamos vuelo y nos hacemos bolita para pasar rodando. Aquí estamos, dándonos maromas hasta toda nuestra madre en el concierto de New Order, el ángel de mi vida y yo, buscando atestiguar la historia de la música que le corresponde a esta banda que tanto nos ha nutrido física, emocional, creativa y espiritualmente en noches inacabables de fiesta a la luz del alumbrado público.
Entonces dimos con la parte de atrás del V.I.P. Aquí Rodrigo Peñafiel, Leonardo Matas y otros tantos nombres compuestos se daban la agasajada de su vida en jacuzzis hidrocálidos con mujeres que parecían haber aterrizado de una nave espacial tripulada por una nueva especie de mexicanas voluptuosas como las de Blue Demon contra las Invasoras pero sin tanta cadera. Los Lobos resguardan todo el terreno que brota de champañas y canapés como quizá New Order no conocerá en su camerino. Los maestros comienzan a tocar Elegy. A unos cuantos metros se alcanza a ver la lonjita bajo la camisa y pantalón negro de Peter Hook. Quisiera verle las arrugas, síntesis de esa sabiduría única que los llevó desde Ceremony hasta Waiting for the sirens call bajo el aura de la vigencia eterna. Ese bajo. Luciana me dice que nos detengamos. Que necesita escuchar esa canción completa, contemplarla con esas luces moradas que se están moviendo por todos lados. Maldita sea, tenemos que llegar ahí. ¡Es fuckin New Order!
Y así, encomendándonos al lado más bueno del espíritu de Ian Curtis, como una señal bajada del cielo donde él y Tony Wilson le jalaron la túnica a Jesucristo Superestrella para que se apiadara de nosotros, vimos el umbral iluminado de blanco. Una barda víctima del error de medición de los ingenieros. Un espacio de claridad. Con el codo despierto a Luciana de su trance y le señalo el camino. Tenemos que entrar los dos al mismo tiempo, aprovechar el descuido y no llamar la atención. Lo hacemos rápido, de un tirón, y los platillos estridentes de Procession nos hacen perdernos entre la luz y el humo. Estamos adentro. Estamos en el V.I.P. con New Order.
Confundiéndonos adrede entre la gente, esquivamos al Chá, los de Moderatto, Motel y demás chatarra mexicana y una modelo me confunde con Ceratti, menos mal que no fue con Búnbury como suele pasar en la Zona Rosa. Mi mujer, rebotando, comienza a experimentar cómo todo se le derrite mientras le doy un trago al mejor vodka con red bull gratis que he tomado en los dos últimos días. Luciana y Yo chocamos nuestros vasos y lanzamos un alarido de victoria tan fuerte que Bernard Sumner volteó. Bernard, thank you for being here. Alrededor de nosotros, todos se contagian de nuestra fiesta. Y entonces comienzan esos tambores que hoy en la mañana nos levantaron anunciando este día soñado por más de 10 años. Blue Monday resuena haciendo que todo el Foro Sol vibre en las entrañas de Tenochtitlan, Bernard se sacude el sudor, y entonces los veo: ¡en los teclados está Bobby Gillespie de Primal Scream y en la guitarra Jhonny Marr, ex guitarrista de los Smiths con quien Bernard fundó Electronic!
Luciana explota y me ataca a besos mientras la cargo y giramos 360 grados de felicidad, viéndonos claramente a los ojos y gritándonos cuánto nos amamos. Me dice que soy su compañero ideal, su cómplice siempre soñado, que justo en este momento podría morir en un abrazo y esperar despertar en el paraíso. Me siento tan feliz que comienzo a llorar, y mis lágrimas se confunden con las luces del escenario creando caleidoscopios líquidos a la puerta de mis pestañas. Es entonces cuando tomo aliento, robo una botella de champaña de la barra y con mi Luciana bajo el cielo de diamantes, nos sumergimos con todo y ropa en un jacuzzi olvidado y comenzamos besarnos enloquecidamente, hasta que los ojos claros de Luciana, los mismos ojos que brillaban reflejando la luna llena en el último concierto de The Cure, se iluminaron más negros que la madrugada, y el color dorado del anillo que le puse en el dedo llenó la noche de los más hermosos fuegos fatuos en el aria de su
-Sí, acepto.
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-Debemos decírselo a ellos.
-Sí.
Nuestros pies nos llevan lo más rápido que pueden y con toda la fuerza de la que son capaces en este éxtasis de libertad, amor y comunión y subimos la escalera que da atrás del escenario. Entonces atravieso por la batería tocada por el mismo negro de cuando los vi la primera vez, Luciana inmediatamente se desprende de mí y va hacia Peter Hook sólo para darle un beso y después ser tlaqueada por las Lobas mientras yo le termino de decir a Bernard que gracias a él me casaré, gracias al coro de Bizarre Love Triangle que ejecutan en este momento subiéndole a los graves, distorsionándolos hasta el más puro noise, tocando tres veces más rápido de lo normal, como si hubiesen comprado con el mismo dealer que nosotros. Un Lobo me ataja las costillas y salgo cargado junto con Luciana mientras morimos de risa en medio de los árboles de la Puerta 5 de este conjunto funcionalista del progresismo sesentayochero. A lo lejos, Temptation nos despide. Tú ru ru ru rú Tú ru ru ru rú. Tú ru ru ru ru rú. Tuú ru ru ru rú. Estamos completamente elevados hasta el Nirvana, sin boletos y enloquecidos gritándonos te amo hasta que nos escoltan al otro lado de las rejas de esa Arcadia lisérgica que, tal como me imaginaba, había sido ver a New Order e
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