Para el ciclo de conferencias que daría en Harvard, Calvino preparó cinco características que le agradaban de la narrativa presente y pasada, y que le gustaría ver en la futura, a saber: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad. ¿Por qué se llama el libro seis propuestas? El libro se divide en cinco capítulos, pero según Esther Calvino, el tema le daba para ocho (al menos) y cada una de las que él mismo propone se bifurca. Así que propone doce (¿dieciséis con las dos que no terminó?).
Y es que los temas dan para mucho qué comentar. La levedad la entiende Calvino como una liberación de la escritura, como una capacidad de transformar las cosas comunes en maravillosas a través de las palabras. De ahí la mención de la Medusa y la metamorfosis de las algas en coral, el salto prodigioso de Cavalcanti y el cuento del cubo de Kafka. Claro, que así enumerados parece más una aventura del País de las Maravillas (por lo absurdo) que una propuesta lteraria. Lo que tienen en común estos relatos es que a través de la escritura, los obstáculos son vencidos para transformarlos o transformarse a sí mismos en otra cosa. En el caso de la Medusa, ella, un monstruo fatídico y cruel, se convierte en el origen del coral, cuando las sirenas le acercan algas; Cavalcanti escapa de quienes le molestan haciendo un juego de palabras entre el lugar que se encuentra (un cementerio) y sus perseguidores ("podéis mandarme en vuestra casa"; lo terreno vs. lo celestial del pensamiento del escritor); Kafka hace escapar de su realidad al personaje haciéndolo flotar al mecer el cubo en la mano. ¿Pero hasta dónde es posible llevar la levedad? Decía Locke que la fantasía surge de dos realidades inconexas, pero realidades al fin. Una sirena es una combinación de una mujer y un pez; un unicornio, de un caballo y un toro o un rinoceronte; un grifo, de un caballo y un águila. Si seguimos su teoría, Mickey Mouse es una mezcla de un ratón y un hombre; los dioses, de un elemento o atributo natural y un humano (Yahvé es un súper-humano con una ira máxima).
La rapidez puede verse de dos formas: la economía y el tiempo narrativo. A Calvino no le parece adecuado detenerse demasiado en la descripción de un paisaje, por ejemplo, en la leyenda de Carlomagno, o bien, en un solo pasaje. Calvino critica especialmente una versión que se detiene demasiado en la experiencia necrofílica del emperador, pero pasa casi por alto la experiencia homosexual. A mi parecer, en ese episodio influye el tiempo desde el que se escribe el relato: la homosexualidad es aún hoy un tema polémico, pero si hoy es sólo un tema conflictivo, en tiempos de la contrarreforma era simplemente imposible hablar de él (so pena de ahorcamiento por fornicación o por escribir cosas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia). En el tiempo que criticia, preocupaba más la herejía, había otros temas tabú. Quizá hoy sería posible hacer una novela sobre la leyenda, dando los tiempos adecuados a cada episodio (el enamoramiento de la muchacha, su cadáver, el obispo Turpín, el lago Constanza), o aún, darle más peso al episodio homosexual que a los primeros dos y el último. Todo depende desde dónde se escribe y cómo, siempre y cuando no se haga una narración cansada, que no aporta nada ni al relato ni al lector.
La exactitud viene acompañada de una alta dosis de inexactitud. Esto es porque los lenguajes no pueden ser exactos (en el plano de los numeros no reales, ni siquiera las matemáticas son exactas). Si yo digo "manzana", cada persona tendrá una imagen distinta de la manzana (más grande, más pequeña, más roja, amarilla, verde); en esencia, seguirá siendo una manzana, pero tendrá características especiales y definitivas dependiendo de cada individuo. Desde ahí el lenguaje ya es completamente inexacto; y la labor del escritor consiste en escoger las palabras adecuadas que guíen al lector a través de esas inexactitudes para llegar a la idea general de lo que está leyendo. Así como al mentar la manzana , cada individuo tendrá una serie de lineamientos para imaginarla, así el poeta debe escoger lo que dice para hacer ver y sentir al lector lo que él quiere. Decía Huidobro que no había que mencionar la rosa, sino hacerla florecer en el poema; ¿qué se puede mencionar de una rosa para que el lector la tenga en las manos en lugar del libro donde lee el poema? ¿empezar por su olor, por la textura de cada pétalo? ¿o por las espinas, diminutas e invisibles, pero cortantes, capaces de dar a luz a otra rosa más roja, más viva, más cálida, más envidiable por nacer del dedo de una dama?
