EROS Y TANATHOS
1956
¿Acaso podemos morir dando vida? Hasta hace algunos días no lo sabía, pero…creo que sí. El adiós de Calvino fue majestuoso y certero. Sus palabras llenas de sabiduría me han iluminado respecto a la concepción de la palabra. Cuántos tendremos la posibilidad de despedirnos así…no lo sé. Esos sobres transparentes contenidos de literatura, salieron de la maleta, llegaron a un destino, la edición y divulgación de un trabajo arduo. “Los escritores dicen que escriben para que la gente les quiera más, para la posteridad, para despegar los demonios personales, para criticar el mundo que no gusta, para huir de sus neurosis, etc., etc. Yo escribo por todas estas razones y porque escribiendo puedo ser yo misma.” María Antonia Oliver. Calvino fue tan generoso que me permitió hurgar dentro de sus manuscritos. Imaginar, así como detenerme a meditar en cada detalle y quitarle peso a la estructura del relato y al lenguaje. Desmenuzar los enunciados y retomar su esencia. A no perder de vista que en la vida lo que elegimos y apreciamos por su levedad no tarda en revocar su propio peso. Como la inmensidad del mar donde la posibilidad sonora, emocional y evocación de sensaciones se hace ligera. La turbulencia o lentitud del mar consta de la rapidez de estilo y de pensamiento. Navegar dispuesto a la divagación, a la perdida del hilo y a la certidumbre. De acuerdo con Calvino la redacción de la poesía o la prosa está en búsqueda de una expresión necesaria, única, densa, concisa y memorable. ¿Ir a la tierra prometida? Donde el lenguaje llega a ser lo que realmente debería de ser. “La diferencia entre la palabra acertada y la palabra casi acertada es la que hay entre la luz de un rayo y una luciérnaga” Mark Twain Esto me lleva a pensar en el haikú donde cada palabra está ahí porque es necesaria y no otra.
Alcanzar la sustancia del mundo, la sustancia única, acercarme con discreción, atención y cautela. Pues fue el gancho para seguir leyendo. Durante el viaje (no con mota ¡eh!) a través de la palabra observé la punta del iceberg donde su esencia está en la profundidad del agua. La imagen visual puede ser la punta del iceberg, la que más tarde tendrá vida literaria. Se recreará con personajes, ambientes, época, situación, estilo, entre otros. “Para mí escribir es un viaje, una odisea, un descubrimiento, porque nunca estoy seguro de lo que voy a encontrar” Gabriel Fielding. Tratar de continuar con el timón para darle orden y sentido al desarrollo de una historia. Así como la escritura será lo que guíe la expresión verbal fluida y la imaginación visual se entrelaza. La imagen como origen de conocimiento o como una filiación con el espíritu de la creación. Un proceso de abstracción, condensación e interiorización de la verbalización del pensamiento. Trabajar con los detalles de manera que sus descripciones y divagaciones se vuelvan infinitas. Y obtener una multiplicidad de voces y miradas lectoras. “Una comunicación escrita es como un territorio extenso y desconocido que te contiene a ti, a tu lector/a, tus ideas, tu propósito y todo lo que puedas hacer. Lo primero que debes hacer como escritor/a es explorar este territorio. Tienes que conocer las leyes de la tierra antes de empezar a escribir el texto.” Linda Flower
Esto de empezar a escribir, de enfrentarte a una hoja en blanco, de pasar horas en la computadora sin que la pinché musa te repapalote en las orejas, el bajar de la abstracción la imagen, son horas nalga que se invierten en la búsqueda de aquellas palabras precisas, de darle rumbo a la historia, de revisar y ordenar tus ideas para regresar a cero. Así mismo es el momento de acabar y uno se pregunta, cómo termino el texto para no darle en la madre
“El párrafo es como una mano que coge objetos variados: un puñado de arena, un chorro de agua, un mango, un montón de hojas o tres pelotas de tenis. Adopta formas distintas según los casos, pero siempre tiene un pulgar grande y enérgico que aprieta el objeto contra los dedos. De la misma manera, el párrafo necesita un dedo, una idea clave que dirija el resto de las frases y les dé unidad y sentido.” Louis Timbal-Duclaux
1956
