Lucía en el cielo con diamantes. Camina y brinca entre las nubes. Infantil y tierna. Sonríe y me mira. Alza su mano. Su dulce mirada, tierna y abrazadora. Un ademán me invita a seguirle entre los caminos de árboles de tangerinas y esos infinitos cielos de mermelada. Debo bajar de este bote y seguirle. Ella camina, cada vez más rápido. Me apresuró. Ella juguetonamente se esconde entre los árboles. Me deja una pista, derrama diamantes. Comienza a correr. Corró tras ella. Los cielos de mermelada cambian de color constantemente. Rojo, morado, verde, amarillo y de nuevo rojo. Estoy exhausto. Ella se detiene. Con su dedo índice me indica a donde seguir, a un puente con una fuente en medio. Se dirige hacia allá. Intento detener mis pasos pero mis piernas han dejado de ser mías. No responden y continúan el paso.
Antes del puente, existe un gran campo de flores de celofán verdes y amarillas. Recojo algunas para cuando le alcance en la fuente en medio del puente se las pueda regalar. Distingo su delgada, espigada y tierna figura sentada en el borde de la fuente. Llego y le entrego el ramo de flores de celofán. Ella las huele y detiene su mirada en mí.
Sus ojos son un hechizo. Repletos de formas y colores. Plenos de verdades. Espejos del maravilloso mundo donde gente con cuerpo de caballo come pays todo el tiempo y sonríe. Pupilas hipnotizadoras.
Vuelve a correr, dejando diamantes en el camino. Salta. Salta más alto. Se instala en la espalda de una nube y se recuesta. Sigo el camino de los diamantes. Miro alrededor. Le busco. ¿Dondé estará? Sumergida en su mundo de colores y maravillas donde las burbujas invitan a jugar.
Me tira un diamante a la cabeza. No habla, pero escucho esa dulce voz que me indica que por medio de una cadena de flores de celofán suba a su lado. Me invita a su nube.
Llego a su lado. Una vez más me hipnotizan esos caleidoscopios. Esos ojos que reflejan nubes en sus distintas formas. A través de ellos observó bellas fotografías. Cascadas, montañas, nubes, cielos de mermelada, el fondo del mar, árboles de tangerina y diamantes que se transforman en ella. Diamantes que brillan como sus dientes. Duros y preciosos. Transparentes.
Comienza a saltar en la nube y se transporta a otra. Una a una les brinca. Cada vez más rápido. Continuo siguiéndole. El horizonte es cada vez más lejano y su delgada y espigada figura tatuada en él comienza a disolverse.
Se esfuma y se lleva sus diamantes. No encuentro más diamantes en el camino. Abro los ojos. Todo esta oscuro. ¿Luci, dónde están tus ojos caleidoscópicos? ¿Dónde derramaste más diamantes?
Antes del puente, existe un gran campo de flores de celofán verdes y amarillas. Recojo algunas para cuando le alcance en la fuente en medio del puente se las pueda regalar. Distingo su delgada, espigada y tierna figura sentada en el borde de la fuente. Llego y le entrego el ramo de flores de celofán. Ella las huele y detiene su mirada en mí.
Sus ojos son un hechizo. Repletos de formas y colores. Plenos de verdades. Espejos del maravilloso mundo donde gente con cuerpo de caballo come pays todo el tiempo y sonríe. Pupilas hipnotizadoras.
Vuelve a correr, dejando diamantes en el camino. Salta. Salta más alto. Se instala en la espalda de una nube y se recuesta. Sigo el camino de los diamantes. Miro alrededor. Le busco. ¿Dondé estará? Sumergida en su mundo de colores y maravillas donde las burbujas invitan a jugar.
Me tira un diamante a la cabeza. No habla, pero escucho esa dulce voz que me indica que por medio de una cadena de flores de celofán suba a su lado. Me invita a su nube.
Llego a su lado. Una vez más me hipnotizan esos caleidoscopios. Esos ojos que reflejan nubes en sus distintas formas. A través de ellos observó bellas fotografías. Cascadas, montañas, nubes, cielos de mermelada, el fondo del mar, árboles de tangerina y diamantes que se transforman en ella. Diamantes que brillan como sus dientes. Duros y preciosos. Transparentes.
Comienza a saltar en la nube y se transporta a otra. Una a una les brinca. Cada vez más rápido. Continuo siguiéndole. El horizonte es cada vez más lejano y su delgada y espigada figura tatuada en él comienza a disolverse.
Se esfuma y se lleva sus diamantes. No encuentro más diamantes en el camino. Abro los ojos. Todo esta oscuro. ¿Luci, dónde están tus ojos caleidoscópicos? ¿Dónde derramaste más diamantes?
La pregunta fue ¿Lucy in the sky with diamonds significa LSD? Uds. juzguen.
1 comentario:
Sin duda significa LSD, esta prosa lo confirma...presta.
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