La visibilidad es un tema que preocupa definitivamente a Calvino. Él remite a tiempos cuando no existían medios masivos de la imagen, como el siglo de Dante, pero podemos ir aún más atrás, a la Ilíada y la formación del escudo de Aquiles. ¿Cómo explicar que en tiempos de los griegos pre-helénicos, alguien, o un grupo de personas, imaginó toda una secuencia cinematográfica completa para el momento en que Hefesto forja y adorna el escudo? Porque no es sólo fundir un par de metales y golpearlos en la hornalla más caliente de todos los mundos; es narrar cómo, en una imagen del campo, el herero de Zeus observa cómo unas jóvenes núbiles cortan las uvas, las llevan entre cantos y isas al pueblo para pisotearlas y convertirlas en el vino consagrado de la próxima Dionisiaca, donde, al menos una de ellas, se convertirá en bacante. Y así con ada una de las doce imágenes que imprime. Es imposible reproducirlo en una imagen fija, porque cada una forma una secuencia en la mente de Hefesto; cada círculo debería moverse en un círculo eternamente repetido, a la manera de Nietszche, y esto es lo que precupa a Cavino: ¿cómo superarlos, si ya nuestro tiempo está sobresaturado de imágenes prefabricadas? En lo personal, no me preocuparía. Las imágenes en tiempo de Dante, y en el Homero, también estaban prefabricadas y sobredeterminadas por sus culturas. Beatrice es la típica dama angelada de la poesía de sus antecesores (rubia, blanca como la nieve, con cejas como arcos que disparan las flechas de amor); Hefesto había sido representado siempre como un dios horrendo (jorobado, viejo, cojo y con la maldición de tener a Afrodita como esposa). La imagen no importa tanto como fotografía, sino por su uso: en un largometraje moderno basado en la Divina Comedia, Beatrice ya no es dama angelada: es una mujer cuarentona, ya con arrugas en el rostro, morena, de cabello oscuro. ¡Ah! Y es la esposa del protagonista (a diferencia de Beatrice, que es un amor platónico).
Finalmente, la multiplicidad se refiere al universo infinito de la literatura y el saber humano. Nunca un suceso es producto de una sola causa, y aún si lo es, ésta se habrá repetido al infinito. Un linchamiento no ocurre porque un tipo violó y mató a una niña de dos años; ocurre porque a) ya ha pasado varias veces y/o b) las autoridades no han resuelto el caso. Además, para narrar el suceso, hay que conocer a fondo esas causas: ¿por qué la policía no ha aprehendido al violador? o si lo hizo, ¿por qué está libre? ¿por qué él repite su crimen? Si estuvo preso y escapó de manera espectacular (en un helicóptero), no resultaría creíble que volviera a la colonia marginada donde lo apresaron y que luego el pueblo lo linchara (si ya tuvo la ayuda de un helicóptero, tiene dinero y poder suficientes como para que lo protejan y las víctimas lleguen por entrega a domicilio). En todo caso, la multiplicidad se relaciona también con la verosimilitud y la veracidad. No es posible calentar el agua metiéndose a un balde de agua fría y correr en ella, pero para Bouvard y Pécuchet es creíble en tanto posibilidad de la energía cinética, y tienen que comprobarlo de primera mano para ver si es veraz o no (al menos en su universo).
A todo esto, yo añadiría una sexta que Calvino apenas dibuja en su capítulo sobre la exactitud, y que puede aplicarse al resto de las propuestas: el equilibrio. El balance no es privativo del lenguaje y sus operaciones psicológicas; debe imperar en todo, inclusive en las exageraciones. Un descripción exhaustiva de la enfermedad de un ser humano puede convertirse en propuesta, si la intención es hacer sentir enfermo al lector a través de esa lectura y no porque el texto sea malo; los microrelatos proponen un nivel de abstracción y reflexión más alto con la menor cantidad de palabras posibles; como las buenas películas, un buen libro tendrá igual cantidad de imágenes memorables como temas de fondo, reflexiones o historias. De nada sirve un libro de poesías cargado de imágenes indescifrables si éstas no se ligan a un concepto o a una sensación a provocar (el Primero Sueño se liga a eso: la posibilidad de ensoñar y razonar fuera del cuerpo a través de imágenes conceptuales difíciles para nuestro tiempo).
Entonces, ¿cuántas propuestas son al fin? Y, más importante, ¿las cumple Calvino en sus obras como siguiendo un esquema, o, como todo buen escritor, toma lo que le conviene y lo que no lo deja para después o lo bota?
1999. Cynthia N. Sánchez
martes, 2 de septiembre de 2008
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