-No fue hace mucho, tendrá tres meses – Me decía Pablo Navarro mientras buscábamos un café donde sentarnos, él llevaba al cuello una cámara vieja, análoga -Caminaba por la calle de Moneda, ahí en el centro, iba por primera vez desde que quitaron a los ambulantes; la paz a pesar de ser relativa era impresionante. Había ahora, comparado a hace un año, un silencio y una calma reconfortante. Creo que por primera vez pude ver hasta el otro extremo de la calle… Entremos aquí – Se interrumpió. Nos sentamos entonces en un café de la condesa, él pidió una taza de café americano y que le trajeran azúcar y crema, yo pedí solo un americano mientras pensaba como siempre me había parecido molesto que la gente jugara a tomar café; que esconda su verdadero sabor endulzándolo.
-Aquí es donde empiezo ha hablar de lo que te interesa… – Me dijo con una sonrisa maliciosa al ver mi cara de molestia, como para recordarme que yo había hecho la pregunta –En el otro extremo de la calle distinguí una figura de mujer, vestía colores vivos y tenia unos lentes obscuros enormes y ridículos, no sólo por el tamaño sino por lo nublado del día, cargaba con ella una mochila y una cámara fotográfica muy vieja, análoga. Colocó la cámara a la altura de su cara y comenzó a jugar con la lente. Conforme yo avanzaba hacia ella, ella retrocedía. Seguimos así, pretendiendo no vernos hasta el momento en que un policía la obligó a detenerse por un semáforo peatonal. Ella le sonrió y le tomó una fotografía, el policía se dio la vuelta y siguió mirando a los autos pasar. Tan pronto llegué a su lado, su olor, un olor muy fuerte pero extremadamente dulce, que no concordaba con su imagen, invadió mi espacio personal, volteé a verla, ella jugaba con su cámara apuntándola hacia el piso. –En este momento la cara de Pablo se ilumino con una sonrisa melancólica y tras una pausa continuó- “Que te he tomado muchas fotos y tu ni en cuenta, majo” me dijo con una voz mucho más grave de lo que supuse tendría, “¿Quién te dijo que no me di cuenta?” me sonrió y no dijo nada, la luz cambio y caminamos en silencio uno al lado del otro…
El café había llegado, Pablo cuchareaba su café para que se enfriara un poco, yo lo bebía a tragos sin levantar la taza que estaba llena hasta el borde. Estuvimos un tiempo en silencio, mirando cada uno su café y con cara de estar pensando en algo; yo, al menos, no lo hacía. -¿Después? ¿Qué paso?- Pregunte- Bueno, pues después de caminar varias cuadras uno al lado del otro decidí decirle mi nombre, ella, evidentemente me dijo el suyo de vuelta “Mariana, pero con i-griega y separado ¿eh?”. Le pregunte de donde venia, cuando llegó a México, donde se estaba quedando, si viajaba sola, que lugares ya había visitado. Ella, decidió no contestarme ninguna de las preguntas que le hice, en cambio me sonrió una vez más y me dijo: “Eso, eso no importa, lo que importa es que estoy aquí, lo que importa es que aquí en mi cámara me he robado un poco del alma de México y algunos de sus habitantes. Lo que importa es lo que traigo aquí, en mi cabeza, Lo que fue fue y lo que será será, solo ahora es, y eso es todo lo que tenemos.” Caminamos entonces de nuevo en silencio por un par de cuadras más, ella se detuvo y me tomo del brazo con su mano derecha y con la izquierda me extendió su cámara, cuando la tomé la subió a la altura de mi cara y se quito los lentes, posando para la foto que esperaba le tomara me dijo: “Ya entenderás…” se dio la vuelta y se fue. En efecto unos días mas tarde entendí lo que me quiso decir: “No te preocupes por lo que venga ni por lo que fue, todas son especulaciones ahora inexistentes, nunca te fíes de tus sentidos, menos de la vista, lo único que tenemos cierto es nuestra percepción de la realidad, sea cual sea.” – Pablo me dijo esto mientras se ponía de pie y dejaba la cámara en la mesa – Bueno, antes de irme he de ser honesto contigo, el sticker que dice “Soy feliz pregúnteme como” no es mío, lo pego mi carnal, pero platicarte esto fue divertido y se que pronto lo entenderás. Gracias por el café. – Pablo se dio la media vuelta y se fue, dejando en la mesa su taza de café bebida hasta la mitad, sin azúcar o crema y una cámara vieja, análoga y sin rollo al lado de mi taza.
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98 ¿Que te dirán los que tienen en su carro su sticker de "Soy feliz pregúntame como"?
Rodrigo Mendez Salinas: 2004: No one wants to fight me like you do
2 comentarios:
Me parece que con este fragmento...
{En efecto unos días mas tarde entendí lo que me quiso decir: “No te preocupes por lo que venga ni por lo que fue, todas son especulaciones ahora inexistentes, nunca te fíes de tus sentidos, menos de la vista, lo único que tenemos cierto es nuestra percepción de la realidad, sea cual sea.”}
...estás intentando explicar de qué se trata toda la historia y la estás digiriendo por mi. Si se lo quitas, me dejarías pensando solamente en la anécdota y no en la interpretación del personaje.
Creo que es cieto lo que escribes Gastón Spratt...
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