¿Acaso podemos morir dando vida? Hasta hace algunos días no lo sabía, pero…creo que sí. El adiós de Calvino fue majestuoso y certero. Sus palabras llenas de sabiduría me han iluminado respecto a la concepción de la palabra. Cuántos tendremos la posibilidad de despedirnos así…no lo sé. Esos sobres transparentes contenidos de literatura, salieron de la maleta, llegaron a un destino, la edición y divulgación de un trabajo arduo. “Los escritores dicen que escriben para que la gente les quiera más, para la posteridad, para despegar los demonios personales, para criticar el mundo que no gusta, para huir de sus neurosis, etc., etc. Yo escribo por todas estas razones y porque escribiendo puedo ser yo misma.” María Antonia Oliver. Calvino fue tan generoso que me permitió hurgar dentro de sus manuscritos. Imaginar, así como detenerme a meditar en cada detalle y quitarle peso a la estructura del relato y al lenguaje. Desmenuzar los enunciados y retomar su esencia. A no perder de vista que en la vida lo que elegimos y apreciamos por su levedad no tarda en revocar su propio peso. Como la inmensidad del mar donde la posibilidad sonora, emocional y evocación de sensaciones se hace ligera. La turbulencia o lentitud del mar consta de la rapidez de estilo y de pensamiento. Navegar dispuesto a la divagación, a la perdida del hilo y a la certidumbre. De acuerdo con Calvino la redacción de la poesía o la prosa está en búsqueda de una expresión necesaria, única, densa, concisa y memorable. ¿Ir a la tierra prometida? Donde el lenguaje llega a ser lo que realmente debería de ser. “La diferencia entre la palabra acertada y la palabra casi acertada es la que hay entre la luz de un rayo y una luciérnaga” Mark Twain Esto me lleva a pensar en el haikú donde cada palabra está ahí porque es necesaria y no otra.
Alcanzar la sustancia del mundo, la sustancia única, acercarme con discreción, atención y cautela. Pues fue el gancho para seguir leyendo. Durante el viaje (no con mota ¡eh!) a través de la palabra observé la punta del iceberg donde su esencia está en la profundidad del agua. La imagen visual puede ser la punta del iceberg, la que más tarde tendrá vida literaria. Se recreará con personajes, ambientes, época, situación, estilo, entre otros. “Para mí escribir es un viaje, una odisea, un descubrimiento, porque nunca estoy seguro de lo que voy a encontrar” Gabriel Fielding. Tratar de continuar con el timón para darle orden y sentido al desarrollo de una historia. Así como la escritura será lo que guíe la expresión verbal fluida y la imaginación visual se entrelaza. La imagen como origen de conocimiento o como una filiación con el espíritu de la creación. Un proceso de abstracción, condensación e interiorización de la verbalización del pensamiento. Trabajar con los detalles de manera que sus descripciones y divagaciones se vuelvan infinitas. Y obtener una multiplicidad de voces y miradas lectoras. “Una comunicación escrita es como un territorio extenso y desconocido que te contiene a ti, a tu lector/a, tus ideas, tu propósito y todo lo que puedas hacer. Lo primero que debes hacer como escritor/a es explorar este territorio. Tienes que conocer las leyes de la tierra antes de empezar a escribir el texto.” Linda Flower
Esto de empezar a escribir, de enfrentarte a una hoja en blanco, de pasar horas en la computadora sin que la pinché musa te repapalote en las orejas, el bajar de la abstracción la imagen, son horas nalga que se invierten en la búsqueda de aquellas palabras precisas, de darle rumbo a la historia, de revisar y ordenar tus ideas para regresar a cero. Así mismo es el momento de acabar y uno se pregunta, cómo termino el texto para no darle en la madre
“El párrafo es como una mano que coge objetos variados: un puñado de arena, un chorro de agua, un mango, un montón de hojas o tres pelotas de tenis. Adopta formas distintas según los casos, pero siempre tiene un pulgar grande y enérgico que aprieta el objeto contra los dedos. De la misma manera, el párrafo necesita un dedo, una idea clave que dirija el resto de las frases y les dé unidad y sentido.” Louis Timbal-Duclaux
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